06 Ángeles y demonios

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Lo bueno y lo malo

Hubo un tiempo en el que en las familias de creyentes se pensaba de manera muy sencilla y básica, no había necesidad de buscar causas en cuestiones externas a las que las doctrinas proporcionaban, es decir, todo lo bueno venia de Dios y todo lo malo venia del mundo de las tinieblas. Así de sencillo. Sin más vueltas.

A las funciones y anomalías naturales -así como sociales- del hombre les dimos nombres espirituales.

Si era pobre, había espíritu de pobreza. Aunque nunca había espíritus de riqueza en la iglesia.

Si tenía ganas de un helado, había espíritu de gula.

Si llegaba tarde al culto, había espíritu de llegar tarde.

Si no había lavandina para limpiar el baño de la iglesia, había espíritu de mugre.

Si la luz se cortaba en pleno éxtasis espiritual durante el culto, había espíritu de oscuridad.

Y así sustantivamente diría El Chavo del 8…

Aunque, es muy acertado lo de El Chavo, porque caímos en la sustantivación de las ideas mitológicas, es decir, le dimos corporalidad a nuestras cristianas ideas de “seres” que controlan la realidad.

En mi infancia, veía todo de color “ángeles y demonios”, todo era una batalla que se libraba en lo espiritual y tenía su manifestación en las cosas materiales.

Todo era un conjunto de pensamientos antiguos que quedaron plasmados en muchos de los poemas, epístolas y cartas que componen la Biblia actual.

Respecto a esto, para los interesados, hay autores serios que hablan sobre la religión y el origen de los mitos, o el origen de este tipo de ideas en el seno de sus sociedades.

Para comprender la totalidad, el hombre ya desde sus inicios intentaba explicar lo ocurrido en sus vidas, en el clima que favorecía o no a sus campos, o en cuestiones desconocidas, desde una mirada cosmogónica, totalitaria. Conjeturando lo que no conocían en narrativas donde seres maravillosos negociaban con la humanidad los asuntos cotidianos.

De esta manera las narraciones de los antiguos ofrecían una mirada integral del mundo, facilitando la percepción de aquellos fenómenos que se les presentaban como extraños. De hecho, eso es lo que hacía el escritor de Génesis miles de años atrás cuando escribía el origen de las cosas.

Todos los cómics tienen un archienemigo

Superman tiene a Lex Luthor

Los 4 fantásticos tienen al Dr. Doom

Iron Man tiene a Mandarín

Jesús tiene a Satanás

Y así podemos hacer una larga lista…

Si preguntamos entre nuestros amigos creyentes, notaremos que muchos de ellos entienden la realidad como la entendían cuando eran niños, como un cómic.

Algunos de ellos ven a Jesús como el Héroe de todos los comics, pero no deja de ser un cómic en el sentido de que es el súperhéroe de su mundo cosmogónico.

La característica principal de este mundo donde habita el “comic Jesús” es clara, como dentro de una serie de dibujitos animados, este “comic Jesús”, me salva de un archienemigo que viene a destruir todo lo que se le cruza por el camino, de Satanás y sus amigos.

¿Pero qué pasa con el Jesús concreto?

¿Hay otro Jesús?

Si, puede ser que sea el que fue tapado por tantos años de tradición religiosa. Aquel Jesús devenido en mito para la cristiandad.

Entonces, a diferencia de aquel mundo de fantasías, el Jesús concreto es el que lidia con la humanidad concreta, que se mezcla con los humanos y trabaja por la salvación de toda la comunidad, empezando por aquellos desintegrados y desincluidos, y esto en todos los sentidos.

Por eso el único enemigo que encuentra este Jesús concreto es al propio hombre que con algún tipo de egoísmo busca la salvación de su ombligo.

Cuentos infantiles

Una de las funciones que la idea de Satanás cumple es la de tener a los creyentes controlados, bajo el temor al castigo, al fuego eterno y a la crueldad de un ser que busca destruirnos. Sobre todo, en los niños y adolescentes.

Esta coerción es perjudicial cuando desvirtúa la imagen de Dios, de la realidad, y paraliza el crecimiento en la sociedad del creyente. Nos hace seguir a Dios por temor y no por convicción.

Sobre la guerra espiritual

Me acuerdo que en la semana habían tres días de reunión, el domingo, el culto general, el viernes, reunión de agradecimiento, y los martes, reunión de liberación (oración y guerra espiritual).

Eventualmente asistía los tres días porque tocaba en la banda de alabanza y adoración. En cada reunión veía como oraban y batallaban en el campo espiritual mis hermanos en la fe.

Se veía la expresión en sus rostros, de la fuerza que ponían en las palabras, cargadas de sentimientos de lucha contra el causante de sus miserias, el enemigo, quien vino a “matar, robar y destruir”1.

Hacia el final de la oración se veían los rostros más relajados, rostros como de haber obtenido la victoria después de una larga contienda en las esferas celestes, pero victoria que sería sólo por una semana, ya que el duelo se disputaría nuevamente el próximo martes, a las 19 hs, en las regiones espirituales. Puntual.

El método correcto de guerra espiritual:

Primero, y antes que nada, para ser un guerrero espiritual era necesario haber hecho el curso básico y elemental de demonología 1, luego el 2 y luego el 3, y por supuesto contar con toda la bibliografía necesaria y memorizar Efesios 6. Segundo, ser puntual, a las 19 hs es necesario estar en el puesto de batalla, cada intercesor sabía cuál era su lugar en el salón de la iglesia. Como un equipo de rugby, todos unánimes tomados de las manos hacían una oración para cubrir a los familiares, las casas, los electrodomésticos, los instrumentos musicales, los cables y el bolsillo del pastor.

Una vez que los guerreros estaban listos para salir a la cancha, se ponían la armadura cultural aprehendida por el dogma y daban rienda suelta a los golpes de espada en el aire.

Aunque ya sabíamos que Satanás estaba vencido y debajo de nuestros pies, era necesario martes tras martes seguir completando la obra inredentora de Jesús, aquella obra que necesitaba un parche, la guerra espiritual.

La gracia de Dios necesita obras para funcionar, este era el pensamiento que alimentaba a este tipo de creencias, como cualquier creencia que intenta hacer algo para tener algún beneficio divino.

Entonces Satanás ya estaba derrotado, pero seguía dando vueltas por el aire junto con todo su escuadrón, nunca cesaría esta batalla sino en el Armagedón, en aquel día cuando, según la corriente dispensacionalista, el mundo explote con toda la maldad y los santos se vayan a la tierra nueva y al cielo nuevo, dejando atrás todas las miserias.

El gran giro, ¿una guerra de ideas?

El escritor de Efesios, por cierto, si se lee con detenimiento y entendimiento, está usando un lenguaje propio del momento, propio de un tiempo donde el Imperio Romano estaba invadiendo ciudades y destruyendo a las que se oponían a su sometimiento. Parafraseando al historiador judío Josefo: “En Jerusalén (para el siglo uno) se avista una miseria y una maldad como nunca la hubo ni la habrá jamás. (Se parece a lo dicho en el Sermón del Monte por Jesús). ¿Casualidad?

El escritor de Efesios estaba familiarizado con las jerarquías propias de un ejército que estaba muy organizado y disciplinado para conquistar todo aquel mundo conocido.

Esta forma de lenguaje era sólo para describir la oposición que se tenía contra aquellos que no permitían el avance del evangelio de Pablo, la batalla era ideológica y no espiritual.

Había en el siglo primero, cientos de grupos, y muchos mesianismos que pugnaban entre sí, que querían opacar la fe en Jesús, en el Jesús predicado por Pablo. Entre los principales oponentes estaban los judíos que no podían aceptar tal idea, la de un Jesús como el enviado de Dios.

Algunas consideraciones prácticas

Aunque por años se han malinterpretado cientos de pasajes bíblicos, es hora de reivindicar y respetar al escritor, a los receptores y al mismo mensaje.

Pero nos enseñaron a leer con lentes de un solo color, y así interpretamos, a un solo color.

La funcionalidad social de la guerra espiritual

La “guerra espiritual” cumplió una función necesaria e importante, la de contener y amalgamar socialmente a estos sectores evangélicos desfavorecidos, aunque por el otro lado fue un límite, un impedimento para desarrollar aptitudes y cualidades suficientes y necesarias para enfrentar los problemas en la materialidad, en la vida práctica.

Las oraciones orientadas hacia lo económico estaban a la orden del día, que se destraben juicios, que Satanás suelte trabajos mejores o que el marido se logre independizar de un trabajo esclavo. O también sobre deudas para que automáticamente se cancelen.

La transferencia de responsabilidad

Como un niño que culpa a otro de que le robó el juguete, así culpábamos a Satanás de que nos robó el trabajo, la novia, la casa o la paz.

Tener un enemigo como Satanás, es beneficioso en el sentido de que nos mantiene irresponsables ante lo que pasa alrededor. Si lo que ocurre en mi vida es producto de lo que pasa en el ámbito celeste, entonces tengo poca capacidad de moverme en lo material, lo cual me desliga de cualquier esfuerzo de estudiar, de buscar alternativas laborales, de cuidar mi salud, de tener un pensamiento independiente, etc.

Esa actitud de responsabilizar al otro, es de origen propiamente humano, ya en la narración de la creación del hombre Adán culpa a Eva, Eva a la serpiente, ¿y la serpiente a quién?

La serpiente se hace cargo, esa es una buena enseñanza para el cristiano.

Repasando

Entonces, hay una relación directa entre el nivel socio económico del creyente y la importancia que se le da en la práctica a la guerra espiritual y al conflicto entre ángeles y demonios. Los más desfavorecidos son los que más subliman y abstraen sus dramas, sus miedos y debilidades, mientras que los de sectores más favorecidos tienden a enfrentar la realidad de una manera más práctica, es decir, mediante obras que trabajen directamente sobre el problema que los afecta.

Si realmente queremos ser participantes de lo que está pasando hoy en la sociedad, es necesario dejar las excusas de lado y dejar de culpar a enemigos inventados por la mitología y la tradición de culturas lejanas, es necesario un giro en la manera de comprender la espiritualidad, si todos buscamos escaparnos a otra realidad, a otro lugar que no sea el presente, si nos escapamos de este momento sagrado en el cual estamos viviendo, ¿quién va a buscar que las cosas cambien para bien, trabajando sobre problemáticas a las que no podemos hacer oídos sordos, a las injusticias sociales que relegan a los pueblos de “tercer mundo” y los hace vivir en condiciones infrahumanas?

Condicionados pero no determinados

Aunque la forma de vida en la sociedad en la que vivimos nos condiciona de múltiples maneras, arrojando a unos humanos a la desgracia y a otros a la buena vida, es importante recordar que no estamos determinados a estar en condiciones de opresión de ningún tipo, esto sí puede ser cambiado.

Lo que estamos necesitando son herramientas adecuadas para enfrentar cada situación, como un sujeto comunitario, la iglesia necesita ponerse la armadura del conocimiento, tomando conciencia del mundo donde vive, pero también de la fe, la flexibilidad y la esperanza de que en las acciones más básicas, en la colaboración con el otro, está el cambio, y esto es hacer día a día, un mundo más igualitario.

 

Rodrigo Ferrando

 

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