04 Perspectivas sobre una violación en la antigüedad (el caso de Betsabé) – Parte 2

header_el_fruto_prohibido

En la primera parte de esta columna, vimos de qué manera un texto que versa sobre las relaciones de poder, se intentó pasar por un texto de moralina victoriana. En esta segunda parte ahondaremos sobre las relaciones de poder, las relaciones entre géneros y el contexto cultural en el que se narró la historia.

El cuerpo desnudo de una mujer que se bañaba y no pertenecía a su harén, confronta a David con el hecho de que no puede tenerlo todo. Puede tener muchas mujeres ganadas en botines, pero a aquella que se está bañando, no la puede tener. El cuerpo desnudo de una mujer que no es suya, que no está pendiente de su mirada, sino bañándose, desafía a David.

Hay que recordar que las condiciones de privacidad de ese entonces, eran muy diferentes a las actuales. El texto, especifica que David la ve desde el terrado. Tratemos de imaginar las condiciones de vida de la época. Casi nadie tenía baños instalados dentro de la casa. Por lo tanto, el uso del agua se hace en el exterior.

Pensemos en una especie de biombo hecho con telas o cueros. No es descabellado pensar que a Betsabé no la podían ver quienes estaban a su misma altura, pero sí alguien que mirara desde arriba. Probablemente el disfrute de David, tenga que ver al mismo tiempo con esta posición “desde arriba”, desde donde miraba a la mujer. Pensemos en un biombo cerrado en un patio de una casa. El único que podría ver eso, sería alguien que mire desde arriba, no desde la paridad. Es una metáfora de la posición masculina en la sociedad occidental “desde arriba”. Vaya metáfora…

Habiendo convivido durante toda mi vida con personas religiosas, debo decir que no me sorprende los sesgos machistas bajo los cuales se intenta interpretar. Las lógicas de la propiedad privada, el dominio, el control y el avasallamiento de las voluntades, son pan de cada día en las comunidades religiosas.

Pastores que violan las voluntades con llamados manipuladores, evaluaciones a los pastores mediante cuánto han podido aumentar las propiedades privadas de la iglesia: los miembros. Las personas siguen usándose, convirtiéndose en objetos de propiedad ajena en las comunidades religiosas.

¿Y qué en cuanto a las mujeres? Relegadas a un papel secundario, como Betsabé. Sin ser escuchadas por quienes tienen el poder, como Betsabé.

Así, las lógicas de la violación, del tratar al otro como a un objeto, se reproducen por todos lados. No es casual que miles no puedan ver el sufrimiento de Betsabé. Las mujeres somos seres peligrosos para las comunidades religiosas. Nuestra capacidad de regirnos en lógicas cualitativas, afectivas (como también cuantitativas y racionales), nuestra capacidad de vincularnos, amenazan las lógicas de asimetrías, mandatos supuestamente racionales, y números fríos.

Y Betsabé es una amenaza para David. Su matrimonio de clase plebeya lo es. El que Betsabé tenga voz y palabra, el hecho de que, siendo hermosa, esté casada con alguien que no es de la nobleza, amenaza las lógicas de poder del reino: lo mejor para el rey.

Violando a Betsabé, David intenta poseer algo que sólo quienes aman de manera simétrica pueden. Quienes no están atados a las riquezas pueden elegir con más libertad que aquellos que necesitan cuidar sus bienes. Sólo en la paridad económica se puede desear, de lo contrario el deseo se transforma en necesidad.

El deseo es un lujo de los pobres. Algo que los matrimonios arreglados, las concubinas y su enorme palacio no pueden darle.

No sabemos hasta qué punto Betsabé eligió a su marido de manera libre. El margen de decisión, parece haber sido bastante más estrecho en aquel entonces. Pero seguramente, es mucho más probable que en un contexto de menos asimetría se pudiese desarrollar una relación más afectuosa. De hecho, el posterior discurso del profeta Natán, pareciera así demostrarlo.

Tiempo después de lo ocurrido Natán confronta a David con los hechos usando el recurso literario de la parábola.

Por lo tanto, el Señor envió al profeta Natán para que le contara a David la siguiente historia: —Había dos hombres en cierta ciudad; uno era rico y el otro, pobre. El hombre rico poseía muchas ovejas, y ganado en cantidad. El pobre no tenía nada, solo una pequeña oveja que había comprado. Él crió esa ovejita, la cual creció junto con sus hijos. La ovejita comía del mismo plato del dueño y bebía de su vaso, y él la acunaba como a una hija. Cierto día llegó una visita a la casa del hombre rico. Pero en lugar de matar un animal de su propio rebaño o de su propia manada, tomó la ovejita del hombre pobre, la mató y la preparó para su invitado.

Entonces David se puso furioso.

—¡Tan cierto como que el Señor vive —juró—, cualquier hombre que haga semejante cosa merece la muerte! Debe reparar el daño dándole al hombre pobre cuatro ovejas por la que le robó y por no haber tenido compasión.

Entonces Natán le dijo a David:

—¡Tú eres ese hombre! El Señor, Dios de Israel, dice: “Yo te ungí rey de Israel y te libré del poder de Saúl. Te di la casa de tu amo, sus esposas y los reinos de Israel y Judá. Y si eso no hubiera sido suficiente, te habría dado más, mucho más.  ¿Por qué, entonces, despreciaste la palabra del Señor e hiciste este acto tan horrible? Pues mataste a Urías el hitita con la espada de los amonitas y le robaste a su esposa. De ahora en adelante, tu familia vivirá por la espada porque me has despreciado al tomar a la esposa de Urías para que sea tu mujer”.

Esto dice el Señor: “Por lo que has hecho, haré que tu propia familia se rebele en tu contra. Ante tus propios ojos, daré tus mujeres a otro hombre, y él se acostará con ellas a la vista de todos. Tú lo hiciste en secreto, pero yo haré que esto suceda abiertamente a la vista de todo Israel”.

Entonces David confesó a Natán:

—He pecado contra el Señor.

Natán respondió:

—Sí, pero el Señor te ha perdonado, y no morirás por este pecado. Sin embargo, como has mostrado un total desprecio por la palabra del Señor con lo que hiciste, tu hijo morirá.

Después que Natán regresó a su casa, el Señor le envió una enfermedad mortal al hijo que David tuvo con la esposa de Urías. Así que David le suplicó a Dios que perdonara la vida de su hijo, y no comió, y estuvo toda la noche tirado en el suelo. Entonces los ancianos de su casa le rogaban que se levantara y comiera con ellos, pero él se negó.

Finalmente, al séptimo día, el niño murió. Los consejeros de David tenían temor de decírselo. «No escuchaba razones cuando el niño estaba enfermo —se decían—, ¿qué locura hará cuando le digamos que el niño murió?».

Cuando David vio que susurraban entre sí, se dio cuenta de lo que había pasado.

—¿Murió el niño? —preguntó.

—Sí —le contestaron—, ya murió.

De inmediato David se levantó del suelo, se lavó, se puso lociones y se cambió de ropa. Luego fue al tabernáculo a adorar al Señor y después volvió al palacio donde le sirvieron comida y comió.

Sus consejeros estaban asombrados.

—No lo entendemos —le dijeron—. Mientras el niño aún vivía, lloraba y rehusaba comer. Pero ahora que el niño ha muerto, usted terminó el duelo y de nuevo está comiendo.

—Ayuné y lloré —respondió David— mientras el niño vivía porque me dije: “Tal vez el Señor sea compasivo conmigo y permita que el niño viva”. Pero ¿qué motivo tengo para ayunar ahora que ha muerto? ¿Puedo traerlo de nuevo a la vida? Un día yo iré a él, pero él no puede regresar a mí.

Luego David consoló a Betsabé, su esposa, y se acostó con ella. Entonces ella quedó embarazada y dio a luz un hijo, y David lo llamó Salomón. El Señor amó al niño y mandó decir por medio del profeta Natán que deberían llamarlo Jedidías (que significa «amado del Señor») como el Señor había ordenado. (2 Samuel 12)

Natán, habla de una relación amorosa entre una oveja y un pastor. Si bien sigue habiendo asimetría, pareciera una relación de cuidado más tierna. Es interesante que el profeta interprete la historia mejor que nosotros. Una oveja como mascota, no es lo mismo que una cordera asada.

Para David, Betsabé era una más de sus propiedades, algo usable, manejable a su antojo.

Para Urías, su esposo, era un ser digno de cuidado y afecto.

He visto muchos matrimonios entre la gente religiosa que se parecen más a la primera relación de David con Betsabé que a la de Urías con Betsabé. Denostando sus opiniones, tratando a la mujer de cosa, peyorizándola, estereotipándola a un ser irracional sin ideas ni decisión.

Siguiendo con la historia, Betsabé queda embarazada. Cuando se lo hace saber a David, el rey intenta engañar al pueblo. Intenta que Urías duerma con ella para disimular su violación. No lo logra. Decide que Urías sigue siendo su vasallo por lo tanto tiene derecho a matarlo. Pide que lo conviertan en carne de cañón y lo dejen solo en la batalla. Es muerto de la manera más vil y cobarde.

Es curioso, que el hijo de David y Betsabé muera. Pensemos en esto: Betsabé es una mujer que ha sido violada, cuyo marido ha sido asesinado y que se encuentra sola ante un rey con todos los privilegios. Probablemente Betsabé no quiere ese hijo. Si bien puede asegurar su manutención en el futuro, es el recordatorio de una historia de dolor profundo. El estrés crea un medio ácido en el útero que puede traer tanto abortos espontáneos como malformaciones en el feto.

Pero, aunque nos cueste creerlo, el “castigo de Dios” para David, puede haber sido misericordia para Betsabé. No tendría que ver una y otra vez al recordatorio de su vejación, de su dolor y de la pérdida de su esposo. Debieran recordarlo, quienes acusan a las mujeres que luego de ser violadas interrumpen su embarazo. Los hijos debieran concebirse en libertad y afecto, aparentemente, para la cosmovisión del relato.

Luego de la muerte del hijo de una violación, se relata un acto de intimidad emocional, de consuelo de David para Betsabé. Seguía habiendo asimetría, poderes desiguales, pero la actitud de David es más humana.

Confieso a mi corazón y mi cabeza del siglo XXI le cuesta entender cómo Betsabé puede haber estado relajada con alguien que la había violado y matado a su esposo. Pero David era el rey. Podría haberla tratado nuevamente con brusquedad, rudeza y violencia. Sin embargo, la trata con ternura. De allí, nace un hijo que es llamado “amado de Dios”. El contexto claramente plantea la concepción alrededor de la intimidad emocional y la ternura.

 

Sobre los efectos de la Impunidad en una comunidad

La comentarista bíblica Ellen Gould Harmon, especifica que estas acciones de David tuvieron un efecto directo en las desgracias acontecidas en su familia tiempo después.

Su hijo Amnón se “enamora” perdidamente de Tamar, su hija con otra mujer. Al lector de estos tiempos puede parecerle una historia escabrosa por el parentesco, sin embargo, para la época no se trata de un acto incestuoso.

Las familias reales egipcias, con frecuencia casaban a los hermanos. De hecho, el poemario “Cantar de los Cantares”, de Salomón, menciona repetidamente a la amada como “hermana mía”. Al parecer tanto los libros de Eclesiastés como Cantares son libros de fuerte influencia egipcia.

Luego de estas aclaraciones, continuamos. Tenemos el relato de dos hijos de David, Amnón y Tamar. Amnón se enamora de Tamar e intenta urdir una trampa para poseerla a la fuerza. Tamar es violada por Amnón.

En un drama digno de tragedia griega, Absalón, hermano de Tamar, decide matar a Amnón, y lo logra dos años después del acontecimiento.

La comentarista ya citada, menciona que la conciencia culpable de David, fue la que le impidió en su momento poner límites a sus hijos, ya que sus errores le pesaban.

Ahora bien, esto para mí, confirma que lo que pasó con Betsabé se trató de una violación.

¿Por qué? Porque en la historia de esta familia, lo que se pierde es la compasión por el otro. La identificación empática.

Este clima de violencia y dominación, es el mejor caldo de cultivo para que los príncipes no aprendan a estar enamorados. El enamoramiento tiene que ver con la vulnerabilidad, con sentirse poco, con idealizar al otro. Los príncipes han sido entrenados durante toda su vida a menospreciar dichos sentimientos. A que las mujeres que les gustan deban caerles mal, en el fondo. Sólo necesitan poseerlas.

El contexto de impunidad que genera la violación de David a Betsabé, sin que haya consecuencias visibles para el rey, torna más probable que los actos se repitan. En donde el enamoramiento es combatido con violación y odio. Los príncipes no pueden enamorarse, porque no saben sostener la vulnerabilidad. Entonces, en lugar de disfrutar el romance, deciden dominar, someter, violar.

A esto se refiere la autora, a mi entender, ya que tiene mucha más lógica que si se tratase de un mero acto ilícito de dos adultos libres. Al fin y al cabo, David podía pedir en matrimonio o concubinato a la mujer que deseara. Pero en su lugar, decidió someter a alguien contra su voluntad. Las familias reales someten. No saben vivir el enamoramiento, porque no pueden soportar que algo les falte (Lacan).

 

Sobre el aprendizaje de la vulnerabilidad

Las historias citadas anteriormente son paradigmáticas a las relaciones entre varones, mujeres, sistemas socioeconómicos y poder político. Nuestro desafío es intentar aprender a vincularnos con el otro desde la paridad, el afecto y la vulnerabilidad.

Todo lo demás, corre riesgo de terminar en lógicas violatorias.

 

Ivka Itzak

Facebook Comments