07 El precio de la salvación (espejitos de colores)

header_desaferrandonos

Era un sábado de otoño, un atardecer frio. Esperando el colectivo para ir a visitar a un pariente. Cerca de la parada del colectivo había una plaza, y en el centro de la plaza había un evento comunitario, eran unos jóvenes que con unas remeras verdes ofrecían café caliente, comida y ropa para aquellos que estaban en condición de calle; había juegos organizados por ellos para los chicos y actividades para la gente de la tercera edad, tejido a mano, juegos de ajedrez, cartas y demás entretenimientos.

Mucha gente se arrimaba al lugar para ser parte de la actividad, al parecer todos los sábados había actividades de este tipo en la plaza, pero de diferentes agrupaciones y movimientos de diferentes colores.

Muchas ONG se dedican a hacer este trabajo, que es muy interesante para acercarse a aquellos que andan oscilando por la vida con poco sentido o casi ninguno.

En estas actividades además de encontrar algo caliente para tomar, una recreación y algunas otras cosas de interés, se puede encontrar algo muy elemental, un grupo de gente ayudando a otro grupo de gente.

Todos los que se juntan el sábado en la plaza, encuentran una familia y una especie de contención, tanto para los que van a ayudar como para los que son ayudados, el que va el sábado a la plaza puede encontrar personas con situaciones parecidas a las suyas y sentirse entendido en ciertas maneras.

Creo que las dos cosas son importantes, la taza calentita de café y el abrigo humano, la compañía de otras personas que le dan sentido al individuo desorientado y las medialunas.

Como en una libre congregación, sábado tras sábado, diferentes movimientos sociales organizan en la plaza actividades integradoras abiertas, para cualquiera que se quiera acercar. Sólo es ir, participar, y sentirse parte de un grupo de gente, pasar un tiempo de recreación y mantener un dialogo con algún compañero de tejido, un dialogo donde las emociones puedan ser puestas en palabras. Emociones que se alivian cuando hay algún otro compañero de camino. Seguro que si alguien vuelve a ese lugar es porque siente que le hace bien.

Esto es lo interesante, después de quitarnos esas ropas apretadas de algunas doctrinas que piden siempre algo a cambio, poder ver que en la desnudez de la vida, todo lo que necesitamos es el compañerismo, la integración, el soporte mutuo, la empatía y la comprensión.

La levadura del amor crece mucho mejor donde se respeta al otro, donde no se juega con su necesidad para hacerlo mi discípulo.

Los que le ponen precio a la levadura

Pero no todos los sábados son iguales.

Un sábado cualquiera, no recuerdo cual, en esa misma plaza de la que hablábamos anteriormente, un grupo de una iglesia evangélica había ocupado el lugar para hacer como otros movimientos, algo de ayuda a la comunidad, pero esta vez, la ayuda tenía un precio. Había chicos sirviendo mate caliente, y otro tantos repartiendo volantes de evangelización con el nombre de la iglesia. Unos remendaban las redes y otros pescaban, como se dice en la jerga evangelística. Como ando seguido por el lugar me quedé dando vueltas por ahí y me repartieron un folleto. Lo guardé para mirarlo en casa tranquilo. Pero como siempre tomo el colectivo ahí, me había hecho amigo de algunos con los que viajábamos siempre juntos.

Mi amigo Pablo

Pablo era un tipo que nunca había pisado una iglesia, trabajador y padre de familia, no sabía más que eso de él, pero ese día nos sentamos juntos en el colectivo, y empezó a leer el folleto que a él también le habían dado.

En ese mismo instante Pablo se entera de su condición espiritual, mientras mira el folleto de la iglesia su rostro se le empezó a poner confundido, con los ojos como aburridos y las ideas perturbadas. Me imaginé lo que podría estar leyendo, así que tomé mi folleto y también lo leí. Claro, era un tanto lapidario para un sábado a la tarde y para un humano que no sabía que era el cristianismo.

Ahora Pablo era un vil pecador con las siguientes características:

– Había violado las leyes sagradas por Dios dadas a Adán y a Eva hace más de 6.000 años.

– Estaba separado y alejado de la voluntad de Dios.

– Vive de manera pecaminosa, carnal, obscena y animal.

– Y vivirá una eternidad en un fuego que nunca se apaga.

Pero lo bueno es que Pablo logró recomponerse cuando leyó la parte que le ofrecía la solución a su condición de perdición.

A continuación, paso a listar lo que se necesita según el folleto para que Pablo pueda vivir junto a Dios eternamente:

– Congregarnos

– Arrepentirnos

– Bautizarnos

– Servir en la iglesia

– Encontrar el “llamado de Dios” para nuestras vidas

– Tomar la Santa Cena una vez al mes

– Diezmar

– Llevar gente nueva a la iglesia

Y después de todo esto, si Pablo continúa con el buen deber, la vida eterna en el más allá.

Estas ideas entre Dios acá y Dios allá, entre toda la novela del evangelio que nos sumerge en una historia de pecado y de redención, son las que hacen retrasar el accionar de priorizar lo humano por sobre lo religioso.

Esta manera idealista de comprender la divinidad, de pensar que hay un mundo ideal allá lejos que determina este mundo material, y que hay un gran abismo entre ambos, pero unidos por la redención de Cristo, hace que pongamos en segundo lugar la urgencia, la inmediatez de las cuestiones sociales, de lo que el otro está necesitando y gritando en cada esquina.

Es decir, lo que este grupo de jóvenes estaba haciendo en la plaza es lo correcto, es asistir a las necesidades de nuestra comunidad, ese es el mensaje de Jesús, pero el punto acá está en que la iglesia puso esta acción comunitaria como excusa para llevar gente a sus templos, para llevarlos a ese mundo ideal platónico.

Un viaje

Pensaba mientras viajaba ya en el colectivo, que sencillo y fácil sería la vida cristiana si nos ocupáramos de lo que realmente es importante, prioritario, de lo que no debería ser la excusa, porque es el fin en sí, la justicia, el amor y la paz. No están a la venta.

Hoy día, hay buenas propuestas sociales por parte de la iglesia, pero dichas propuestas no deben ser el medio para llevar a la gente a un fin, para llevarlas a la salvación, para llevarlas al cielo, estos medios son el fin en sí, estos medios son la salvación que tanto predicamos.

¿Si la salvación no es librarnos de nuestras pesadas cargas diarias, entonces que es la salvación?

La ayuda, la solidaridad, el bien común, la hospitalidad, el amor es vivir el Reino de Dios acá y ahora. Es construir a través de lazos afectivos una comunidad donde la justicia el gozo y la paz sean el resultado directo de entender que la iglesia es pura y exclusivamente transformación, cambio y revolución. Acá y ahora.

La enseñanza del “Buen Samaritano” nunca fue un medio, una carnada, para introducir posteriormente al “necesitado” a un conjunto de doctrinas, normas y creencias. La acción directa sobre la necesitad del otro es el fin en sí. El amor no es un medio, el amor es el fin en sí mismo. Dios no es un medio para atraer multitudes, Dios es el fin en sí, como el aire, Dios es omnipresencia, que todo lo llena, que da vida.

La espiritualidad para Jesús es sencilla, practica y posible en un horizonte cercano, en un espacio-tiempo presente, ahora y en todas las plazas.

Unidad

Como pensamiento semita, los galileos del primer siglo entendían que el hombre era uno, y uno con Dios, al igual que Dios era uno, esto es una manera de verse y de ver la divinidad de manera íntegra, unida, no separada. No hay un alma y un cuerpo para la cosmovisión de Jesús, no hay ideales abstractos por un lado y materialidad por el otro, no hay una cosa espiritual apartada, separada de las cosas materiales.

Para Jesús la espiritualidad se extendía sin interrupción a las necesidades de todos los pobres. Y por pobres se entiende aquellos desdichados y marginados.

Al no haber separación, hay unidad, y esta unidad es una espiritualidad que se solidariza con las cuestiones sociales, con las problemáticas que el hombre vive, acá y ahora, y esta es la mirada que nos trae respuesta, solución, a una gastada espiritualidad moderna, que separa, divide, dicotomiza lo que es espiritual, de lo que es la realidad de la vida cotidiana.

Hay una cuestión que es necesaria resaltar y es importante revisar, hoy hemos hecho de Dios algo separado de lo que es la vida que vivimos a cada momento, en cada instante, lo hemos separado de nosotros, lo hemos separado del que lo necesita.

Hemos separado a Dios del necesitado, se lo expropiamos para después vendérselo, para cambiárselo por espejitos, y digo espejitos, en el sentido metafórico de que luego el creyente se vuelve algo narciso contemplando su belleza en el espejo.

 

Rodrigo Ferrando

Facebook Comments