01 El Rapto

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Recuerdo hace años cuando estaba dentro de la corriente de pensamiento que pregonaba una inminente venida de Cristo, más popularmente conocida como el rapto, había cierto “bombardeo cultural” en el ambiente cristiano, el rapto era algo tan naturalizado, aceptado, que estaba en las letras de las canciones, en los manuales de teología, en las películas y en el lenguaje cotidiano del creyente promedio. Ser cristiano prácticamente representaba creer en el rapto. Como dijo un amigo “todos estábamos con la valija en la mano”. Apenas se iba a trabajar, sólo para el sustento del mes. Se vivía una euforia colectiva que no daba lugar a ninguna proyección a futuro. Ya nada más tenía sentido en esta vida. Todos queríamos ser llevados, arrancados de este cruel mundo.

A ninguno de nosotros nos gustaría que nos “lleven por la fuerza” fuera de nuestro lugar, de nuestro hogar, de donde estamos transitando la vida diaria, a nadie le gustaría que nos secuestren y que nos lleven a un lugar desconocido. Pensar que alguien quiera ser secuestrado representaría un sinsentido y un pensamiento casi irracional, por más circunstancias y problemas que se estén pasando uno siempre va a elegir estar con sus seres queridos, con los amigos de siempre, con quienes en comunidad logramos sentirnos contenidos.

Hoy convivimos con este flagelo social que parece aumentar día a día, es el flagelo de la trata de personas, el secuestro de personas, que parecen ser un uno de los enemigos principales de nuestras sociedades. Pese a las políticas y a las leyes para mitigar, reducir y penar esta actividad anti humana, el siniestro accionar continúa naturalizándose y avanzando día a día en medio de una sociedad que parece inmovilizada.

Yendo a la palabra, a la palabra raptar

La palabra secuestrar puede ser usada de la misma manera que usamos la palabra raptar, capturar, retener o sustraer. Estas connotan una acción de sustracción, de sacar algo de su lugar. De hecho, muchas veces son intercambiables.

Nos quedaremos con la palabra “raptar” que viene del latín rapere, la traducción más correcta sería la de “llevarse por la fuerza”.Esta palabra es muy usada en el lenguaje cristiano con la intención de explicar o dar a conocer el evento que tendrá lugar en el fin de los tiempos. Dicho evento sería aquel que separe a los buenos de los malos, cuando Cristo raptando o secuestrando a su Iglesia santa la lleve fuera de esta tierra, lejos de los problemas, de las preocupaciones, pero también lejos de la familia, de los amigos, de los seres queridos, de los proyectos de vida que se vienen desarrollando, y lejos de la realidad.

Pero como hemos dicho anteriormente, secuestrarraptar, es un delito considerado a nivel internacional como de lesa humanidad, viola los derechos humanos, se lo considera una forma moderna de esclavitud.

En Argentina este delito está penado por la ley 26842 ampliada y mejorada hacia fines del año 2012. Esta estipula una pena de entre 3 a 15 años de prisión.2

Ahora bien, teniendo en mente la ilegalidad que presenta el acto del rapto dentro de una sociedad civil, pensemos como esta ilegalidad trabaja también dentro de la iglesia cristiana de una forma idealizada, cristalizada en lo más profundo de la conciencia religiosa.

Consideremos algunas cuestiones particulares dentro del ámbito cristiano.

Según la perspectiva cristiana, o por lo menos en su gran mayoría a nivel occidental, Dios nos raptaría para llevarnos lejos de este mundo perverso, eximiéndonos de toda responsabilidad.

Pero, Dios estaría infringiendo la ley, o por lo menos nosotros como cristianos lo estamos tentando a que sea juzgado por leyes locales y sea metido en prisión, como dice la ley, de 3 a 15 años en Argentina, tal vez si Dios rapte a cristianos en otros países las leyes sean más severas, o no.

Tal vez esta argumentación resulte desafiante y hasta impertinente para cualquier creyente, como a mí también en un tiempo me ocurrió. Pero la centralidad de esta doctrina del rapto o del “secuestro exprés” (en un abrir y cerrar de ojos) está en la consolación imaginaria que trae a los creyentes que nada tienen que perder en esta vida. Es así que como cristianos nos volvemos egoístas y pasivos, enajenándonos cada vez más de lo que ocurre fuera de nuestras iglesias, “mientras yo sea salvo, lo demás no interesa”, pero esta forma de pensar es totalmente opuesta a la manera en que Jesús comprendía la realidad, a la sociedad, lo vemos a Jesús comprometerse en causas comunitarias una y otra vez, buscando la salvación de su sociedad más que la salvación de su propia vida.

Por eso, lo que no es coherente es que Dios habiéndonos dado un lugar en el universo para habitar, tan bello, lo destruyamos casi sin problemas para luego querer fugarnos hacia otro lugar mejor. No hay nada más irresponsable y mediocre que esa mentalidad.

Entonces, habiendo considerado que: Un rapto es una idea que va en contra de las leyes normales de la naturaleza y de Dios, nos queda por ver, que fue lo que la mayoría de los creyentes encuentran en tal doctrina.

Consideraremos las características más relevantes de la función que cumple la idea de un rapto dentro de la iglesia cristiana:

  • Escape del mundo
  • Escape de toda responsabilidad
  • Escape de la realidad
  • Crear un mundo ideal en el más allá
  • Fomentar la irresponsabilidad social
  • Crear una realidad imaginaria.

Escape del mundo

Como cuando nuestro papá nos venía a buscar a la escuela porque decíamos que nos dolía la panza justo el día de examen. Esa es la actitud, exacerbada y universalizada que el cristiano ha adoptado, y digo adoptado porque es una cuestión cultural, es un comportamiento aprendido a lo largo de los años. Esta forma de pensar nos ha hecho creer que en algún momento todo estallará, que la maldad quedará en este mundo mientras nosotros, los creyentes en esta idea raptista nos iríamos lejos, sin importar lo que luego ocurra aquí en la tierra.

Escape de toda responsabilidad

Tal vez la más nociva actitud que hemos adoptado fue la de habernos convencido de que no éramos parte de este espacio geográfico en el que habitamos, de la tierra, de la flora y de la fauna; que no es responsabilidad nuestra si las cosas se vienen abajo; que no es responsabilidad nuestra ser gente que esté a la vanguardia de la ciencia y de las técnicas que ayuden a revertir los males del calentamiento global, de la pobreza, de la desnutrición. No hay responsabilidad de repensar la realidad, porque las cosas ya están dadas, el guion ya está escrito, y el final será inminente. Quedando así determinados y condicionados por este guion perverso, paralizados.

Escape de la realidad

Es cierto que todos necesitamos por momentos “escaparnos” en circunstancias difíciles, tomar un poco de aire y hacer un viaje por unos días, visitar amigos o a la familia para cambiar el aire en los pensamientos. Pero este sentimiento normal de todo individuo que vive en esta sociedad hiperacelerada, en el creyente cristiano se potencia con la fantasía del rapto, que viene a traer la falsa esperanza de un escape continuo en nuestra imaginación. Por eso, es que es urgente y necesario salir de esa idea estática e improductiva y encontrar una praxis coherente a las necesidades del entorno donde vivimos. Como praxis se entiende la actividad transformadora, la actividad que viene a traer una solución a las cuestiones sociales, trascendiendo mis propios miedos y limitaciones.

Crear un mundo ideal

Una canción muy popular dibuja muy bien esta idea del mundo en el más allá:

Más allá del sol, más allá del sol, yo tengo un hogar, hogar dulce hogar más allá del sol (…) no habrá necesidad de la luz ni el resplandor”.3

Nos convertimos en arquitectos especializados de la ciudad y de las moradas del más allá, arrogándonos el derecho a saber lo que hay más allá de la muerte. Un mar de cristales y calles de oro, ni dolor ni angustia son las características de la ciudad celeste, aquella ciudad que al pensarla nos consuela y nos da ánimo de seguir caminando por esta tierra como personas que no pertenecemos a ella, sino a la ciudad del más allá. Es ese pensamiento del “estamos de paso por esta tierra”, pero quién sabe para qué, ya que, si Jesús nos salva al momento de acercarnos a la fe cristiana, ¿por qué no nos lleva también con él en ese momento? ¿Para qué seguir viviendo en esta tierra si el único propósito es el de ser salvos?

De nada sirve tener un mundo ideal, celestial, perfecto, si mientras vivimos en un mundo imperfecto, lleno de obstáculos no actuamos sobre él para modificarlo.

Entonces, es necesario el equilibrio y no creer que este mundo supra mundano nos exime de toda responsabilidad de vivir responsablemente con una conciencia espiritual transformadora.

Fomentar la irresponsabilidad social, extraterrestres en la iglesia

Como hemos dicho anteriormente, por lo general, no hay motivación para participar en la vida comunitaria, de sentir que todo lo que ocurre a nuestro alrededor puede ser mejorado, cambiado, este es el principio de la desnaturalización de las cosas, por lo que nos han domesticado y naturalizado con la absurda idea de que no somos de esta tierra, de que somos embajadores de otro planeta, y hemos actuado tan bien el papel, que los de afuera, los no cristianos, nos ven como marcianos, y claro, si no somos de esta tierra.

Nos convertimos en una iglesia llena de extraterrestres, que sólo contamos con dos días, el hoy y el día que el Señor venga a raptarnos a llevarnos a nuestra ciudad eterna. Extraterrestres que no se profesionalizan, no estudian y tienen poca ambición en lo que respecta al desarrollo como individuos, como comunidad.

Esta errada cosmovisión cristiana solo ha hecho que posterguemos el accionar de la iglesia, principalmente en Latinoamérica, dándole la espalda a los sectores oprimidos, a los pobres, a los marginados, a los homosexuales, a los carnales, a los ateos, a los fornicarios, a los glotones y todo aquel que no se ponga el traje de marciano.

Crear una realidad imaginaria

El rapto nos ha creado una fijación mental que, como dijimos, no es que en su totalidad sea negativa, pero no ha logrado hasta ahora encontrar un equilibrio con la praxis.

Todos necesitamos de una abstracción, de una fe, de una esperanza, de un sueño en donde apoyarnos para continuar el día a día, y tener fuerzas cada mañana para levantarnos, pero esta realidad debe ser siempre pensada, creada y recreada dentro del ámbito de lo particular, es decir, no haciendo doctrina de una particularización que he tenido sobre lo que debería ser el más allá. No es que este mal creer en un más allá, pero sí su imperialización a todas las conciencias particulares como así también su manera de anestesiarnos, de insensibilizarlos a las problemáticas locales, barriales, comunales, impidiendo proyectar a largo plazo una realidad mejor. Si hay rapto, ¿para qué proyectar a largo plazo?

 

Rodrigo Ferrando

 

Referencias

  1. https://es.wiktionary.org/wiki/raptar
  2. http://www.unla.edu.ar/documentos/centros/derechos_humanos/Ley26842.pdf
  3. Ver Stanislao Marino
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