12 Igle-crecimiento

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A lo largo de mi vida de cristiano, fui participando en diferentes grupos dentro de la iglesia, algunos eran de música, otros de evangelismo, ¡y hasta en grupos de coaching! La gran mayoría de las veces asistía a los grupos como oyente, como espectador, como quien iba a escuchar y recibir lo que Dios tenía preparado para ese día.

La carrera al liderazgo

El escritor español José Luis Sampedro dijo: “Es asombroso que la Humanidad todavía no sepa vivir en paz, que palabras como competitividad sean las que mandan frente a palabras como convivencia”.

Un amigo me contaba que cuando trabajaba en un Call Center, ventas telefónicas, tenía un objetivo diario que cumplir, tenía que vender 10 tarjetas de crédito para conservar su puesto y más de 10 para aspirar a ser supervisor, eso implicaba dejar de vender y controlar lo que los otros venden.

Casualmente lo invite un domingo a la iglesia y fuimos al grupo que me correspondía, durante toda la hora del grupo, el líder uso más de 50 veces la palabra, traé a otro.

Al término del grupo, nos fuimos a tomar algo con algunos amigos y entre ellos estaba mi amigo del Call.

Salió el tema y todo explotó.

– ¿Cómo se manejan acá, tienen que llegar a una cantidad de personas los grupos?

Esto es como el Call Center dijo, y todos nos reímos.

En una oportunidad que me tocó ser líder de un grupo durante un tiempo, veía que no había constancia, pero no es que no querían estar, sino que, por motivos diferentes, se les hacía imposible ir ese día al grupo. Era los días miércoles me acuerdo jajá.

El igle-crecimiento funcionaba como una empresa multinivel, me lo hizo ver mi amigo del Call, de manera que cada líder de grupo debía reclutar la mayor cantidad de gente, es decir, no importa lo que sea, hay que hacer “bulto”, rellenar, sumar a cualquier precio, es decir, competencia. Competencia con otros grupos, ya que es una carrera de premios y castigos, y competencias a nivel general con otras congregaciones.

La motivación de cada líder era que, si su grupo crecía en una cantidad de miembros considerable, podía levantar a otros líderes dentro del mismo grupo para que estos tengan otros grupos, que quedarían a cargo suyo. Cuantos más grupos liderabas, más posibilidades de acceder a un titulo de pastor o de abrir una sede de la iglesia central había.

En ese contexto era que mi flaco grupo navegaba, en una barca sin rumbo fijo, apenas llegábamos a los 6 miembros, ni siquiera había posibilidad de nombrar a un co-líder.

Una de las cosas que notaba cuando venia mucha gente al grupo (6 o 7), era que al finalizar el mismo, mis superiores inmediatos venían a abrazarme y agradecerme, mientras que cuando venían menos de 4 miembros, mis lideres me miraban como con cara de que falle con el objetivo, ¡caramba!, ¡no podría comisionar las ventas a fin de mes!

Creo que una de las cosas que no dejaba que el grupo creciera, como mis lideres querían, era el hecho de que era más humano con los que venían al grupo y no imponía a rigor el mecanismo y la ideología de la iglesia. Lo cierto es que no duré mucho tiempo y me fueron desplazando cada vez más. Hasta llegar acá. Lo más lejos posible. (Risas y por qué no aplausos jajá).

Algo más que competencia, un imperativo escatológico.

El afán de crecimiento de una iglesia multitudinaria, es producto de una manera de concebir al mundo como algo catastrófico, siendo la iglesia la que debe lograr que toda la ciudadanía asista a sus reuniones.

Motivados por el mundo globalizado, donde lo que pasa allá tiene que pasar acá, muchos referentes intentan aplicar los mismos métodos que se usan en otros lugares del mundo, ignorando que también allí hay otros contextos sociales, muy diferentes a lo que pasa en países latinoamericanos.

Copiar y pegar modelos importados puede tener su precio alto. La homogeneidad y chatura intelectual es una de sus principales consecuencias. En un espacio donde somos todos iguales y pensamos todos de la misma manera, donde el nuevo que viene tiene que dejar de ser quien es para ser lo que somos nosotros, es una forma más de violencia humana.

Aunque muchos encuentran, por momentos, sus energías renovadas cada vez que asisten a este tipo de actividades religiosas multitudinarias, la dictadura del conocimiento es abrumadora.

Las personalidades deben ser reformadas a la nueva forma de iglesia multitudinaria, ahora Dios es un Dios Mc Donald´s, rápido y en cantidad. Pero olvidamos lo más importante, que es el respeto por la persona que con un sincero deseo busca experimentar una espiritualidad que la libere de su problemática.

Lejos de encontrar una espiritualidad liberadora, la persona que comienza a asistir a un grupo, empieza a ser obstaculizada por ciertos requisitos que debe cumplir para ser como Dios quiere que sea, según el modelo de igle-crecimiento. El mecanismo sería algo así:

  • Un mes de asistencia como miembro de un grupo.
  • Realizar el retiro espiritual o sanidad interior.
  • Empezar a trabajar en una actividad.
  • Traer miembros nuevos que repitan los tres pasos anteriores, pero por sobre todo que cumplan el 4to punto, traer a otro.

La iglesia ya no es un museo de santos ni un asilo de pecadores, es una góndola de productos, todos con la misma etiqueta.

Say no more

Tal vez lo que muchos hoy estén buscando, es un espacio donde sea posible la multiculturalidad, donde cada uno pueda poner de sí y pueda sentirse un verdadero sujeto que junto con otros sujetos hacen al movimiento de la vida en comunidad.

Por lo pronto, el objeto de la góndola de supermercado que venden es similar al miembro que asiste a una mega iglesia.

Objeto o sujeto

Como objeto, el cristiano solo se limita a obedecer órdenes impuestas por otro que un día tuvo una visión y “Dios le dijo” que las cosas debían ser de una manera. Este sujeto que se somete a lo que el sistema cristiano le impone, se ve obligado a vender su identidad y su propia capacidad de razonamiento, a cambio de una vida espiritual “como Dios manda”.

En tanto que el cristiano sea objeto, presa de una ideología absurda, no puede realizarse como sujeto, como un individuo activo dentro de la sociedad, que de manera crítica, de manera consiente, propone alternativas y variantes ante la unilateral manera de hacer evangelio que ve la mega iglesia.

En una congregación con sujetos, se da el espacio para que haya una espiritualidad liberadora a la manera particular, de cada necesidad y de cada personalidad, sin necesidad de imponer un dogma o doctrina que rija la vida de los sujetos, que pintados del mismo color que los demás, no logran ser ellos mismos.

Entonces, por un lado, la mega iglesia ofrece una acotada espiritualidad, si se quiere llamar así, pero por el otro lado, demanda mucho, demanda aprender nuevos comportamientos y adaptarse a una estructura homogénea, dejando las cualidades particulares, y lo que este creyente pueda aportar de nuevo a la mega iglesia.

Tengo esperanzas en que en los próximos tiempos podamos concientizarnos de que debemos ser una respuesta a nuestra comunidad, haciendo iglesia a imagen de las necesidades de nuestra sociedad particular y no copiando y pegando proyectos de “primer mundo”.

Tengo esperanzas en que la iglesia será cada vez más humana y local, más que “espiritual” e internacional.

Tengo esperanzas en que alguien está leyendo esto, y que se harán preguntas sobre nuestra realidad como cristianos para mejorarla, superarla y vivirla de acuerdo a la actualidad.

 

Rodrigo Ferrando

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