La Trinidad como Danza Divina (entrevista de Richard Rohr para CRUX)

Richard Rohr, el sacerdote franciscano y fundador de Center for Action and Contemplation [Centro de Acción y Contemplación] en Albuquerque, Nuevo México, cree que las personas a principio del siglo XXI están preparadas para redescubrir la idea de Dios como una Trinidad, es decir, como algo relacional, abierto e infinitamente creativo.

“The Divine Dance” [La Danza Divina] por Richard Rohr.
El teólogo católico Karl Rahner escribió una vez que los cristianos se comportan como “meros monoteístas”. Esto es, si el cristianismo acabase abandonando la doctrina de la Trinidad, sugería él, la vida cotidiana de los cristianos se mantendría inalterada en su mayoría.

Richard Rohr quiere cambiar esto.

Richard Rohr, el Sacerdote franciscano y fundador de Center for Action and Contemplation [Centro de Acción y Contemplación] en Albuquerque, Nuevo México, junto a Mike Morrell, ha publicado recientemente “The Divine Dance: The Trinity and Your Transformation” [“La Danza Divina: la Trinidad y Tu Transformación”] con el propósito de invitar a los cristianos a renovar sus vidas pensando “trinitariamente”.

El libro ha obtenido el aplauso de la crítica, muy por encima de populares autores católicos como el reverendo James Martin y la Hermana Simone Campbell. Figuras mediáticas como Bono de U2 y la oradora y académica Brené Brown, han animado a su público a comprar un ejemplar.

¿Por qué se interesaría tanta gente en un libro devocional escrito por un sacerdote contemplativo que trata de una misteriosa doctrina cristiana?

“Me pregunto si se debe simplemente a que la consciencia está preparada para ello”, sugiere el autor.

¡Habla como un verdadero contemplativo!

RNS ha hablado con Rohr acerca de sus ideas sobre Dios, la religión y lo que significa ser contemplativo. La entrevista ha sido editada para facilitar su lectura, tanto en extensión como en claridad.

 

RNS: ¿Por qué crees que a tanta gente le entusiasma redescubrir a un Dios trinitario?

Rohr: Esa idea de un Ser que está ahí fuera sentado, observando críticamente la realidad y juzgándola (normalmente considerándola inadecuada) no crea personas felices, ni pacíficas, como vemos en nuestra política. Ese viejo paradigma, sin darnos cuenta, se ha ido desmoronando.

 

RNS: En tu libro, mencionas que reimaginar a Dios podría ayudarnos a sanar nuestras divisiones políticas. ¿Cómo?

Rohr: Creo que todos coincidimos en que, independientemente de dónde te sitúes en el espectro político, la política no es una cosmovisión alegre. Es inherentemente dualista, antagonista y engañosa. Nos hace desear un marco más grande, una perspectiva más amplia que el “o lo uno o lo otro”. Cada vez que se dividen las cosas en dos, la mente enseguida elige un bando. Sucede en un nanosegundo. Te identificas con una postura en lugar de con la otra, y decides que esa postura es mejor que la otra, a la que consideramos mala, o incluso demoniaca.

Tenemos que dejar ese pensamiento dualista. Esa es mi definición más simple de lo que significa la contemplación: una mentalidad que no lee la realidad de forma dualista, sino que es capaz de albergar contradicciones hasta que aparezca un tercero reconciliador, hasta que se revele un área de visión más amplia. Creo que esa es la ley de tres. No puedes elegir bandos, sino que tienes que seguir el flujo. Creo que ya estamos muy cansados de nuestras peleas. Tal vez sea por desesperación que haya tanta gente dispuesta a escuchar este mensaje.

 

RNS: ¿Por qué es importante que los cristianos tengan una compresión dinámica de Dios?

Rohr: Un Dios que solo se preocupa en tener la razón es inerte, inaccesible: “la ley es la ley” es la ley; no hay un margen de flexibilidad. Cuando consideras a Dios como relacional, y si la definición básica de la realidad es relacional, entonces obtienes un sistema abierto.

Ahí es adonde apuntaban las hermosas metáforas bíblicas cuando mostraban a Dios hablando con Moisés; Dios hablando con Abraham; Abraham con la capacidad de hacer cambiar a Dios de opinión, por así decirlo; lo mismo Moisés, conociendo a Dios cara a cara. ¡Eso es buenísimo! Pero lo hemos entendido de una forma tan estática, como cosas que le pasaron a gente muy especial, como Abraham, Moisés y Jesús.  Pero no entendimos que revelaban el patrón básico de la realidad. El patrón de la realidad es este flujo.

 

RNS: Si Dios es tan dinámico, ¿cómo llegaron los cristianos a entender la divinidad de forma tan estática?

Rohr: Lo que dice la Trinidad es: No empieces con una sustancia, un ser, y luego intentes convertirlo en tres. Eso es lo que hicimos los primeros dos mil años después de Cristo, y parecía tri-teísmo, o como si estuviéramos trasteando el monoteísmo, o como un concepto matemático, y así mucha gente, incluidos los cristianos, no supieron qué hacer con ello.

Pero todas las ciencias están descubriendo que el universo es completamente relacional. Nada existe de forma autónoma. La relación es la esencia. ¿Ves cómo esto supone un fundamento extraordinario para la compresión cristiana de la santidad? Estamos inherentemente en una relación con Dios

 

RNS: Quizás muchos cristianos estén en desacuerdo contigo en este punto, ya que la “salvación” para muchos es una elección activa para estar en relación con Dios.

Quizás ese sea el mayor talón de Aquiles de tantos cristianos, que la gracia sea un aditivo ocasional merecido por algunas personas muy santas.

Rohr: Permíteme ir a los dos primeros versos de la Biblia, donde se usa un hermoso verbo. Se dice que el Espíritu “flotaba” sobre el caos. El verbo que se usa aquí se refiere a las alas de una mamá gallina al proteger a sus pequeños, protegiendo sus huevos. Tenemos al Espíritu moviéndose sobre el caos, calentando la realidad por así decirlo. ¡La gracia no es extrínseca! Todo empieza con un acto de gracia, el cual se convierte en el universo físico. La materia, por lo tanto, es el lugar de la revelación del Espíritu, y el Espíritu se revela a través de la materia.

La encarnación que honran los cristianos es la encarnación personal. Pensábamos que había pasado hace 2000 años. Lo que la espiritualidad franciscana siempre ha creído es que la encarnación primaria es la misma creación. La naturaleza fue la primera Biblia. Y desconocemos cómo ver la presencia, cómo honrar la presencia encarnada de Dios en el universo natural. Ahora mismo estoy viendo el precioso cielo azul de Nuevo México, los árboles verdes. ¿Cómo podríamos no estar impresionados por este universo? Pero no respetamos a la primera Biblia, así que asesinamos y destrozamos a la segunda. En verdad, no estábamos preparados para honrar al Cristo.

 

RNS: ¿Qué le dirías a alguien que dice: “No puedo creer que la gracia sea activa en la forma en la que afirmas porque hay demasiada maldad y muerte en el mundo”?

Rohr: La egocéntrica psique humana simplemente no está preparada para ver que la muerte es una parte necesaria de la vida. Si observas el universo, todo se encuentra en continuo cambio, sin excepción. En la liturgia funeral católica decimos que la vida no acaba, sino que simplemente cambia.

Lo admito, parece un universo incoherente. Es muy cierto. Pero una vez que reconoces que este es el patrón del universo, entonces la muerte y resurrección de Jesús no son una anomalía puntual, un accidente puntual; sino que revelan la forma del universo y nos invitan a tener el valor de confiar en que está bien. El capítulo final es la resurrección.

 

RNS: En tu libro hablas sobre vivir en la oscuridad, como si fuera algo bueno. ¿Lo es?

Rohr: Si nos fijamos en Moisés en el Sinaí, y en Pedro, Santiago y Juan en el monte Tabor, siempre hay una combinación de una inmensa luz que aparece y una nube que la cubre. Eso nos hace saber que no sabemos. Como dice Pablo: “Vemos a través de un cristal en la oscuridad”.

La Madre Teresa dijo que quería ser conocida como una santa de la oscuridad porque la oscuridad es mejor maestra que la luz. Tras las luchas de la Reforma y el racionalismo de la Ilustración, queríamos estar en lo cierto, tener razón. Eso es querer demasiada luz. Es un rechazo de la fe.

Junto al redescubrimiento de la Trinidad, creo que veo una añoranza por la teología de la oscuridad o de la nube. La clásica frase acuñada por el escritor inglés anónimo del siglo XIV —la nube del no saber— resume muy bien esta teología. No se puede vivir en la luz total: te ciega. Esa falta de humildad probablemente haya hecho destrozado la religión cristiana más que cualquier otra cosa.

Cuando presumes de que tu pequeña mente conoce por completo lo qué es el bien y quiénes son los buenos, y qué es el mal y quiénes son los malos… seguramente morirás. La oscuridad es buena, dirían los místicos. Es el espacio liminal donde te haces las preguntas más profundas, donde haces espacio para Dios porque no puedes resolverlas. El alma se expande dentro de la oscuridad.

 

Fuente original:

https://cruxnow.com/interviews/2016/10/19/richard-rohr-wants-christians-see-trinity-divine-dance/

Traducción: Yenifer Martínez / Corrección y edición: RSV

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