03 Lo sagrado y lo profano

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Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos

(Crética de Epiménides)

 

…O posteriormente mencionada por Pablo en el libro de Hechos, aunque redactada por el médico Lucas. En fin, el mensaje es claro: Para el espiritual no hay un mundo dicotómico, dividido entre lo sagrado y lo profano.

Esta es una anécdota que me ocurrió en mi época de adolescente, cuando comenzaba a buscar información fuera del mundo evangélico, fuera de las librerías cristianas, fuera de los chats cristianos, cuando empezaba a buscar, como en la película “La Aldea”, que era lo que había allá afuera, en ese mundo tan temible, en ese reino de Satanás, donde la cobertura de Dios no llegaba, donde la sangre de Cristo no tenía más jurisdicción. Quería saber que pasaba si rompía esa burbuja de protección, así que no dudé, motivado por unos valientes amigos, fui a una santería del barrio y compré un libro de umbanda, pequeño libro, pero decía lo más importante de su religión.

Al principio sentí un poco de miedo cuando mis amigos esperaban en la vereda del local y yo entraba en medio de velas y santos, de humos y colores, pero después pensé, no, ellos (los santos) se tienen que manifestar y no yo, así que recobre ánimo y pedí con tono avalentonado: “un libro umbanda por favor”, esperando que a la mujer se le den vuelta los ojos, o me pregunte “¿por qué vienes a atormentarnos?”.  Pero nada extraordinario pasó, el corazón me latía fuerte pero la fe me hacía sentir que tenía la misma unción que Annacondia en sus mejores momentos.

Un montón de preguntas me empezaron a venir de repente mientras caminaba a mi casa, ¿por qué no se manifestó ningún demonio cuando yo, ungido, entré en la santería? ¿Por qué no hubo ningún movimiento en los aires espirituales, ninguna lucha, ninguna manifestación “rara”?. ¿Seré yo uno de ellos? ¿Qué paso con mi santidad, con mi unción, con mi fluido dialogo con el Espíritu Santo? ¿Por qué no me dijo el Espíritu Santo que le dijera a la que me vendió el libro, “¡oírme bien Satanás”!?

Algo se rompió

Una vez terminado de leer el libro, y con la vida rutinaria de siempre, ningún cambio espiritual, carnal, ni de ningún tipo se dio, guardé el libro en un mueble cualquiera, uno que estaba en el lugar donde se hacían reuniones cristianas en la casa de mi abuela.

Mientras tanto, algo profano estaba en el lugar santo, mi libro umbanda estaba en el lugar donde se hacían reuniones evangélicas, y una presencia fría y oscura rondaba el mueble. A esto, jugando en el patio se rompe de un pelotazo el vidrio de un ventanal gigante, los vidrios les pasan cerca a unos chicos que lograron salir ilesos.

Las primeras replicas, “¡fue el libro umbanda que compro Rodrigo!” “¡Hay que quemarlo y cubrirlo en oración!”. Exclamaban los fieles mientras yo miraba Los Simpson con una taza de mate.

Tal vez esta había sido una de mis grandes conquistas: lo sagrado y lo profano estaba en la conciencia del hombre y no afuera de ella.

El mecanismo dogmático es circular, entonces busca las causas de los hechos en sus creencias aprendidas, es decir, si se rompió el vidrio mientras adorábamos a Dios, fue porque algo se manifestó, algo oculto había que se estaba dando a conocer, y esto era el libro umbanda según ellos, aunque si el libro no estaba hubieran encontrado algún cigarrillo en el bolsillo de algún fiel, y esto hasta el infinito, buscando causas irracionales para hechos que se explican desde lo racional.

Entre lo sagrado y lo profano

Tal vez la división que formula el pensamiento religioso sobre lo sagrado y lo profano también divida entre lo que es de Dios y lo que no es de Dios, la sociedad, la cultura y los hombres se dividen entre los que tienen a Dios y los que no tienen a Dios, entre Babilonia y Jerusalén, entre Sodoma y Buenos Aires, entre la música cristiana y la música mundana, entre un corazón con Dios y un corazón sin Dios, entre una película cristiana y una película mundana, y así la lista sería larguísima, pero el principio es: todo elemento tiene su opuesto sin Dios, y lo que es sin Dios no edifica, es malo, y trae consecuencias negativas.

Pero, ¿qué pasa con el aire, con el agua, con la tierra y con el mismo Dios? ¿También se los puede dividir entre cristiano y secular?

Este mundo dicotomizado, forma en el pensamiento la idea de que dentro de la iglesia está lo santo, lo que es validado por Dios, y que todo lo que está afuera de ella es algo que Satanás controla con su ejército de demonios. En la iglesia estamos protegidos y fuera de ella hay peligro, en la iglesia está Dios y fuera de ella reina Satanás.

Con el afán de repetir este pensamiento en el hogar, tratamos de permitir todo lo que es sagrado, lo que representa y contiene a Dios, entonces sólo se escucha música cristiana, más ahora que hay una variedad inmensa de estilos, desde cumbia hasta bolero, hemos imitado al “mundo secular” pero ahora con productos cristianos, sólo vemos novelas y películas “santas”, y cuando vamos al almacén tratamos de ir a la góndola de productos “santos”, pero lamentablemente todavía no se están fabricando alimentos no perecederos con bajo contenido en mundanalidad y secularidad. No hay milanesas cristianas en la carnicería y tampoco hay bizcochitos de grasa cristianos en la panadería.

El secreto está en que el creyente le llama sagrado, santo, a aquello que lo hace conectar con su Dios, mientras que le llama profano a lo que piensa que está alejado de Dios, esto fue así desde el principio de la religión, desde el principio de la vida del hombre. Este necesitó armarse de símbolos que lo ayudasen a conectar con su espiritualidad y alejarse de lo que contaminase esa relación sagrada.

La música es música, la milanesa es milanesa y el aire es aire, si hay una división es la que yo mismo hago en mi mente.

El hombre exterioriza a lo largo de la historia su trabajo sobre la cultura, produciendo arte, canciones, pinturas, modas, ciencia, filosofía y su mundo donde vivir, el hombre produce su propio mundo donde vivir, pero luego, nace y se encuentra con una cultura ya desarrollada, trabajada y modificada por cada generación durante miles de años.

En el proceso de exteriorización el hombre actúa, trabaja, modifica, cambia la realidad.

Esta realidad se interioriza en el hombre que llega a un mundo ya objetivado por el trabajo de generaciones anteriores a él y a través de la educación, del aprendizaje, la internaliza, la aprehende, la hace suya. Entonces toda la sociedad y toda la cultura existente, los códigos, el lenguaje, la realidad objetiva, lo que es, sólo es internalizado por el hombre en parte, y esta es su realidad subjetiva. Un ejemplo, voy a una biblioteca y veo miles de libros escritos a lo largo de varios años, esa es una realidad objetiva, pero lo que yo pueda internalizar de todo lo que está en esa biblioteca es realidad subjetiva.

El cristiano aprende a ver la realidad como dividida, separada en dos, no hay unidad de todas las cosas para él, sólo se siente parte del mundo de lo sagrado, mientras que el mundo profano está ahí, tentándolo a perder su conexión con su Dios. El cristiano se vuelve reacio a lo que “el mundo”, lo de “afuera”, le pueda ofrecer.

Cada hombre que viene al mundo y nace en un hogar cristiano, aprende a ver la realidad de manera dicotómica, limitando su accionar en el mundo como así también su relación con el resto de las personas.

Si la cuestión es edificarnos, crecer espiritualmente y fortalecer nuestras relaciones inter-humanas, debemos decir que también “dentro de la iglesia” hay productos culturales que no edifican, imaginando un mundo ideal irrealizable, lejos del alcance del hombre común, con muy poco efecto en la vida práctica.

Por el otro lado hay que mencionar que sí hay muchas canciones “mundanas” que son de gran aporte al objetivo de crecer espiritualmente y en relación con los demás, muchas canciones seculares nos hablan sobre el respeto al prójimo, sobre el buen amor y sobre principios que son muy útiles para la realización de la vida cristiana. Aunque parezca contradictorio.

Veamos algunos productos de nuestra cultura cristiana dicotomizados, para ver, en la totalidad, lo ilógico de este pensamiento:

ASPIRINA CRISTIANA                  ASPIRINA MUNDANA

MILANESA CRISTIANA                 MILANESA MUNDANA

MÚSICA CRISTIANA                     MÚSICA MUNDANA

FUTBOL CRISTIANO                    FUTBOL MUNDANO

LAPICERA CRISTIANA                 LAPICERA MUNDANA

REMERA CRISTIANA                   REMERA MUNDANA

PERRO CRISTIANO                     PERRO MUNDANO

FAMILIA CRISTIANA                    FAMILIA MUNDANA

AIRE CRISTIANO                          AIRE MUNDANO

TRABAJO CRISTIANO                 TRABAJO MUNDANO

PAREJA CRISTIANA                     PAREJA MUNDANA

LIBRO CRISTIANO                       LIBRO MUNDANO

Lo que divide acá es la ideología, cristiana/mundana, ver a los objetos con un rótulo, con un título, es una actividad del lenguaje, definimos algo con un adjetivo y lo encasillamos en bueno o malo. Las cosas son cosas, son lo que son, están ahí, la percepción está en nosotros, y en nosotros están las categorizaciones que les damos, entonces, ¿por qué no ampliar nuestro mundo?

¿A cuantos adolescentes se les ha prohibido escuchar buena música “mundana” porque no era de Dios, a cuantos recitales, conciertos, dejamos de ir por categorizar en nuestra mente entre cristiano y no cristiano? Pero, ¿cuántas milanesas “mundanas” dejamos de comer? Ninguna.

En la época de Jesús no había cristianos, por lo tanto, no había forma de definir lo que era cristiano de lo que no era cristiano, la música era música, las palabras eran palabras, las acciones eran acciones.

Volando en otro nivel

Tal vez es tiempo de ampliar el conocimiento y derribar las barreras que impiden que Dios sea todo y en todos, tal vez habría que empezar por el cambio en la manera de pensar, entendiendo que no hay gente con Dios y gente sin Dios, vacas con Dios y vacas sin Dios, el mate con Dios y el mate sin Dios. Como hemos dicho anteriormente, lo sagrado y lo profano es solo una categorización, una simbolización religiosa que nos familiariza con lo espiritual, pero como bien ha dicho nuestro amigo Rob Bell, “todo es Espiritual” y no hay espacio ni tiempo que pueda escapar a la realidad de Dios. No podemos decir Dios esta acá y Dios no está allá, aunque sí, pero crea una falsa realidad, y una errada manera de concebir al mundo, a las cosas y a las personas, limitando de esta manera nuestra forma de relacionarnos y de accionar en la sociedad.

Una visión dual, dicotómica, de comprender la realidad nunca podrá llevarnos a la unidad que tanto ansiamos como humanidad. Porque siempre verá a la humanidad dividida en dos grandes polos. Los unos y los otros.

Si comprendiéramos que todo es sagrado, si le enseñáramos a la próxima generación a conectarse y a simbolizar todas las cosas en relación a lo espiritual, podríamos hacer un gran cambio en la manera de experimentar la divinidad, un cambio en la manera de vivirla, una transformación en nuestras relaciones sociales.

Si logramos superar esas barreras dicotómicas entre lo sagrado y lo profano, entre lo cristiano y lo mundano o secular, podremos ver trabajar a Dios en cada detalle de nuestras vidas, ampliando nuestra perceptividad de lo que día a día vivimos, en el trabajo, con la familia o con algún vecino.

Si derribamos la cristiana barrera de ver las cosas, estaremos derribando la triste realidad que nos separa entre los que van al cielo y los que van al infierno, entre los santos y los pecadores, entre los que están “calibrados” con Dios y los que están endemoniados.

Una mentalidad dividida hace que no veamos que somos hermanos, que la tierra es nuestro cielo, y que la comunión entre nosotros es lo más sagrado que podemos experimentar.

 

Rodrigo Ferrando

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