Jesús Adrián Romero: Más allá de los dogmas (entrevista exclusiva para LCC)

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LCC: En nuestra conversación anterior acerca de “Besos en la frente”, cuando hablamos de la honestidad en tus canciones, en un momento dijiste que a veces te sientes al borde de un precipicio a punto de caer, pero que “en el fondo de ese abismo” puedes vislumbrar a Jesús. Concretamente, ¿podrías decirnos alguna de las cosas -ya sean prácticas, ideas o comprensiones- que has considerado abandonar? ¿Hay algo que antes te funcionaba que ya no?

 

JAR: Hay aspectos de nuestra cultura cristiana y ciertas prácticas que la iglesia ha tenido a través de los años, que para mí han dejado de ser importantes. No las considero malas, pero las veo irrelevantes. Me refiero a cosas que tienen que ver con cierto tipo de liturgia, formas de adorar, formas de hablar, ideas de liderazgo, formas de discipular, maneras de evangelizar, etc. etc.

Pero hay cambios más profundos que se han dado en mí que van más allá de los aspectos culturales. Uno de ellos tiene que ver con certeza teológica. Aunque me aferro a una fe ortodoxa, reconozco que este aferramiento es más por fe que por certeza intelectual.

Algunos han cuestionado mi fe por lo que he dicho o he escrito en blogs, pero prefiero la humildad teológica al orgullo teológico que tanto daño nos hace. No he dejado de creer, es más, me atrevo a decir que mi fe es más fuerte que nunca, pero he optado por honestidad en mi fe.

Reconozco lo limitado de nuestro entendimiento cuando se trata de capturar a Dios en un sistema de enseñanzas. También entiendo que el mundo no está buscando respuestas, más bien está buscando tener una conversación que los llevará a encontrar las respuestas.

Eso me ha llevado a que, por ejemplo, en el tema del evangelismo actúe más como peregrino que como predicador. Un peregrino sabe que no lo sabe todo. Está aprendiendo y es en el camino que encuentra las respuestas. Un peregrino es alguien que va caminando a un lugar sagrado e inspira a que otros lo sigan. El peregrino está en una búsqueda y en esta búsqueda se identifica con las personas a su alrededor porque sabe que todos están en una búsqueda. Un peregrino se ve a sí mismo como un pecador, por lo tanto, se identifica con los demás y no actúa como si fuera moralmente superior sino como igual. Estos cambios de perspectiva podrían parecer insignificantes, pero para mí son fundamentales.

 

LCC: Desde hace un tiempo, a raíz de tus comentarios acerca de la celebración de Halloween (entre algunos otros), muchos comenzaron una especie de “inquisición virtual” en las redes. Comentando hasta el hartazgo incluso en publicaciones tuyas que no tenían nada que ver con el tema. Si bien, en comparación con el total de tus seguidores, es una minoría, uno a veces suele darles mucho peso a los comentarios negativos, aunque no tengan razón. ¿Cómo lidias con esa parte de la realidad, cómo haces para que no te afecten ese tipo de críticas?

 

JAR: Soy humano y te mentiría si dijera que no me afectan las críticas. Me afectan, pero trato de manejarlas sabiamente. Trato de no involucrarme en discusiones o pleitos sin salida. Por otra parte, es fácil caer en la tentación de querer ser aceptado por todos, o procurar a toda costa que los demás piensen bien de ti, pero no puedes hacer eso cuando tienes convicciones firmes; eso sería debilidad de carácter.

Pablo, como todo líder, experimentó críticas y esta fue su respuesta:

¿Qué busco con esto: ganarme la aprobación humana o la de Dios? ¿Piensan que procuro agradar a los demás? Si yo buscara agradar a otros, no sería siervo de Cristo” Gálatas 1:10.

El mismo Pablo dice que debemos estar convencidos en nuestra propia mente (Romanos 14:5). Esto habla de convicciones. Las cosas que digo y escribo nacen de convicciones firmes. No son caprichos y no digo cosas con el deseo de crear controversia. Tal vez alguien argumentaría que los que en algún momento me oponen también tienen convicciones, y allí, yo me iría a la definición de la palabra convicción:

Una convicción es el estado de la mente en el que un individuo tiene como verdadero el conocimiento o la experiencia que tiene acerca de un suceso o cosa; el contenido de la convicción contiene una proposición lógica, y puede expresarse mediante un enunciado como afirmación.

Aquí, las palabras claves son proposición lógica o inteligente.  Hay convicciones absurdas y sin sentido, hay convicciones extremistas y legalistas que hacen mucho daño. En relación a la crítica también estoy consciente que entre más visible o conocido sea el líder o persona pública, más crítica y cinismo encontrará de parte de la gente que está en desacuerdo.

 

LCC: Esta es una pregunta recurrente en LCC, ¿cómo vives la espiritualidad? ¿Qué te conecta con Dios?

 

JAR: La espiritualidad es muy amplia, pero los cristianos la hemos limitado a reuniones de la iglesia. En mi libro “Besando mis rodillas” me extiendo mucho en el tema de la espiritualidad. Hablo de conectarme con Dios a través del arte, el pan, la naturaleza, el correr (trotar), los niños, y mis amigos. Las experiencias espirituales más fuertes que he tenido han sido fuera de la iglesia. No porque en la iglesia no se dan, sino porque paso más tiempo fuera de la iglesia.

 

LCC: En un artículo dijiste: “…no tengo problemas en afirmar que la Biblia es la palabra de Dios y la autoridad final en asuntos de fe y práctica, pero si soy honesto debo reconocer que hay huecos en los argumentos a favor de esta verdad…”. Muchos toman este tipo de declaraciones como un ataque a la Biblia, y por consecuencia a Dios ¿Es posible reconocer el factor humano de las Escrituras sin que eso signifique una afrenta hacia Dios? ¿Cómo debemos leer la Biblia?

 

JAR: Me he dado cuenta al escribir artículos o libros, que la gente lee lo que quiere leer, es decir no hay objetividad. Parece que todos, aunque unos más que otros leemos con “lentes”. Esos lentes tienen que ver con nuestra cultura, nuestros prejuicios, nuestros temores, etc. etc.

Lo interesante del artículo que mencionas, es que en él afirmo que para mí la Biblia es la autoridad final en asuntos de fe, y que creo que es la palabra de Dios porque su lectura me ha cambiado. Pero la mayoría no leen eso, leen la parte donde digo que no puedo probar con absoluta certeza que la Biblia es la palabra de Dios. Lo que no saben es que tampoco ellos lo pueden probar. La razón por la que no creo que puedan es por lo limitado de su conocimiento. A los que aseguran con orgullo que pueden comprobar que la Biblia es la palabra de Dios, yo empezaría preguntándoles si entienden los idiomas originales en los que se escribió la Biblia; griego, hebreo y arameo, y si me dicen que no, no hay más que decir. Si alguien no entiende los idiomas originales de la Biblia no puede decir con certeza que la Biblia es la palabra de Dios, porque desde allí está aceptando por fe que las traducciones se hicieron correctamente. Lo más interesante de esto es que aun los más renombrados eruditos que leen en los idiomas originales, en algún momento de su vida tomaron ese salto de fe. Para mí cuando alguien dice que la Biblia es la palabra de Dios, entiendo que lo dice no porque lo puede comprobar, sino porque lo acepta por fe.

 

LCC: ¿Cuál crees que es el mayor pecado/falla de la iglesia latinoamericana de hoy en día? ¿Qué debe cambiar con urgencia?

 

JAR: El principal sería llamarnos seguidores de Jesús y no parecernos a él. Pero hay muchos más. Me referiré a uno que cobija muchos otros, y es la mentalidad de ciudadela que la iglesia ha desarrollado. Nos hemos escondido detrás de las murallas de una cultura cristiana irrelevante y nos proclamamos en contra de todo lo que sucede afuera de nuestras murallas. Algunas iglesias actúan literalmente como una torre fuerte o fortificación. Satanizan a todos los que se oponen a la iglesia y los ven como el enemigo.  Cuando pienso en el concepto de ciudadela, se me viene a la mente la película “The Village” (La Aldea). En esta película, un grupo de familias que vivieron experiencias traumáticas en la ciudad, deciden formar una pequeña aldea donde se alejan del mundo y su contaminación. Para poder mantener la aldea funcionando fue necesario que los padres infundieran temor en los más pequeños. Historias de criaturas diabólicas más allá de los límites de la aldea mantenían a los jóvenes en línea.

Algunos sectores de la iglesia han hecho algo similar. Han mezclado la verdad con la mentira. Han desarrollado teorías de conspiración que les ayudan a mantener cierta cohesión. Las teorías de conspiración hacen del cristianismo una caricatura. Interpretaciones sensacionalistas de profecía, orden mundial, iluminatis, ecumenismo, Halloween, por mencionar solo algunos. Todas estas teorías de conspiración son chivos expiatorios que nos llevan a ignorar los verdaderos problemas de la iglesia y el mundo. Dentro de esta ciudadela estamos muy fuera de contacto con la realidad y sufrimos de irrelevancia.

Alguien dijo: “Si profesamos con la voz más fuerte y la exposición más clara cada porción de la verdad de Dios, excepto precisamente ese pequeño punto que el mundo y el diablo están en el momento atacando, no estoy profesando a Cristo, no importa con qué tanto denuedo esté profesando a Cristo”.

Esta declaración es de alguien que entendía la importancia de salirnos de la ciudadela y tener una cosmovisión correcta del mundo. Lo más sorprendente de esta declaración es que la hizo Martín Lutero hace 500 años, pero sigue siendo tan aplicable hoy como lo fue en el siglo 16.

 

LCC: ¿En qué consiste el verdadero cristianismo? Al final del día, ¿de qué se trata ser un seguidor de Cristo?

 

JAR: Para definir lo que significa ser un seguidor de Jesús tenemos que regresar a los evangelios y redescubrir a Jesús. Leer sus palabras sin el lente de 2000 años de interpretación. Algo casi imposible. Jesús era un hombre apasionado por la vida y por los seres humanos. Buscaba con insistencia a los pecadores, los acogía y hablaba de un gozo incontenible cuando eran rescatados y restaurados. Se pronunciaba claramente a favor del hombre y en contra de las reglas que los ataban. “El sábado fue hecho por el hombre y no el hombre por causa del sábado”, decía.

Su defensa a favor de los últimos, los menos, los marginados, resume su reino, su propósito y el verdadero cristianismo. Si nos apasiona este mundo y la vida como le apasiona a Jesús, si nos preocupa la humanidad como le preocupa a Jesús, si acogemos a los pecadores y nos preocupamos por la justicia social, nos estamos convirtiendo en seguidores de Jesús.

 

LCC: El año pasado citaste a Peter Rollins (alguien con una teología no tradicional y de quien no hay ningún libro en español) en uno de tus artículos, ¿qué otros autores de esa “línea” has estado leyendo y de qué manera te influenciaron positivamente? ¿En qué te ayudaron?

 

JAR: El espectro de mi lectura es muy amplio. No lo limito a una sola vertiente. Creo que es sano leer un poco de todo. Leo a autores fundamentalistas, conservadores, progresistas y los que son considerados controversiales porque se alejan un poco de la teología tradicional. De todas las vertientes he aprendido mucho. En la vertiente progresista rayando en lo controversial leo a autores como Peter Rollins, Kester Brewin, Rob Bell, Frank Schaffer, entre otros. No siempre estoy de acuerdo con sus propuestas, pero aprendo mucho de ellos y aprecio la contribución tan importante que están haciendo a la teología moderna. También aprecio el corazón pastoral de algunos de ellos. Al leer sus libros detecto un corazón pastoral con deseos de trascender más allá de la influencia limitada que la iglesia está teniendo en nuestros días.

 

LCC: ¿Qué le recomiendas a toda esa gente que se considera cristiana y espiritual pero no asiste regularmente a una iglesia debido a que siente que no encaja en el formato tradicional?

 

JAR: Para responder a esa pregunta, primero tendríamos que responder la pregunta más importante: ¿Qué es la iglesia? Para mí la iglesia es: Una comunidad pequeña que tiene a Jesús como el centro y cada día crece para parecerse más a él e influenciar al mundo con su mensaje.

Habiendo dicho lo anterior, no creo que la reunión del domingo sea la iglesia, yo más bien diría que muchas pequeñas iglesias se juntan cada domingo para tener una reunión pública. Aquel que cada domingo va a una reunión, pero no es parte de una comunidad pequeña realmente no tiene iglesia.

Cuando hablo de una comunidad pequeña estoy hablando de 8 a 16 personas aproximadamente. (Sobre ese tema hay mucho qué decir y una entrevista no te provee el espacio para hacerlo). Pero para responder a tu pregunta, diría que alguien puede no ir a una reunión de formato tradicional cada domingo y seguir siendo creyente, pero sí necesita tener ese grupo de amigos con los que hace iglesia.

A eso le agregaría la necesidad de formar parte de una historia más grande asistiendo a una reunión pública, donde podrán ser parte de proyectos que solo se pueden lograr a través de una congregación más grande y allí entra la tarea de buscar una congregación en la que encaje mejor.

 

LCC: Por último, un mensaje que le quieras dejar para todo el público de América Latina y España que sigue a LCC, algo que deban saber para transitar mejor este viaje de fe.

 

JAR: Hay una generación que ha dejado de vivir por dogmas y quiere entender su fe, yo soy parte de esa generación y mis hijos lo son aún más. Esta encomienda es necesaria y buena para la salud de una iglesia que se ha vuelto dogmática. Nuestra fe debe ser coherente, pero hay algo acerca de la fe que no podemos hacer a un lado y allí es donde quiero dar mi consejo.

Hay convicciones a las que yo me aferro, aunque no tenga todas las respuestas. Son convicciones que nacen de un corazón que siente a Dios y entiende el lenguaje de la fe.

En su libro “Pensamientos”, Blaise Pascal dijo “El corazón tiene razones que la razón no conoce”.

Hay cosas que tal vez nunca entenderemos, pero si nuestro corazón nos impulsa a creerlas no debemos rehusarlas. Hay verdades que se sienten y hay verdades que se prueban.

En todos los cuestionamientos que nos hacemos acerca de la fe, yo propongo que nos aferremos a ciertas convicciones. Este es un consejo que siempre le doy a mi hijo.

Si no lo hacemos, quedaremos a la deriva y repetiremos errores que se cometieron en el pasado. Si no tenemos convicciones nos quedaremos como los astronautas en el espacio. En el espacio no hay “vertical local”, es decir, no hay punto de referencia. No te puedes bañar porque el agua no se queda en la tina. Las pastillas no salen de la botella, tu cabello no queda en su lugar, nada funciona como debe de funcionar, porque no hay vertical local.

Hay ciertas verdades a las que nos tenemos que aferrar. Son como la gravedad que nos ayuda a mantener nuestro “core” en movimiento.

Aparte de las obvias, como la existencia de Dios, la obra de Cristo, etc., yo aconsejaría que, para no quedar a la deriva, debemos creer en la Biblia como la palabra de Dios. Por supuesto que podemos luchar con ciertos pasajes y cuestionar muchas cosas, pero al final del día tenemos que tomar ese salto de fe y reconocerla como la palabra de Dios.

Otra ancla importante es creer que la iglesia es el cuerpo de Cristo en la tierra. Con todos sus vicios, con todos sus prejuicios, con todos sus errores, la iglesia sigue siendo la novia, la novia que Jesús santificará. Un día la presentara a sí mismo sin mancha ni arruga. A veces me cuesta verla así, pero lo creo.

Por otra parte, no podemos dejar de creer en la realidad del mal y del diablo, pero como dijo C.S. Lewis, sin exagerar nuestra atención a él.

Si negamos estas cosas perderemos nuestro vertical local y estaremos a la deriva.

 

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