08 Células (el adoctrinamiento)

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¿Hay libertad de pensamiento en la congregación?

¿Se puede objetar sobre un tema o proponer algún punto de vista diferente al convencional?

¿Qué pasa con el que “recibe una revelación” contradictoria a la que la iglesia tiene?

¿Por qué no se da tanta importancia al pensamiento diferente? ¿Será miedo a perder el control?

¿Miedo a lo desconocido?

Si bien todo cambio es un desafío, cambiar es necesario para crecer, y esto implica muchas veces ir hacia lo desconocido, hacia el lugar de las sombras y las dudas.

Dijo el poeta cubano Jose Martí: “La libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresía”.

¿Hasta qué punto hay libertad en nuestras congregaciones para ser realmente quienes somos?

¿Necesitamos ponernos el traje de cristianos cada vez que vamos a la iglesia para amoldarnos a la espiritualidad que nos ofrecen?

¿Qué otras maneras de vivir la fe en comunidad podemos encontrar hoy en día que nos acepte como somos?

El filósofo de la ilustración, Kant, había dicho ya en el siglo XVIII que el hombre por pereza y cobardía no hace uso de su propia razón y se deja dirigir por otros tutores en cuanto a la moral, la justicia, la salud y todo cuanto a su vida respecta. Dice que es más fácil para el hombre tener un tutor que le diga que pensar que valerse de su propio entendimiento y pensar por sí mismo.

Entonces, tenemos dos obstáculos principales para la libre expresión: la falta de pro actividad entre el creyente para investigar por sí mismo y la coerción ejercida por la institución para no pisar terreno desconocido, para no entrar al campo de los interrogantes.

Seguramente uno de los lugares donde menos se respete el libre pensamiento sea en la iglesia evangélica. Como una tijera que corta una tela y salen los retazos todos iguales, así parece ser el cristiano promedio dentro de una congregación.

Es que pensamos que una iglesia es algo natural, donde Dios es el que ordena y jerarquiza lo que hay en ella, donde los mensajes dominicales son los que Dios designa para su pueblo, y los líderes son puestos por Dios impartiendo unción y gracia para que los creyentes puedan satisfacer sus necesidades espirituales. Pero este pensamiento escolástico fue superado por los filósofos de la ilustración hace siglos.

¿Por qué el cristiano aun no puede superar esta antigua mirada?

Entonces, hay una estructura que separa por un lado a los que son puestos por Dios para el servicio, quienes perpetúan domingo tras domingo el espíritu conservador e inamovible del cristianismo y por el otro a los fieles que van a recibir lo que los tutores ofrecen.

Hay alguien que da, y alguien que recibe y un mensaje que se transmite, una forma de pensar, que se perpetúa.

Muchas iglesias adoptan diferentes métodos de crecimiento, algunas el famoso G12, otras los racimos, otras los pescaditos, y así, a la manera de multinivel, la iglesia busca reproducir sus ideales y también sus fieles, haciéndose una inmensa cadena de jerarquías de forma piramidal.

A la cabeza está el pastor líder, debajo los pastores de menor rango y cada pastor cuenta con líderes, y cada líder cuenta con otros co-lideres. Como un organismo vivo, la parte más pequeña es la célula, un grupo compuesto por no más de 12 personas.

La verticalidad del mensaje

El mensaje desciende de lo más alto como cae la unción de las barbas de Aarón. Por lo general hay una interpretación bíblica acorde al establishment de la fe, acorde a la hegemonía de la interpretación bíblica, entonces cada miembro que va adhiriéndose al ministerio va aprehendiendo esa manera de “leer” la Biblia. El pastor central, el cabecilla, determina cuál es el tema del mes que se hablará, y como un fiel papel de calcar, todos los que están debajo de su ala protectora hablan a sus inferiores lo que el Señor le “reveló” al pastor central, aunque al otro mes el Señor le “revele” algo un poco opuesto.

El mensaje, en esta verticalidad de la interpretación, de lo que es el mundo de lo espiritual y de todo lo que ello implica, está rigurosamente dado sin posibilidad de objeción ni cambio alguno, sin admisión de alguna propuesta divergente por parte del miembro de menor rango.

Los que vienen con ideas frescas de hacer algo nuevo deben someterse a las reglas de juego establecidas, con pocas posibilidades de que el pastor general acepte algo que el Señor también le “reveló” al miembro de la célula más pequeña.

¿Qué pasa con los que queremos sentirnos parte de la iglesia pero queremos una iglesia diferente, más flexible e inclusiva, menos dogmática y más humana?

Hay algunas respuestas a esta cuestión que me vine planteando durante algún tiempo:

1- Dejar de lado mis “caprichos”, mis pensamientos locos y esforzarme por congregarme en un espacio donde no me sienta más identificado, ni donde mis ideas tengan lugar, amoldando lo que pienso, lo que creo que es bueno, a lo establecido, a lo institucionalizado.

2- Seguir participando en los grupos, como una oveja vestida de lobo, escondiendo lo que pienso pero actuando como la manada, buscando el momento de ser un líder con influencia y empezar a hacer rodar ideas viejas.

3- Hacer un rotundo cambio de pensamiento, entendiendo que la iglesia excede las cuatro paredes. Buscando un equipo coherente de trabajo y haciendo iglesia de maneras nuevas, que den espacio al “distinto”, al que piensa que el cambio está a la puerta.

No creo que haya una única solución para abordar la problemática de la falta de espacio para el libre pensador, siempre se pueden buscar alternativas y consensos innovadores.

Desde el lugar de cada uno, podemos buscar una diferencia, un cambio para ser una iglesia sin dogmas ni imposiciones, encontrando el espacio para compartir la fe, la amistad, apostando al libre pensamiento, al dialogo y a la participación de cada una de las partes que componen la iglesia, edificados sobre premisas universales; el respeto, la tolerancia y la unión. Entendiendo que enseñar a pensar es mejor que enseñar lo que hay que pensar.

Modus operandis

Lo primero que hacen los que pertenecen a este tipo de congregaciones cerradas es señalar a aquél que quiere mejorar algo o buscar caminos nuevos. Eso es parte de lo que se llama en sociología regulación, estas regulaciones son las leyes, las normas que hacen funcionar a un grupo, cuando estas son violentadas, siempre va a estar la acusación y el castigo por haber superado la barrera de lo permitido, por violar la ley.

Un ejemplo:

Desde chicos nos “domesticaron” para hacer una fila cuando vamos a pagar una factura o una boleta en el banco. Si yo salteo a todos y me voy directo a pagar a la caja, todos los que están en la fila, como mínimo, me van a mirar mal, eso ya lo tengo incorporado, debo hacer la fila ya que si no voy a tener una sanción de algún tipo. Un grito o algún que otro insulto.

Esto también ocurre con las maneras de hacer iglesia, estamos tan acostumbrados a que sea de determinada manera, a que el mensaje que se predique sea siempre apoyando o atacando a los mismos temas, que no nos ponemos a pensar por qué no pensamos de otra manera. Acá también funciona la regulación. Sin pensarlo no cuestionamos.

Cuando en una institución hay demasiada regulación, menor será la capacidad de moverse libremente en direcciones alternativas, hasta opuestas.

Es bueno repensar algunas cosas, y aprender a verlas desde otros puntos, esto nos hace crecer.

A veces dentro de una institución religiosa hay tanto “orden” que no se da lugar a que circule el aire, a que se den las diferencias, a que surjan los sujetos desiguales, divergentes y multiformes.

La funcionalidad de la congregación rígida

Lo que hace este sistema estructural es atraer a aquellas personas que se sienten desprotegidas y necesitan de la tutela y de la paternidad de un líder, pero ni bien resuelven sus asuntos y buscan crecimiento y cambios, se les obstaculiza por la misma lógica estructural.

Dicha estructura, así como atrae, también repele y expulsa a aquellos que piensan de otra manera, no hay lugar para los diferentes, podés ser miembro mientras sirvas a la congregación y pensés de una misma manera, acorde a la de ellos.

Muchos amigos han dejado de congregarse por no encontrar su espacio, por no poder tener su lugar para ser.

En muchos casos ellos se fueron al “mundo”, cayendo en los mismos vicios que una vez hubieron superado.

Tal vez el mensaje implícito que se recibe es el de que Dios es esa estructura, Dios bendice dentro de esa estructura, y fuera de ella no hay Dios ni bendición.

Ese es uno de los mensajes que se lee de estas estructuras religiosas de multinivel. Homologa lo que es Dios, con una iglesia que piramidalmente va barriendo a aquellos diferentes.

Aun esto ocurre en aquellas congregaciones más chicas que también comparten la estructura de multinivel.

Parece ser que este tipo de sistema eclesiástico busca expandirse a toda la sociedad, como un tirano que impone su gobierno a la fuerza, bajo una dictadura espiritual.

Tal vez, sea tiempo de repensar el tema y ampliar la perspectiva de lo que significa ser cristiano en este siglo XXI, buscando formas alternativas de congregación, formas diferentes de realizar la práctica religiosa.

Cuando los ojos empiezan a abrirse a una realidad diferente, se hace imposible callar, porque como dijo el apóstol Pablo: “No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído”.

Puede que estemos en ese momento de la historia en que lo viejo muere y lo nuevo todavía no puede nacer, pero pronto surgirá esa nueva dimensión de iglesia, para todos y por todos.

 

Rodrigo Ferrando

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