11 Santidad (Parte 2)

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Repasemos entonces algunas ideas principales de la primera parte:

Toda idea de santidad está vinculada a algún paradigma de lo que es Dios;

1- Dios como cosa: Someto a Dios a mi voluntad, uso medios para un fin propio.

2- Dios como sujeto: Soy santo en la medida en que mi Dios es santo. Acá queda abierta la pregunta de que personalidad adopta este Dios.

3- Dios como espacio, lugar: En este grupo no puede haber una definición demarcada de santidad pues al estar en Dios no se necesitan medios para llegar a un fin.

Algunos viven en el primer nivel, otros luchan para vivir en santidad en el segundo nivel, pero pocos logran liberarse de pensamientos presupuestos y disfrutan de estar ya en Dios. Admito que es un proceso de mucho trabajo personal, más para quienes fuimos ahogados con la tradición evangélica, lograr callar tanto a esa vocecita del demonito como la del angelito, ambos parados sobre cada hombro, es todo un desafío.

Podemos decir que la santidad es vivir en la voluntad de Dios, pero nos preguntaremos entonces cuál es la voluntad de Dios, es más, nos podemos preguntar si hay alguna voluntad de Dios.

Es importante, creo yo, definir en cuál de estos tres grupos nos movemos y a partir de allí repensar qué es la santidad y ser santos, y qué entendemos por la santidad de Dios.

De acuerdo al Dios que tenga será mi manera de actuar. Porque como es el pensamiento en su corazón así es la persona.

Sabemos que objetivar a Dios, tomarlo como una cosa plausible de ser dominada, es imponer nuestra voluntad por sobre la voluntad de Dios-cosa, es decir, Dios-cosa es la cosmovisión, la totalización funcional a una sociedad y momento cualquiera. Por ejemplo: hoy mi sacrificio lo haré para que caigan las lluvias, mañana para que se vayan las pestes, y así. Es un plano muy elemental de la divinidad. Es el plano de la demanda, del pedir.

Por otro lado, si vemos a la cosmovisión Dios-alguien, entramos a un campo más complejo, aquí este Dios-alguien puede representar a: un Dios que interviene en su creación, a un Dios que no interviene, a un Dios que crea, pero luego deja todo librado al azar, a un Dios que actúa por medio de algún tipo de obra mediadora humana y hasta a un Dios que no existe. Las mayores confusiones y discusiones sobre Dios giran en torno a este segundo grupo.

Por lo general la mayor parte de los ateos dicen ser ateos en tanto negación de este Dios-alguien, pero no logran cruzar la barrera. Siempre el ateísmo se manifiesta de manera rencorosa e hiriente por no haber sabido subsanar las contradicciones y diferencias.

Entre los creyentes evangélicos, por lo general, la mayoría son teístas, es decir, Dios crea e interviene en su creación mediante la Biblia y su pueblo. También aquí la idea de santidad queda cooptada por cómo yo vea a Dios, Dios malo, Dios bueno, etc.

Entrando al tercer grupo quisiera citar al teólogo español Raimon Panikkar:

 «Los contemplativos no necesitan cielo alguno en las alturas porque para ellos toda cosa es sagrada: tratan las cosas sagradas como si fueran profanas. Comen el pan prohibido, queman imágenes santas, pisan el shivalinga, y no guardan los preceptos del sabbat. ¿Por qué? Porque tratan a las cosas profanas como si fueran sagradas… “así en la tierra como en el cielo”. La contemplación no se preocupa por el mañana, no discute sobre doctrinas, porque, aunque las acepta, no deposita en ellas su fe. Las doctrinas son muletas, o a lo sumo canales o anteojos, pero no son ni el caminar, ni el agua, ni la vista sugeridos por estas metáforas tradicionales. El dogma es hipótesis, no teoría. El contemplativo no necesita incentivos para “vivir la eternidad aquí y ahora”».

Si logro despertar mi conciencia a este nivel entenderé que ya estoy donde quise ir, ya encontré lo que busqué y ya no necesito de muletas para caminar. Si estoy en Dios sólo me queda disfrutar en plenitud de esta maravillosa realidad, respirando a Dios.

Dios es la fuente de vida y en esta fuente existimos. Todo lo que hay es santo y sagrado, es vida.

Sólo una conciencia que vive en niveles de odio y egoísmo necesita de salvación, cubrirse de santidad.

Santidad entonces no es un medio para obtener beneficio alguno, no es una acción para agradar a Dios así se pone contento y estar dentro de una burbuja de cobertura, más bien la santidad puede ser entendida como un nivel de conciencia que logra amigarse con todo lo creado, es una actitud del espíritu que entiende a Dios y al hombre como un ser inseparable.

Todo lo que se mueve, todo lo que existe, todo lo que respira está en la dimensión de Dios.

Te invito a dejar esas viejas ideas de santidad y que ahora ahí donde estás disfrutes de estar en Dios, de estar en santidad.

Quiero compartirte un bello poema de Arturo Gutiérrez Martin, que enriquece esto que estamos hablando:

“Dondequiera que pongas tu mirada,
dondequiera que fijes tu atención,
dondequiera que un átomo subsista,
ENCONTRARÁS A DIOS.

En las formas diversas de las nubes,
en los rayos dorados que da el sol,
en el brillo que lanzan las estrellas,
ENCONTRARÁS A DIOS.

En los dulces balidos que en los prados
el rebaño da al silbo del pastor,
en los trinos cambiantes de las aves.
ENCONTRARÁS A DIOS.

En la sangre que corre por tus venas,
en la misma conciencia de tu YO,
en los propios latidos de tu pecho,
ENCONTRARÁS A DIOS.

En la santa figura de la madre
cuyo seno la vida te donó,
en la franca sonrisa de una hermana,
ENCONTRARÁS A DIOS.

En las lindas pupilas de la joven
que de amores prendió tu corazón,
en la grata visión de un ser querido,
ENCONTRARÁS A DIOS.

En las horas de sombra y amargura
cuando a solas estés con tu dolor,
si le buscas en la sombría noche
ENCONTRARÁS A DIOS.”

 

Rodrigo Ferrando

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