10 Santidad (Parte 1)

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Nos han dicho muchas veces y de muchas maneras que necesitamos mantenernos en santidad para vivir una vida dentro de la voluntad de Dios, y esto puede ser cierto.

Hoy en día muchos ven a la santidad como una cualidad que viene de lo alto: “Señor hazme santo”, otros entienden que la santidad es una condición inherente del ser cristiano y que hay que encontrarla ahí en algún lugar escondido mediante la alabanza, la adoración, la oración, el ayuno, la castidad, las buenas obras o con algún tipo de ascetismo. Lo cierto es que la santidad sea que esté allí o aquí hay que sacarla a la luz, manifestarla y vivirla.

Nos sentimos bien y saludables cuando a conciencia sabemos que estamos viviendo nuestra vida de una manera pura, integra y santa, nos sentimos mimados cuando podemos llegar a ver el rostro de Dios sin vergüenza ni culpa, cuando caminamos sin ningún estorbo, cuando entre Dios y yo no se opone ningún pecado.

Creo que todo hombre está en busca de este bienestar, de esta armonía, de lo que podemos llamar vida plena o el reino de Dios.

Necesitamos realimente hoy más que nunca amigarnos con Dios y conciliar cualquier tipo de diferencia que nos haga vivir como errantes en medio de esta sociedad colmada de egoísmos.

La santidad es, por regla general, la llave que abre la puerta de este reino espiritual emocional, por eso es que mucho se nos dice acerca de que estar y permanecer en santidad es uno de los principales objetivos que debe perseguir cada cristiano.

Entonces, cuando vivimos en santidad es cuando podemos estar en paz con Dios, con mis hermanos y conmigo mismo.

Hasta aquí bien, pero quiero plantear si este concepto de santidad es vital a la hora de vivir una vida con Dios en armonía, o si más bien funciona como un impedimento en la conciencia del creyente, que lucha para aggiornarse a ella. Si es necesario este concepto para la comprensión de la dimensión de lo que significa Dios o más bien es una imposición tradicional.

Se han escrito infinidad de libros, canciones, cuentos y vidas por mucho tiempo respecto a este tema, de diferentes maneras todos necesitábamos sumergirnos en la gelatina cultural de la santidad, movernos en ella y a través de ella calificar para las tareas dentro de la comunidad evangélica.

¿Hay humanos santos y humanos no santos dentro de tu iglesia?

¿Qué hacemos con aquellos no santos?

No está delimitado el grupo de los no santos, pero ante la reacción del evangélico intolerante se priva a los que fuman, a los que llegan tarde, a los que se besan en la esquina de la iglesia, a los que se visten raro, a los que usan aritos en partes santas y a muchos más de participar en la banda de música de la iglesia, a no tocar el día domingo, cantar o prestar algún tipo de servicio. ¿Por qué? Porque contaminan al resto, dan mal ejemplo y Dios se va a iglesias más santas.

No nos detendremos a ver de dónde viene la palabra santidad, ni a hacer algún estudio exhaustivo bíblico, más bien nos guiaremos por lo humano, por lo necesario en esta realidad inmediata, parafraseando a Jesús: No fue hecho el hombre para el concepto de santidad sino este para el hombre. Es decir, el hombre no tiene que condicionarse por conceptos ni interpretaciones, sino que los conceptos e interpretaciones deben estar a la altura de la necesidad del hombre, y esto varia de generación en generación y de lugar en lugar.

“No se hizo el hombre para el día sábado sino el sábado para el hombre”.

No se hizo el hombre para la Biblia sino la Biblia para el hombre.

Una cosa es amoldar la vida del hombre a una idea cerrada y otra muy distinta es amoldar al hombre, sus características y sus realidades a una idea; si es que es necesario seguir sosteniendo una idea como en este caso la de la santidad.

No propongo dar un nuevo enfoque de santidad, más amigable, decir que todos somos santos y esas perogrulladas, sino mas bien cuestionar la misma idea de santidad, al menos ubicarla en el plano de la neutralidad, haciendo que su uso sea válido en tanto se utilice de manera no imperativa.

Entonces…

¿De qué hablamos cuando hablamos de santidad?

¿Es la santidad un patrón y modelo estático, como una fotografía?

¿La idea de santidad no varía de una generación a otra?

¿La santidad es un conjunto de normas, preceptos y leyes dados por Dios?

¿En este siglo XXI lo que entendemos por santidad es lo mismo que aquello que entendían los humanos del primer siglo?

¿Qué es la santidad?

¿No será aquello que cada comunidad define en cada momento de la historia y en cada zona geográfica?

El concepto de lo que es la santidad varia a lo largo del tiempo, esto es incuestionable, hasta podemos encontrar en la Biblia miradas contrapuestas más que una idea univoca de lo que es la santidad.

Hemos asociado el significado de la palabra santidad con lo que nos mantiene dentro de Dios, y eso está bien, ya veremos porqué.

Podemos decir que no existe una sola forma de comprender lo que es la santidad, sino muchas, algunas miradas son un tanto ortodoxas, otras más liberales, pero sea cual fuere la idea sobre la santidad que maneja una comunidad será válida para ella y sólo para ella, en tanto no sea excluyente con cualquier otra mirada de la santidad, es decir, hay miradas que son muy restrictivas, imponen condiciones irracionales e inalcanzables, haciendo más amplia la distancia entre Dios y el hombre.

Siempre asociamos la santidad con la comunión y con el disfrute de lo espiritual, pero ¿existe tal relación entre la santidad y Dios? Por lo general sí o mejor dicho en el sentido común evangélico sí, por eso es importante definir bien lo que entendemos por santidad. Si nos sirve esta palabra o la podemos ir descartando a medida que llegamos a una comprensión más integral de Dios.

Antes, una aclaración.

¿Dios es algo, alguien o un lugar?

Aclaremos esto para seguir con la santidad.

Si Dios es algo, lo estaría reduciendo a una cosa que puedo utilizar a mi antojo, si Dios es alguien admito que llora cuando algo sale mal o que ríe cuando le cuento un chiste, que castiga cuando fallo, cuando no soy santo, o me premia cuando ando bien en materia de santidad, pero si digo que Dios es un lugar puedo decir que Dios es la habitación donde reposa toda existencia, todo tipo de vida y en ella yo. En otra oportunidad podemos ampliar esta escena de Dios como Lugar.

Dios es mi habitación, me contiene y me tiene, Dios es amor.

Me acuerdo esa canción que cantábamos cuando éramos chicos:

“Tan alto que no puedo estar arriba de Él.
Tan profundo que no puedo estar abajo de Él.
Tan ancho que no puedo estar afuera de Él.
¡Grande es el amor de Dios!”

Puedo decir entonces que ningún concepto, ninguna idea de santidad, sea ortodoxa o liberal, sea de esta época o sea de hace algunos cientos de años atrás, puede representar y presentarse como un obstáculo para impedirme quedar en esta habitación llamada Dios.

Cualquier palabra, cualquier idea, cualquier movimiento, no puede hacerse afuera de esta habitación.

Estamos en Dios.

Continuará…

 

Rodrigo Ferrando

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