Jesús Adrián Romero: Besos en la Frente (entrevista exclusiva para LCC)

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Para acompañar la reseña de su última producción musical (la cual puedes leer aquí), le pedimos a JAR si nos podía responder algunas preguntas referentes al mismo. Amablemente accedió, y puede que, además de alimentar la curiosidad por escuchar su nuevo disco, la sinceridad de sus respuestas te deje sin aliento…

 

LCC: ¿Por qué “Besos en la Frente”?

 

JAR: No hay un porqué categórico. Nos gustaría que la interpretación fuera abierta y que cada persona llegara a su propia conclusión. Pero para mí, a diferencia de los besos pasionales en la boca o los besos de saludo en la mejilla, los besos en la frente son especiales; casi siempre provienen de una figura paterna o de alguien que demuestra cuidado y amor por alguien. Los besos en la frente demuestran un amor incondicional, no requieren una respuesta. El que los da demuestra fuerza, pero no una fuerza que se impone, sino una fuerza que protege. Los besos en la frente dicen “Nunca te voy a dejar”, “Aquí estoy”, “Puedes contar conmigo”, “Creo en ti”. Varias canciones del disco comunican este sentimiento. “Canción de cuna”, “Nadando contra corriente”, “Sencilla y arrogante”. Así que, no sé, tal vez cada canción pudiera ser un beso en la frente.

 

LCC: ¿Tienes alguna canción preferida del disco? ¿Por qué?

 

JAR: Quizá “La niña y el lobo”. Aunque hace mucho salimos de las cavernas (literal y moralmente), nuestro mundo a veces parece dar pasos hacia atrás. En el área de la política y la religión el mundo parece estar sufriendo de esquizofrenia. La violencia política y el tribalismo religioso parecen ir en aumento, y no estoy hablando del tribalismo religioso en el medio oriente, estoy hablando del cristianismo. Parece que estamos más divididos que nunca. Y por supuesto que no podemos ignorar los grandes problemas de nuestro mundo; la desigualdad social, la injusticia de nuestros sistemas legales, el tráfico de personas, por mencionar sólo algunos. “La niña y el lobo” en una invitación a tomar en serio el reino de Jesús, el reino de Dios en la tierra. Es una invitación a imitar el corazón de Jesús, el niño que nos pastorea. Cuando esto suceda, se casará la justicia con la verdad, se tomarán de la mano y se besaran los rencores y el perdón. Entonces, y sólo entonces, jugarán como amigos la serpiente y un bebé. Eso fue lo que Isaías, el profeta con corazón de poeta, vaticinó hace miles de años.

 

LCC: Si bien se detecta una sinceridad que recorre todo el álbum, a partir de la mitad, comenzando con “Silencio interno” y siguiendo con “Sencilla y arrogante” y “Duermen las palabras”, parecieras despacharte con una honestidad brutal, como si desnudaras completamente tu alma por unos momentos antes de seguir con el resto de las canciones. ¿Esto se debe a un crecimiento a nivel teológico/intelectual o simplemente a la madurez del paso de los años? (o ninguno de los dos).

 

JAR: Esta pregunta es muy penetrante para mí. Cuando escucho la palabra honestidad siento que he sido empujado al borde del precipicio y estoy a punto de caer. A decir verdad, me dejé empujar; me dejé empujar el día que traté de ser un poco, tan solo un poco más honesto en mi fe, y ese fue mi “error”. Debo admitir que le tengo miedo a esta caída que parece inevitable, aunque sé que me llevará al lugar correcto. Es un lugar desconocido y no sé lo que me espera. Me pregunto, ¿cuántas de las cosas que he atesorado como parte de mi fe tendré que desechar? No lo sé, porque aún no he caído y sigo luchando al borde del precipicio. ¿Qué tal si me sucede como al joven rico confrontado con la realidad de que su “verdad” no era La Verdad? ¿Qué tal si me voy triste como el joven rico porque no quiero “vender” todo lo que tengo? A veces siento el deseo de dejarme caer, como en esos ejercicios de confianza en los que te dejas caer hacia atrás mientras alguien te espera, pero no es tan fácil. Al estar siendo empujado he sentido un poco de dolor. No es un dolor físico, es un dolor del corazón, el dolor proviene de dardos de verdad que me golpean, me hieren y me acercan cada vez más al precipicio. Aquí arriba, pero alejado del precipicio, hay muchos que me advierten del peligro de caer, porque creen que la caída me llevará lejos de la verdad. Sus intenciones parecen ser buenas. Algunos genuinamente se preocupan por mí, otros me han desechado como alguien que se alejó demasiado de la “verdad”, cuando cada célula de mi cuerpo me grita que me estoy acercando a ella, que estoy a punto de caer en ella y vivirla. En este precipicio me he encontrado con otras personas, son almas afines que al igual que yo han sido heridos por la verdad. Unos están más cerca del precipicio que yo, otros titubean y sienten la tentación de regresar con aquellos que están lejos del precipicio, a la seguridad de la aceptación. A veces puedo vislumbrar en el abismo lo que me espera en mi caída libre, son pequeños destellos que no me dan el cuadro total, pero me hacen tener un poco de confianza para aceptar lo inevitable: Estoy a punto de caer en el evangelio. A veces, en días cuando tengo un poco más de luz, lo puedo ver. Allí en el fondo de ese abismo lo puedo vislumbrar a él: Al carpintero de Nazaret.

 

LCC: ¿Podrías definirme en una frase cuál es el mensaje que intentas transmitir con este nuevo trabajo?

 

JAR: Llevar a las personas a vivir una fe mas aterrizada y honesta, pero sin perder la sensibilidad espiritual.

 

LCC: ¿En qué ciudades vas a estar presentándolo? ¿Cuáles son tus proyectos para el resto del año?

 

JAR: El lanzamiento oficial del disco lo haremos en el auditorio nacional en la ciudad de México el 29 de julio, y después continuaremos con una gira por el resto de Latinoamérica.

Por otra parte, nuestro proyecto de hacer iglesia en Monterrey, México, continúa. Y pronto estaremos haciendo una fusión con Vida Monterrey, una congregación joven de la ciudad.

 

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