Capítulo especial: Virginidad matrimonial

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Quisiera escribir algunas pocas líneas para aquellos que han tenido alguna complicación con la manera de comprender lo que es el matrimonio en el mundo evangélico, con este mito de la virginidad hasta el matrimonio. Hay muchas ideas un tanto erradas que me propondré iluminar, al menos desde el más sincero deseo y desde algunas experiencias propias y de conocidos muy cercanos. Nos propondremos profundizar sobre ese misticismo que envuelve al matrimonio evangélico.

Como sabemos, el discurso dominante en el ámbito evangélico es el de mantenerse purosvírgenes y sin manchas hasta el día del casamiento, día que separará entre un antes y un después la actividad sexual del creyente, es cuando la doncella pasa a ser dama y el doncello damo. Es el cenit del amor evangélico.

Es un tema complejo porque todo lo que gira en torno al matrimonio es sumamente subjetivo y no dejan de ser subjetivas las miradas interpretativas que de las Escrituras se tienen, haciendo decir lo que ella no dice. Es así que las raíces de la doctrina evangélica del matrimonio virgen están plantadas en interpretaciones que de la Biblia se hagan. Pero la Biblia fue escrita hace más de veinte siglos, en culturas tradicionales primitivas muy distanciadas de la nuestra.

Aunque también podríamos contextualizar al matrimonio dentro del marco histórico donde cobra mayor peso, la modernidad, trataremos de enfocarnos solamente en el mundo evangélico, haciendo un realce de lo que ellos comprenden por virginidad hasta el matrimonio, idea dada por Dios desde antes de la fundación del mundo, según evangeliword.

Matrimonio, analogía que viene a traernos a la memoria la relación iglesia-Dios, iglesia como doncella y Dios como el caballero que la toma de la mano para un día festejar la gran boda. Pero no nos perderemos en los caminos multiformes y camaleónicos (cambia de color según la ocasión) de la teología para analizar esta analogía, como hemos dicho, solamente trataremos al matrimonio en la realidad de nuestros días, en las experiencias vividas por el creyente hoy y en el enfoque que el evangélico le da en la actualidad.

De chico escuchaba en los pasillos de la iglesia decir cosas tales como;

 

– No sabes, el Claudio con la Martha cayeron en fornicación, o…

 

– Ya no podrá ministrar más Fernando, eligió la lujuria antes que cantarle al Señor ante las ovejas, y…

 

– Esa panza de la hija de la Norma no es de sándwiches de miga, ahí adentro hay pecado, fornicación y hedonismo.

 

Si, es asombroso, triste y escolástico, pero hay personas que aun en nuestras filas de la iglesia siguen pensando de manera recalcitrante.

No es que no haya que respetar las cosas de la institución eclesiástica, las normas y a Dios, pero cuando esto se impone por sobre lo humano, sobre aquello más terrenal, quitando nuestra mirada de ahí y poniéndola en lo espiritualmente correcto, tenemos un gran problema de interpretación con las bondadosas y misericordiosas enseñanzas de Jesús, y una deuda con nuestros jóvenes por mezclar a Dios con una idea añeja y querer hacerlos vivir de acuerdo a eso.

 

Vamos por pasos, hay muchas parejas que se enamoran, se aman, se toman de la mano, se besan y quieren expresar su más sincero cariño de las maneras más naturales, pero viene una reglamentación y dice que es lo correcto y que no a la hora de expresar amor, es entonces cuando los problemas empiezan a ocurrir. Los jóvenes se van de las iglesias, los líderes refuerzan más su ortodoxia y Jesús sigue ahí, solitario escribiendo el suelo, esperando a ver quien tira la primera piedra.

Muchos amigos y conocidos se han sentido expulsados de sus comunidades religiosas, ellas, las mujeres, por la culpa de llevar en sus entrañas el fruto de un amor pasajero, o no, y el varón por el orgullo de no volver a un lugar en el que lo juzgan. ¿Es esta una congregación que mira por la condición humana, la tolera y la ama como es, o una congregación que impone una teoría teointolerante para ser una organización iluminati y una élite moral de unos pocos?

Entiendo que uno de los mayores problemas que los adolescentes y jóvenes enfrentan es sobre la sexualidad, el matrimonio virgen y Dios, de cómo congeniar estas variables sin ser vistos de manera discriminada en el mundo evangélico, los líderes y amigos. A eso vamos.

El eje de todo este conflicto emocional en el evangélico joven pasa por algunas ideas no bíblicas como la de mantenerse virgen hasta el matrimonio, por argumentos que pasean por todos lados menos por lo elemental, ideas que ni rozan la tolerancia de la expresión de amor entre seres que se aman.

Algunos dicen que el mandato de Dios es la virginidad para mantenerse puros y sin mancha, otros que es peligroso tener sexo antes del matrimonio por las enfermedades de transmisión sexual, otros porque luego de “hacer el amor” el hombre abandonará a la mujer, porque el hombre solo busca eso, sexo, y un sin fin de etc. más que ahora prefiero no recordar. Pará, si, esta la quiero dejar asentada: “si podés esperar hasta el matrimonio es porque amas a la otra persona de verdad, si no, es que no la amas realmente”, o también ese argumento que dice: “solo debes mantenerte virgen por amor a Dios”, este sí la completa.

La ilusión Disney Word:

Ella quería un príncipe que la contenga emocionalmente, económicamente y que la tome de la mano cada vez que baja del bus (era una princesa proletaria), pero el caballero soñaba con otro tipo de cosas, no tan románticas, él quería una princesa para amar, besar y cuidar a toda hora, en todo tiempo. Juntos soñarían una fiesta de bodas ideal, familiares, amigos, conocidos de otras iglesias juntos todos en el gran banquete, un altar, una alfombra roja, la marcha nupcial, el vestido blanco (si es que la mujer es virgen, el hombre no importa si ya pecó), las flores, los anillos, el beso y todo esto condensado en un orgásmico , seguido de una luna de miel, un año sabático y una vida de compañerismo y amor, hasta que la muerte os tenga que separar, y de por vida.

Pero luego de unos meses, ellos empiezan a sospechar, la virginidad tan guardada y preciada como oro refinado se había ido durante una de las primeras noches, o madrugadas en la luna de miel, las promesas de bendición por tal acción, aun se hacían esperar, esperar y esperar. Corrían los meses, y él en el mismo trabajo, ella con las mismas sandalias y los mismos peinados, las deudas alojadas en la estantería de siempre, y la Biblia fría que nada decía.

¿A qué vamos?

Virgen o no virgen, la pareja enamorada se tendrá que levantar cada día para ir a trabajar, estudiar, hacer los mandados, etc., etc.

¿Y la promesa de…?

Tal vez este sea uno de los mitos más grandes del mundo evangélico, y hoy lo queremos iluminar con estas breves líneas.

Alguna vez el filósofo Nietzsche dijo: Lo que se hace por amor se hace más allá del bien y del mal.

Claro que el amor y el sexo no son lo mismo, puede haber sexo sin amor y amor sin sexo, pero cuando estos se juntan no hay dioses que detengan a la pareja. ¿Cómo querer limitar tan grande amor con reglas antihumanas?


No veo por qué creer que Dios se oponga a algo tan sublime y santo como el sexo dentro de una pareja que se ama.

Consecuencias colaterales del llamado a la virginidad:

Una de las consecuencias directas de presuponer que todo adolescente y joven creyente acatará esta imposición, es la de no educar sobre sexualidad, sobre métodos anticonceptivos, sobre estudios médicos previos, sobre posiciones ergonómicas a la hora de tener relaciones y, por sobre todo, la falta de un plan contingente para aquél “rebelde” que expresa su amor carnal a su enamorada.

Hoy en nuestras comunidades evangélicas no tenemos ni plan de contención ni de contingencia, solo se aplican correctivos cuando el joven enamorado cae en pecado.

Creo que esto es sustento suficiente para comenzar a dejar de lado esa antigua idea de la virginidad matrimonial y contemplar las necesidades reales que existen de manera fisiológica en el joven evangélico. Pero sigamos.

Claro está, el tema es, como siempre se dice, el equilibrio, entiendo que la sexualidad como ámbito privado del hombre debe ser respetada, no imponiendo doctrinas tendenciosas que actúen como leyes morales inalcanzables, sí que la congregación sea una institución de educación, aconsejando e instruyendo con información y conocimientos científicos.

Creo que a Dios no le interesa tanto la sexualidad prematrimonial como el orden en la sexualidad, como el equilibrio en las emociones y en las acciones.

También existen aquellos que solo se casan por las relaciones sexuales, reduciendo el matrimonio y la relación conyugal a ese acto sexual. Cosa que idealizan al punto tal que luego del casamiento no saben cómo congeniar sus personalidades y terminan distanciándose.

Creo que Dios aplaude y bendice aquella relación sexual donde hay amor y compromiso, un compromiso de cuidar de la dama como quien cuida de un tesoro, cuidar de las emociones del otro y de la salud del otro, considerando siempre que la otra persona es un sujeto y no un objeto de placer.

Al negarse a la idea del sexo fuera del matrimonio, la iglesia acarrea dos problemas, el primero es la inconsistencia de la promesa de guardarse hasta el casamiento, la falta de garantías de que todas las bendiciones estarán aseguradas luego de comprometerse en matrimonio ante la sociedad, ante Dios y ante la familia, y por el otro lado está el problema de la falta de educación, de compromiso, seriedad y actualidad con la temática sexual entre nuestros jóvenes, negándose a todo conocimiento que esté por fuera de esta rígida idea.

No es por miedo que los jóvenes se van a cuidar más de las enfermedades y de los embarazos no planificados, sino a través de la orientación de esa experiencia de amor, con educación, con conocimiento científico sobre la cuestión y con tolerancia, porque no es más santo aquél que es virgen ni más pecadora aquella joven sorprendida en el mismo acto de placer con su novio.

¿Será por eso que Jesús nunca hablo sobre la virginidad y sí sobre el amor que vela por el otro, por el amor que prioriza al prójimo por sobre sí mismo?

Como diría nuestro amigo Rob Bell:

¡EL AMOR GANA!

 

Rodrigo Ferrando

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