09 Buscar a Dios (Director’s Cut)

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Esta semana me llegó un mensaje de un amigo de la iglesia, decía algo así:

“Si esta semana estuviste lejos de Dios, este es el día para que vuelvas a Él, para que seas lleno de su presencia, este sábado te espero a las 19 hs, puntual, para que puedas encontrar a Dios, ven a recibir la bendición”.

A veces el diálogo con otros cristianos me mueve a pensar y repensar ciertas cosas naturalizadas y tan arraigadas como verdaderas y preguntarme si en realidad son tan así, me intriga la manera en que aceptamos los condicionamientos “espirituales” que nos proponen o imponen de manera tan relajada una única forma de comprender a Dios.

¿Será que nos encerramos en una sola manera de entender a Dios?

¿Será que pensamos que Dios sólo es lo que la institución religiosa dictamina?

¿Por qué pensamos que Dios sólo actúa dentro de la iglesia?

¿Por qué pensamos que lo que ocurre en la iglesia como institución es más importante que lo que ocurre dentro de cualquier otra institución de la sociedad?

¿Por qué será que creemos natural que Dios apruebe las actividades que propone la iglesia y las que se proponen en otro ámbito de la sociedad no?

¿Cómo llegamos a creer que a Dios se lo busca solamente dentro de la iglesia?

Cada vez que recibo un mensaje o mantengo un diálogo con algún cristiano tradicional, me vienen cientos de preguntas que no puedo controlar, pero las que más me hacen reflexionar son las siguientes:

¿Por qué hay que buscar a Dios?

¿Qué significa buscar a Dios?

¿Qué buscamos cuando buscamos a Dios?

Quisiera compartir un bello salmo que viene bien para pensar este tema:

¿A dónde me iré de tu Espíritu?
¿Y a dónde huiré de tu presencia?

Si subiere a los cielos, allí estás tú;
y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.

Si tomare las alas del alba
y habitare en el extremo del mar,

aún allí me guiará tu mano,
Y me asirá tu diestra.

Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán;
aún la noche resplandecerá alrededor de mí.

Aún las tinieblas no encubren de ti,
y la noche resplandece como el día;
lo mismo te son las tinieblas que la luz.

Salmo 137: 7-12

¿No suena diferente este salmo a la idea de Dios que se tiene tradicionalmente hoy en las iglesias cristianas? ¡Claro que sí!

El salmista da cuenta de lo que para él es Dios, algo incontenible, algo que no se lo puede delimitar con nada, ni lo alto ni lo bajo ni lo ancho puede contener lo que es Dios.

¿Cómo puede contenerlo entonces la palabra Dios?

¿Buscar a Dios?

Buscar a Dios se volvió una frase resolutiva y hasta un imperativo categórico; buscar a Dios, parece ser como que voy un sábado a la iglesia a buscarlo, pero lo pierdo el domingo, entonces ando toda la semana sin Dios y vuelvo el sábado a buscar de nuevo a Dios, para perderlo nuevamente el domingo y vivir toda la semana sin Dios, esa parece ser la idea.

Si quiero buscar a Dios quiere decir que no lo tengo, uno busca lo que no tiene, pero lo que ocurre acá es que hay un gran error de concepto, al pensar que existe una separación entre lo uno y la totalidad, entre nosotros y Dios.

¿Será que sábado tras sábado tenemos que ir a buscar a Dios a la iglesia porque en realidad nunca lo encontramos?

Si decimos que buscamos a Dios decimos que no lo tenemos, y decir que no lo tenemos es pensar que Dios entra y sale de nuestro cuerpo de manera arbitraria, libre y sin previo aviso.

¿Puede Dios no estar en algún lugar? Depende lo que se entienda por Dios.

Por lo general se entiende que Dios es Jehová, aquel que está con su pueblo elegido.

¿Quién es el pueblo elegido?

¿Alemania?

¿Israel?

¿La iglesia evangélica?

¿Toda la humanidad?

¿Todo ser vivo? Sí.

¿Qué o quién es Dios?

Para los hebreos, Dios representaba aquel que los guiaría constantemente hacia la era mesiánica. Hacia el tiempo donde Israel domine por sobre todas las naciones, donde todos caerían ante este omnipotente Dios, ante este omnipotente y presente pueblo.

Para el pueblo evangélico Dios es aquel que se presenta a las 5 de la tarde cuando empieza la reunión, es aquel que sale cuando frotan sus emociones con alguna canción elevada o aquel que mira desde lo alto cuando el hermano está en pecado.

Podemos ver que cada grupo tiene una particular manera de comprender a Dios, esto se hace haciendo un recorte a través de distintas cualidades y características.

Ya la palabra Dios es un recorte de lo que es Dios.

¿Por qué Dios se nombra con 4 letras?

¿En que pienso cuando leo la palabra Dios?

Dios es una palabra que en convención con la comunidad significa algo, como la silla, todos entendemos lo que es la silla porque en algún momento nuestros ancestros se pusieron de acuerdo que la palabra silla representaba una cosa para sentarse con cuatro patas y un respaldar.

Lo mismo ocurre con la palabra Dios, y acá está la limitación principal. Lo que todos entendemos por esa palabra Dios. A lo que nos remite esa palabra cuando la pensamos, cuando la nombramos o escuchamos.

Esa imagen de Dios está formada socialmente. Fuimos educados desde temprana edad para identificar la palabra Dios con una imagen. Imagen que viene a llenar esa palabra Dios.

Pero…

¿Dios llena la palabra Dios?

Lo que el cristianismo tradicional llama Dios, ¿es realmente Dios?

Tal vez sea sólo un recorte para comprender lo que realmente sea Dios.

Cuando Dios excede a la cultura

Tenemos la humana necesidad de nombrar cosas, ponerles un nombre, identificarlas y llamarlas así.

Me parece muy acertado aquel nombre que Pablo le da a Dios ante los griegos, “el Dios no conocido”. Ese es el Dios que predicamos.

¿Cómo puedo ir a buscar a Dios a la iglesia cuando Dios es aquella plenitud que lo llena todo y a todos, que vive en cada lugar donde hay vida?

Las personas no van a buscar a Dios a la iglesia

Como hablábamos anteriormente, Dios es aquel desconocido que no puede ser conocido por nuestras percepciones. Ellas sólo hacen el recorte, ven una parte muy minúscula de lo que realmente es eso que nosotros llamamos Dios.

En todos los tiempos y en todas las culturas se ha intentado definir a Dios, y por cierto todas ellas han hecho una válida representación, como lo bueno, lo puro, lo santo, lo verdadero, lo que trae paz, lo que une, buscando su intervención con diferentes rituales; a través de sacrificios de animales, de niños, con danzas y canticos, con la liturgia que hoy conocemos en las iglesias y con infinitas formas simbólicas de conectarse con esa divinidad.

Entonces, si Dios es eso que nos contiene a nosotros mismos en todo tiempo y lugar, aquello que está afuera del mismo tiempo, aquella verdad incausada, ¿para qué vamos a la iglesia a buscarlo?

Lo que se busca no es a Dios, sino lo que se entiende por lo que es Dios, se busca paz en momentos de crisis, se busca esperanza en momentos de desilusión, se busca alegría en medio de tristezas, pero también se busca el pertenecer a un espacio donde la fe sea común al mismo grupo de personas. Personas que tienen la misma imagen de lo que Dios es.

Entonces Dios en la persona sólo puede ser una idea, una idea que va cambiando y evolucionando, adaptándose y ampliándose de acuerdo al conocimiento que se tenga. Dios crece con el conocimiento, la idea Dios, crece con el conocimiento, pero con el conocimiento sobre el desconocimiento, es decir, mientras más nos acercamos a las costas de la infinitud, de la inmensidad, empezamos a conocer con más seguridad que Dios no puede ser conocido ni comprendido por un mortal.

¿Y entonces en que Dios crees?

Creo que Dios no es Dios, que sea lo que sea que sea Dios, sólo puede ser una minúscula parte, minúscula parte que naturalmente el hombre se esfuerza en comprender.

Creo que no puedo buscarlo porque él ya me posee y yo lo poseo a él, de manera que cualquier intento por buscarlo sería ciego, ciego como querer ir a la iglesia a respirar el aire que se mete en cada rincón del planeta.

Para finalizar la idea:

“Dios hubiera dicho”, creo que del filósofo Spinoza.

“Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas. Ahí es en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.

Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada tienen que ver conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijito… ¡No me encontrarás en ningún libro!

Deja de complicarte las cosas y de repetir como perico lo que te han enseñado acerca de mí. Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está lleno de maravillas. ¿Para qué necesitas más milagros? ¿Para qué tantas explicaciones?

No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro… ahí estoy, latiendo en ti”.

 

Rodrigo Ferrando

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