Derek Flood: El pacificador (entrevista exclusiva para LCC)

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LCC: Derek Flood, ¿Quién es él y qué hace?

DF: Soy autor, teólogo y un problemático. Propongo maneras de vernos y actuar en el mundo que desafían nuestras suposiciones, de manera práctica y realista, y que nos llevan a ser más amorosos y compasivos

 

LCC: Varios de tus artículos se caracterizan por temas bíblicos abordados desde un enfoque que no es ni liberal ni conservador, tú has dicho que eso es algo difícil de hacer. ¿Cómo te definirías a ti mismo en relación a esto?

DF: En el pasado, pensaba que era importante enfatizar que los liberales y los conservadores tenían perspectivas válidas, y que también ambos tenían algunos grandes puntos ciegos. Por ejemplo, las iglesias conservadoras tradicionalmente han hecho un mejor trabajo conectando la fe con la experiencia personal, centrándose en una amorosa relación personal con Dios, mientras que las iglesias liberales han sido mejores en el enfoque social de cuidado a los pobres y los marginados. Buscaba subrayar que realmente necesitamos lo personal y lo social, una fe personal vibrante que se derrame naturalmente en el cuidado de los vulnerables y los marginados.

Sin embargo, ha habido un cambio en la política estadounidense en los últimos años —comenzando con el Tea Party y culminando ahora en la presidencia de Trump— donde el significado de “conservador” ha cambiado por completo. Este cambio se caracteriza por un alejamiento de la compasión hacia un explícito fomento del odio y el miedo, viendo a los de otras razas, otros países y otras religiones como el “enemigo”. En realidad, es un alejamiento de la democracia hacia algo más parecido a la dictadura. Así que no siento que todavía pueda permanecer en la posición del “centro radical” política y socialmente. Siento que tengo una obligación moral de referirme categóricamente a ese movimiento como algo que representa el polo opuesto de Jesús y sus valores del reino, y que se opone abiertamente a él.

 

LCC: Has hablado de que los cristianos debemos buscar la justicia restaurativa en vez de la justicia retributiva, una que busque reformar al criminal en vez de castigarlo. Pero, ¿qué hacer cuando ellos continúan haciendo daño? ¿Es posible realmente poner en práctica esta idea de justicia en nuestro actual panorama mundial de terrorismo doméstico y violencia sin sentido?

DF: Hay varias cosas que hay que poner en perspectiva aquí. En primer lugar, la forma en que la pregunta se enmarca nos lleva a un reactivismo emocional, tenemos en nuestras mentes una caricatura hollywoodense unidimensional, de un villano que es pura maldad, que comete “violencia sin sentido”. En consecuencia, imaginamos que tal persona nunca se arrepentirá. Pero la mayoría del crimen no es así. La vida y la gente son mucho más complejas.

¿Qué hacemos con los jóvenes de 19 años que vendieron marihuana o cigarrillos sueltos? ¿Es la retribución y la sentencia implacable lo correcto de hacer allí con este tipo de “crimen sin víctimas”? ¿Qué sucede cuando una persona entra en un sistema penitenciario que tiene el objetivo de quebrarla, donde la única manera de sobrevivir es endurecerse, volverse más violento? La respuesta es que tal persona, que ha sido deshumanizada y dañada en la violenta cultura carcelaria, sale de prisión, y si no ha hecho nada para reformarse, simplemente regresará al crimen. Así que el resultado no es que estemos más seguros, sino que en realidad este enfoque en la retribución termina por hacernos a todos menos seguros.

La justicia restaurativa no propone que las personas peligrosas sean liberadas. Sin embargo, propone que mientras estén encarceladas debemos trabajar con ellas para ayudarlos a asumir la responsabilidad de sus acciones y buscar el arrepentimiento, la reforma y la rehabilitación.

La justicia restaurativa también consiste principalmente en ayudar a las víctimas de la delincuencia a encontrar restauración y sanación. Eso es algo que se olvida y pasa por alto en nuestro sistema de justicia penal de los Estados Unidos.

Por último, la justicia restaurativa no es meramente una idea teórica. Se trata de un programa real que se ha implementado y ha resultado ser exitoso.

 

LCC: En tus artículos titulados ¿Por qué necesitamos creer en el infierno? tú dices que algunas personas no solo defienden la idea del infierno, sino que quieren que haya un infierno, que ellas necesitan un infierno debido a su deseo de retribución. ¿Crees que esto, de alguna manera, se encuentra conectado con el hecho, por ejemplo, de que muchos cristianos apoyen a Donald Trump? ¿Qué piensas?

DF: Sí, veo una correlación directa. Aquellas personas que abrazan la creencia en un Dios punitivo son abrumadoramente las mismas personas que también apoyan modelos autoritarios de castigo en forma de guerra, tortura, duras penas de prisión, aislamiento, pena de muerte, castigo corporal de niños en casa y en la escuela, y así. Los dos van de la mano. Los mismos evangélicos blancos de los Estados Unidos que abrazan a un Dios castigador también abrumadoramente (mucho más que cualquier otro sector demográfico) apoyan y justifican la violencia retributiva como buena y correcta cuando es ejercida por una autoridad, ya sea un padre, un maestro, un pastor, o un legislador. En ese marco, el buen padre, maestro, pastor, juez y legislador cristiano es aquel que castiga. Esta es la manera “correcta” de lidiar con el mal humano. Nos convertimos en lo que adoramos, para bien o para mal.

 

LCC: Tu no crees en el castigo del infierno, sin embargo, en la biografía de tu página web [aquí la traducción] dices que crees en un cielo real. ¿Podrías extenderte un poco acerca de esto?

DF: Yo creo que el sufrimiento existe, pero no “creo” que el sufrimiento sea bueno y justo. Del mismo modo, creo que el infierno es real, pero no “creo” en él de la manera en que creo en el amor. Veo el infierno como un lugar dominado por el mal y la injusticia, así que no veo el infierno como el resultado del plan de Dios en Cristo, sino que lo veo como lo que Dios en Cristo vino a deshacer. Creo en el cielo (confío, tengo esperanza, tengo fe en él) porque anhelo un lugar donde aquellos que han sido heridos sean restaurados, donde las cosas estén hechas bien, donde no haya más lágrimas, no más sufrimiento y no más muerte.

 

LCC: Por favor, háblanos acerca de Disarming Scripture [Desarmando la Escritura]. ¿De qué se trata? ¿Qué te motivó a escribirlo?

“Desarmando la Escritura”, el último libro de Derek Flood.

DF: En el libro lidio con el problema de la violencia en las Escrituras, abordando una amplia gama de pasajes problemáticos, desde órdenes para cometer genocidio e infanticidio en el Antiguo Testamento a pasajes del Nuevo Testamento que se han utilizado para justificar la esclavitud, el abuso infantil y la violencia estatal. Esto es algo profundamente preocupante para muchos cristianos, y a menudo puede conducir a una crisis de fe. Para mí esa crisis de fe fue lo que me llevó a escribir el libro. Es decir, comenzó con una lucha que llevó a un sorprendente descubrimiento sobre la Biblia.

La lucha fue el conflicto que sentí cuando me encontré cuestionando mi propia Sagrada Escritura. ¡Sin embargo, lo que descubrí cuando comencé a cavar en esto fue que exactamente ese tipo de cuestionamiento se encontraba en toda la Biblia! Lo encontramos en las quejas del salmista, en los profetas, en Job, en Eclesiastés, y en la misma línea de las preguntas de fe tan características de la Biblia hebrea, también encontramos que el cuestionamiento en nombre de la compasión continuó en Jesús y Pablo.

Así que lo que yo quisiera decirles a aquellos que se están cuestionando y luchando con la violencia en la Biblia es que ustedes están en muy buena compañía, y que el propio canon bíblico nos invita, nos llama a cuestionar en nombre de la compasión.

Disarming Scripture [Desarmando la Escritura] es mi intento de hacer una crónica de eso, y en particular demostrar que Jesús mismo nos muestra cómo podemos leer la Biblia de una manera caracterizada por estas preguntas de fe motivadas por la compasión. Jesús nos muestra que no necesitamos dejar de preguntar, sino que necesitamos aprender a hacerlo bien para que nos lleve a amar mejor y a acercarnos a él. Así es la fidelidad.

 

LCC: ¿Cuál crees que es el mayor problema que enfrenta la iglesia?

DF: Que el evangelicalismo americano conservador blanco ha abandonado completamente el evangelio, pisoteando lo que y a quienes Jesús valora.

 

LCC: Cuéntanos acerca de tus dibujos.

“So much” [Tanto], por Derek Flood
DF: El arte visual contiene su propio idioma, es independiente del lenguaje escrito. Cuando tiene éxito, habla al corazón, toca algo en ti. Una cosa que me encanta sobre el arte es la forma que tiene de pasar por alto nuestras cabezas e ir directo a nuestros corazones, hablándonos en un nivel más allá de las palabras. La música puede lograr lo mismo, esa es la razón por la que a menudo podemos llegar primeramente a comprender algo de verdad cuando lo oímos en un himno o canción. El arte también tiene una manera de conectarnos a nuestras propias historias, experiencias y sentimientos, del mismo modo que nos vemos a nosotros y nuestros sentimientos expresados en un libro, película o fotografía. Diferentes personas traerán diferentes asociaciones a una obra de arte. Esa es la forma en que se supone que sea, por lo que generalmente no quiero decir demasiado sobre mi propio arte, sino más bien dejar que hable por sí mismo en su propio lenguaje visual.

LCC: ¿Cómo ves la relación de la Iglesia con el arte y especialmente la música hoy en día?

“Tormented” [Atormentado], por Derek Flood
DF: Realmente creo que deberías preguntarle a Jon Foreman de Switchfoot esa pregunta. O a Michael Gungor. A nivel general, sin embargo, diría que el arte necesita ser libre para hablar honestamente, y no debería ser utilizado con fines comerciales o de promoción. Cuando sucede, deja de ser auténtico y honesto, y esto mata el arte. Lo mismo ocurre con los académicos. Los académicos deben ser libres de buscar la verdad adonde los conduzca, y no ser simplemente un instrumento de propaganda para apoyar una ideología o doctrina en particular de una institución en particular para hacerla parecer inteligente (en el caso de los académicos) o atractiva y cool (en el caso del arte y la música). Demasiado a menudo, la iglesia utiliza tanto a los académicos como al arte de esta manera. El arte prospera en la verdad y la autenticidad. Cuando no tenemos miedo de permitirle hablar, puede llevarnos a alturas sorprendentes. Pero si buscamos controlarla, domesticarla, entonces se vuelve hueco. Cuando haces eso, no obtienes arte real, simplemente decoración.

 

LCC: Esta es una pregunta que le hacemos a todos nuestros entrevistados, porque todos responden de manera diferente: ¿Qué te conecta con Dios? ¿Cómo vives la espiritualidad?

DF: He sentido a Dios guiándome en los últimos años para aprender a caminar en el camino de la pacificación. Eso es difícil para mí, pero es algo en lo que espero crecer.

 

LCC: ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

DF: Por lo general, escribo sobre lo que estoy atravesando, por lo que mi próximo proyecto probablemente se trate sobre el establecimiento de la paz y lo que eso significa en un nivel práctico, centrándose en el conflicto de la vida real, a nivel individual y en las luchas que tienen las parejas; cómo ser un vehículo para la paz en el ámbito de las grandes cuestiones sociales y políticas.

 

LCC: Gracias por tomarte el tiempo para responder nuestras preguntas, finalmente, ¿algún mensaje que le quieras dejar al público hispano que sigue y disfruta tu trabajo?

DF: El poder creciente del evangelicalismo americano blanco en este clima político odioso actual es muy angustiante, especialmente para la comunidad hispana. Espero que ustedes sepan que en este ambiente hostil hay muchos aquí en los EE.UU., incluyéndome, que esperan pararse con ustedes contra el odio, muchos que buscan construir puentes y no muros.

 

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