02 Sobre úteros cerrados y castraciones (Parte 2)

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En la entrega anterior, pudimos ver al Tanaj como un mensaje en contra de la acumulación, el exitismo y el dominio de la propiedad. El Tanaj, o Antiguo Testamento, constituye una refrenda al afán de éxito.

Mucho se ha hablado acerca del antiguo y el nuevo pacto. En el imaginario occidental cristiano, existen dos “Dioses”, el Dios duro y vengativo del AT y el Dios tierno y cariñoso en Jesús.

Ahora bien, ¿es justificable una división tal? A la luz de lo desarrollado en el capítulo anterior, ¿hay una diferencia tangible entre estas enseñanzas de quietud, desierto, generosidad, intimidad y compartir comunitario (la falta, diría Lacan) versus éxito material, compulsivo, garantías concretas y adoración concreta? Pues el mensaje de los seguidores de Jesús es aún mucho más directo en este sentido, que el de los poetas hebreos precristianos.

 

Declaraciones de Guerra

Cuando uno empieza a leer los relatos de los seguidores de Jesús, a los que llamamos Evangelios, nota enseguida una tensión en cuanto al poder.

Ah… la tierna historia de la Navidad que nos recuerda que el 25 de diciembre es el “cumpleaños” (por si alguno aún no se entera, Jesús nació en otra fecha, pero no es el punto) de Papá Noel… ¿o Jesús? Bueno, casi a nadie le importa eso, ¿o sí?

Pues no, señor. Los relatos bíblicos como siempre son en realidad mucho más interesantes, conflictivos y dinámicos de lo que la mente occidental cristiana logra ver. Nada de románticas visiones de un Jesusito lánguido y pasivo como muchas veces se pretende pintar.  Acá hay vísceras, sudor humano y animal, partos, muertes, poderes políticos opresores, revueltas libertarias.

Tomemos, por ejemplo, el principio de Mateo. Comienza con una larga genealogía… parece aburrido para nosotros. Pero este paria, cobrador de impuestos materialista se encuentra imaginariamente con la religión establecida, con el clero corrupto. Los primeros capítulos se dedican a establecer cómo Jesús había cumplido con exactitud con las profecías. Entrevistemos a Mateo para conocer sus razones

—¿Por qué, Mateo, nos aburres con esta perorata de la genealogía?

—Mira, no sé cómo son las cosas en el siglo XXI, pero acá hay gente a la que expulsan de las sinagogas por ser seguidores de Jesús… Estos tipos son los mismos que me señalaban con el dedo cuando era recaudador, pero ellos eran tan avaros como yo. Por lo menos yo no metía a Dios en mis ambiciones. La gente necesita saber que ellos no tienen la razón, necesito demostrar con el Tanaj que las profecías lo señalan. Y si luego ves mi evangelio, a cada cosa que hace Jesús, hay una respuesta de la religión oficial en contra de él. Jesús interesado en los corazones rotos, los cuerpos enfermos, los espíritus quebrantados y las familias con hambre. Y ellos criticando por detrás por envidia y temor.  Necesito desenmascarar a estos tipos.

Mateo nos ha tapado la boca.

Tomemos ahora al Dr. Lucas (no es el de Chespirito, ese era Licenciado).

El relato comienza con una declaración de guerra a la religión establecida. Un miembro del clero, muy observador de las reglas —revisen, eso dice— (Zacarías), que rehúsa creer a una manifestación sobrenatural. Queda mudo.

El relato lo contrasta con una adolescente mujer (por lo tanto, con muy poca formación religiosa, los judíos de esa época decían que enseñar la Torá a la mujer era como tirar perlas a los cerdos). Quien sería luego la madre del Mesías, una jovencita, que en pocos meses será acusada de adúltera y correrá riesgo de ser apedreada, acepta sin chistar. Viejos formalistas versus jóvenes revolucionarios… Debo decir que me encanta como empieza Lucas.

 

“Fracasados, ex convictos, marginales, descarriados…”

Bien, prosigamos en forma más bien general con lo que sabemos acerca de la historia de Jesús en la suma de todos los evangelios. Desde el principio, tenemos un rey loco que decide matar a los niños menores de dos años por considerarlos una amenaza política.

Luego tenemos un pueblo oprimido, desesperado por conseguir la liberación de Roma. Ellos esperan un nuevo rey David (ignorando que los reyes suelen explotar gente y oprimir, quedarse con lo mejor de las cosechas, al igual que Roma lo hace).

Ahora bien, en medio de todo eso, aparece un loco, vestido con piel de camello que deambula entre el desierto y la orilla verde del Jordán. Justo cuando los judíos esperan a alguien con toda la pompa, aparece un lunático revolucionario para espetarles a todos sus pecados en la cara. Me encanta.

Como si esto fuera poco, pide que quienes eran judíos, se sumerjan en un baño ritual purificador, como hacían los gentiles que querían convertirse al judaísmo. De hecho, esta práctica se mantiene hasta hoy. Si no me creen, miren el capítulo de “Sex and the City”, donde Charlotte se convierte al judaísmo para no causar problemas a su esposo (qué serie más machista).

Este tío se las trae. Uno pensaría, bueno… será recompensado en algún momento como José. Tendrá pompa y honor, en algún momento, luego de una historia tan sacrificada. Pues no, muere decapitado por el capricho de una princesa promiscua. Desierto, castración, muerte. Cosas que salen mal. Parece la letra de un tango, si me preguntan. Juan nunca “la tuvo grande”. Pero según Jesús “fue el más grande”.

Por otro lado, tenemos a Jesús, unos dicen que es un milagrero, otros dicen que es un intelectual comprometido con el bienestar comunitario. Jesús es las dos, obra con poderes sobrenaturales, pero nunca para hacer shows, siempre para bien del otro. Inclusive, muchas veces pide que los sanados no digan nada, no se trata de eso. No se trata de favores, necesariamente.

El mundo protestante está plagado de quienes hacen de las curaciones milagrosas un show. Fortunas invertidas por la gente para obtener los milagros que desean. Y los pastores receptores de estas fortunas… “Ah…Dios dijo que me iba a poner por cabeza y no por cola, Aleluya”.

No me interesa debatir si los milagros que hacen esos pastores son de Dios o no, y si son reales o no. No tengo ganas, no es el punto. Mi punto es: Jesús nunca hizo milagros para demostrar nada. De hecho, en el relato los fariseos insisten una y otra vez: “danos una señal y nos basta”. Jesús no usa los milagros para ejercer poder y mostrar que es grande. Que tiene más poder y más unción que todos. A Jesús no le interesa tenerla más grande que nadie. Siempre que hizo milagros, fue para ayudar a otros.

 

“Vivir enamorado…eso es vivir, señor”

Y eso es lo mismo que salta a la vista, a lo largo de los cuatro evangelios, al igual que en el Tanaj.

Jesús dice: “¿No es la vida mucho más que comer, vestirse y beber?”, “¿De qué le serviría a un hombre tener todo el mundo si se pierde a sí mismo?”. Jesús, al igual que el Dios del Tanaj, intenta llamar la atención sobre las cosas abstractas de la vida. Abstractas o… ¿”espirituales”?

“Mejor comida de legumbres donde hay paz, que de buey engordado donde hay odio”, recita proverbios. Y Jesús responde: ¡Claro! Busquen cosas más elevadas que vivir como animales. Al fin y al cabo, la materialidad nos animaliza un poco.

“Busquen las cosas del cielo, y no las de la tierra”, no tiene que ver necesariamente con encerrarse en una iglesia, como intentan hacernos creer algunos. Jesús le está hablando a un público que quiere materialidad, dinero, orgullo nacional. El falo, ser grandes. Jesús viene a hablar de cosas más interesantes: amor, fiesta (y mucha), paz, no-violencia, salud, perdón, generosidad.

Luego de conversar con la samaritana, está tan feliz de haber quebrado una barrera impuesta por siglos, de haber hablado con una mujer y haber incomodado a los discípulos, que dice: “esto es mejor que comer, esta comida ustedes no la conocen”. Cuando se está enamorado uno se olvida hasta de comer. Y Jesús está enamorado de la gente. Habla de sí mismo como “el novio”, siendo que no tiene ninguna novia.

Lacan diría que el amor, feminiza. Nos hace dejar de buscar la grandeza, para disfrutar de la humildad. “El enamorado siempre es humilde”, diría Freud. A Jesús no le importa quién la tiene más grande. De hecho, dice, literalmente: “Aquel que quiera ser grande en el Reino de los cielos, debe ser un servidor”.

Es decir… yo no me muevo en la lógica de la grandeza, eso no es lo importante. Los reyes gobiernan por la violencia, entre ustedes no debe ser así, deben ser reconocidos por el amor, no por la grandeza. “En esto conocerán que son mis discípulos, que os améis los unos a los otros”. “No acumulen riquezas, vendan lo que tienen y denlo a los pobres” (ay estos comunistas que quieren vivir sin trabajar).

La Biblia toda, es maravillosa vista desde esta perspectiva. Enamorados, sigamos leyéndola enamorados.

 

Ivka Itzak

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