Cristianismo progresista (Brian McLaren para Alan Duval)

Yo (Alan Duval), he entrevistado al cristiano progresista, ex-pastor evangélico y vocero del movimiento de la iglesia emergente, Brian McLaren.

McLaren es una figura interesante dentro del cristianismo progresista, entre otras razones porque uno raramente escucha las palabras “progresista” y “evangélico” en la misma frase, y cuando esto sucede, rara vez una hace referencia a la otra. Él era “un universitario de educación fundamentalista, hijo de un padre universitario de educación fundamentalista”, así que tal vez su paso hacia “ex” evangélico era algo inevitable. Se opone abiertamente a la unión del evangelicalismo con el partido Republicano, pero aún más a la luz de la candidatura de Trump.

 

AD: Hola Brian, gracias por aceptar esta entrevista.

Me gustaría empezar, si me permites, pidiéndote una descripción rápida de quien eres y a que te dedicas. Así que, ¿quién es Brian McLaren y a que se dedica?

 

BM: Comencé mi carrera siendo profesor de inglés en la universidad. Después me hice pastor de una iglesia no denominacional por veinticuatro años. Durante los últimos diez años he sido escritor y conferencista en temas relacionados con el cristianismo, problemas contemporáneos y el cómo debería verse una espiritualidad viable y constructiva en el siglo veintiuno.

 

AD: ¿Podrías darnos un recorrido rápido acerca del clima político y religioso en el que fuiste criado, y algunas pausas importantes a lo largo del camino antes de llegar a tu posición actual?

 

BM: Crecí en un ambiente cristiano fundamentalista, una pequeña secta llamada Hermanos Plymouth (Plymouth Brethren). Luego me involucré en el Movimiento de Jesús, el cual eventualmente se convirtió en el evangelicalismo americano. Durante los años que me desempeñé como pastor, el evangelicalismo fue convirtiéndose cada vez más en rehén o amante de la política Republicana de derecha en los Estados Unidos, una relación disfuncional que ha culminado con la candidatura de Donald Trump. A finales de los 90, me desilusioné completamente de este cautiverio del evangelicalismo a manos del ala derecha y me involucré en lo que muchos llaman “la iglesia emergente” o “la conversación emergente”, una conversación entre cristianos reflexivos (y hay conversaciones paralelas entre los judíos) acerca de las variaciones y cambios que implica moverse de un contexto cultural moderno, extractivo y colonial a un contexto posmoderno, posextractivo y poscolonial.

 

AD: Recientemente, leí tu artículo para Religious News Service: Al igual que Katy Perry, abandoné el proyecto evangélico conservador”. Dado ese artículo, ¿ves tu posición actual como una partida del evangelicalismo, una partida del conservadurismo americano, o de ambos? (¿O es, más bien, que ellos se han alejado de ti… o la situación se encuentra en algún punto intermedio de entre todos estos?).

 

BM: El evangelicalismo es mi herencia, pero es difícil definir lo que significa evangélico actualmente. Me siento más inclinado a llamarme a mí mismo cristiano progresista, y ver al conservadurismo americano como incompatible con la ética cristiana tal como yo la entiendo.

 

AD: Dicho artículo detalla 10 razones por las que te separaste del “proyecto político al cual el evangelicalismo estaba entregando su alma”, y se me ocurrió que esas 10 razones no estarían fuera de lugar en un manifiesto secular o en uno ateo moderadamente liberal, particularmente si antes fueron creyentes. Debe ser un pensamiento serio, dados los años de tu vida que has dedicado al evangelicalismo, y en menor medida, a la política conservadora. ¿Te ves a ti mismo más como tratando de llevar al evangelicalismo por tu camino, o solo de detenerlo de tomar el camino que pareciera estar tomando, es decir, apoyando a Trump (dada tu firma en aquella carta abierta anti-Trump)?

 

BM: El evangelicalismo americano me parece tan fragmentado y moralmente debilitado en estos momentos que es difícil imaginar algún tipo de respuesta coherente por parte del evangelicalismo como entidad. Yo simplemente estoy tratando de alzar mi voz y articular una alternativa para las generaciones más jóvenes de evangélicos y católicos conservadores. (Es importante recordar que, en los Estados Unidos, la derecha religiosa está compuesta por un gran número de católicos conservadores junto con los protestantes). Creo que Trump sería tan peligroso y desastroso a nivel nacional y global que no puedo permanecer en silencio, y tampoco quiero reflejar su desagradable retórica. Así que el reto es encontrar maneras de hablar de manera positiva pero directa en este contexto político.

 

AD: En 2010, dijiste: “No es difícil caer fuera de la gracia de los elementos más conservadores de cualquier comunidad religiosa”. Has sido vilipendiado por personas como Matt Slick de CARM [N. De LCC: MIAPIC en español] (a quienes muchos ateos en línea conocerán), Scott McKnight de Christianity Today y el bloguer evangélico Tim Challies, en su serie “Falsos maestros”. ¿Los ves leales al evangelicalismo o siendo inconscientemente arrastrados por el poderoso gigante religioso-político que es el matrimonio entre el evangelicalismo y el Partido Republicano?

 

BM: Creo que las alas conservadoras de casi todas las comunidades religiosas -cristianas, musulmanas, hinduistas, judías, o la que sea- están en un estado de ansiedad, percatándose de que los fundamentos del mundo en el que ellos fueron formados están siendo sacudidos. No saben cómo, ni si van a sobrevivir en un entorno que cambia tan rápidamente, y entonces terminan convirtiéndose en fuerzas reaccionarias, desesperadas por su propia supervivencia, incluso a costa del bien común. Algunos asumen que la religión misma va a extinguirse, pero mi sospecha es que la religión (el esfuerzo humano enfocado en la creación de significado, formación moral, y formación de comunidad) será tan necesaria como siempre a medida que avanzamos, pero necesaria de formas muy distintas. Así que veo a las personas que mencionaste como cumpliendo con los roles esperados por los guardianes conservadores, un camino que yo no podría seguir con la conciencia tranquila.

 

AD: Hace poco dijiste: “La versión del cristianismo que hemos apoyado está perfectamente diseñada para producir una civilización insostenible, conflictiva, desbalanceada y vulnerable a un colapso catastrófico”. En otra parte dijiste: “La fe cristiana necesita ser convertida radicalmente en nuevo combustible. Necesitamos ser energizados por algo más que creencias, puesto que las creencias no son el punto. ¿No son el punto? Eso no quiere decir que las creencias sean insignificantes. Son poderosamente significativas, para bien o para mal”. ¿Te gustaría ampliar un poco más estas ideas?

 

BM: El primer tercio de mi nuevo libro (La Gran Migración Espiritual) está dedicado a este tema. Mi sospecha es que Jesús no se sentiría cómodo en la religión que lleva su nombre pues por lo visto su proyecto era mucho más radical. En lugar de sustituir un sistema de comportamiento y pertenencia llamado judaísmo por un sistema de creencias y pertenencia llamado cristianismo, Jesús estaba proponiendo una forma de vida que desafiaría y transformaría a las personas en todas las categorías religiosas. Esa forma de vida estaría centrada en el amor. Primero, se centraría en el amor al prójimo mientras que la redefinición de prójimo incluiría a los extraños, a los forasteros, a los marginados, e incluso los enemigos. Esto implicaría también el amor propio, amor por el planeta Tierra y todas sus criaturas, y dentro de estos otros amores y a través de ellos, amor hacia Dios como fuente de todo. Esta era, pienso yo, la intención y el movimiento original de lo que hoy llamamos fe cristiana, y creo que es de vital importancia aún hoy en día.

 

AD: Una queja común acerca del conservadurismo es que los individuos que dicen ser conservadores solo comienzan a entender una posición contraria cuando algún aspecto de sus vidas los acerca a aquello a lo que antes se oponían. En tu caso, claramente fue tu involucramiento en el matrimonio de tu hijo con su pareja del mismo sexo, aunque tu punto de vista respecto a la homosexualidad había estado evolucionando desde un tiempo antes. ¿Cuánto de la posición conservadora piensas que se debe a la falta de experiencia? ¿Y es solo una cuestión de moverse en círculos sociales fuera de la iglesia, fuera de círculos sociales restringidos? Si es así, ¿cómo podría fomentarse?

 

BM: Si, el conservadurismo, tal como yo lo experimenté, crea una cámara de eco. Cualquier persona en el interior que difiera es excomulgada, marginada o despreciada, de esta forma su “información anómala” deja de ser importante o siquiera percibida. A quienes están dentro se les dan dañinos prejuicios, de tal forma que en su encuentro con los de fuera exista un sesgo que les impida aprender cualquier cosa. Pareciera como si hubiera una cinta transportadora que llevara a la gente de la derecha hasta el centro, y desde ahí hasta el límite “izquierdo” del ala derecha; en este punto, la gente es intimidada para regresar al centro o a la derecha, o conducida fuera de las instalaciones. Los reformadores creativos que se encuentran en este contexto deben aprender a pisar muy cuidadosamente, pues eventualmente serán presionados o excluidos.

Debido a la circularidad de estas comunidades, es difícil desarrollar una “rampa de salida”. Lo mejor que podemos hacer -y esto es lo que estaba intentando en el artículo que mencionaste- es hablar gentilmente a los de dentro y hacerles saber que hay un lugar seguro que les dará la bienvenida si necesitan hacer preguntas que no están permitidas en el interior.

 

AD: Parecieras contradecir los numerosos estudios que encuentran una asociación entre el pobre nivel educativo y el evangelicalismo moderno. El historiador evangélico Mark Noll dijo su famosa frase: “El escándalo de la mente evangélica es que no hay mucha mente evangélica”. ¿Es este un malentendido acerca de los evangélicos o es la base de tu aparente separación del evangelicalismo?

 

BM: Tristemente, creo que es verdad. Un investigador me dijo una vez que él nunca había conocido a un universitario de educación fundamentalista, hijo de un padre universitario de educación fundamentalista. En otras palabras, dos generaciones de personas “graduadas” en la educación superior siendo parte del fundamentalismo. Pero ahora, lo que ha pasado aquí en los Estados Unidos es que los fundamentalistas han creado sus propios colegios y universidades, para así crear una especie de ambiente educativo herméticamente sellado donde ciertas suposiciones nunca sean cuestionadas y donde ciertas líneas nunca se crucen. Para mí, existe una ventana -de edades alrededor de los 12 o 14 años hasta los 30- durante la cual los jóvenes adultos tienen la opción de considerar identidades alternativas. Si durante ese tiempo no son expuestos a una forma diferente de ser cristiano o humano, con dificultad encontrarán un camino diferente más tarde.

 

AD: Veo como si la Biblia tuviera una política implícita (y por ende no declarada), y, por lo tanto, cualquier matrimonio de ella con una política en particular como una reinterpretación de la misma con el fin de poder ajustarla a los requerimientos de la política moderna. ¿Es esto lo que está pasando a nivel general en el evangelicalismo? ¿Ves otras denominaciones siendo afectadas de manera similar?

 

BM: Debo empezar con un supuesto distinto en este sentido: La Biblia es una biblioteca de documentos que refleja un amplio rango de acuerdos políticos, a menudo en tensión, desde sociedades de cazadores-recolectores a sociedades de pastores nómadas, a sociedades de jefes agrícolas, a monarquías primitivas, a monarquías más evolucionadas, a imperios con estados nación subyugados. Habiendo dicho esto, estaría de acuerdo en que nadie debe equiparar lo mencionado con ninguna categoría política moderna.

Sin embargo, todos los acuerdos políticos bíblicos tuvieron lugar dentro de una importante categoría de patriarcado, la cual yo defino como un método para controlar la agresión masculina elevando un macho alfa a un estado dominante. En ese sentido, la mayoría de las religiones tradicionales son inherentemente patriarcales, y uno de los desafíos que tenemos hoy en día en el mundo es que nos estamos moviendo a un orden pospatriarcal. (Donald Trump vs. Hillary Clinton personifican perfectamente esta transición). No es sorpresa que, en las religiones monoteístas, Dios tome el papel del Supremo Patriarca, dispuesto a usar la violencia y la tortura para mantener el orden y el control. Por lo tanto, en el evangelicalismo (especialmente en los Estados Unidos) y el catolicismo, el liderazgo masculino es aún la norma mientras que el liderazgo femenino es reprimido, y la igualdad LGBT es vista como una traición al orden patriarcal del cosmos.

 

AD: Para ampliar está idea, el Antiguo Testamento tiene una fuerte tendencia al ala derecha, al ser nacionalista, al intentar establecer una patria, y al sentirse cómodo con los genocidios cometidos a lo largo del camino. Por otro lado, el Nuevo Testamento, tiende ampliamente hacia el ala izquierda, con ocasionales interposiciones con lo viejo/la derecha. ¿Es todo esto de alguna manera una metáfora para tu viaje, el viaje por el que más de una denominación está atravesando (ya sea avanzando o retrocediendo), y la base para criticar al cristianismo moderno en general?

 

BM: Aquí va como yo lo diría: el Antiguo Testamento está repleto de tensiones dinámicas. La narrativa hebrea primaria es de izquierda, Dios escoge el lado de los esclavos oprimidos en el fondo de la metafórica pirámide social y económica, y trabaja en su liberación. La tradición sacerdotal es más o menos conservadora, pero la tradición profética es consistentemente progresista. Jesús y los escritores del Nuevo Testamento, en términos generales, se alían con la tradición profética. Pero, tal como lo mencionaste, hay algunas interposiciones regresivas ocasionales. De este modo, las Escrituras son un reflejo de la sociedad humana en general, la cual siempre incluye tensiones dinámicas entre movimientos conservadores y progresistas. En realidad, este es el tema del último tercio de mi nuevo libro.

 

AD: Esta idea es particularmente interesante, tomando en cuenta tus comentarios acerca de la práctica del cristianismo o la comprensión de la fe de una manera más judía. ¿Te gustaría ampliar esta idea?

 

BM: Debido a que los cristianos han sido culpados de anti-semitismo por largo tiempo, tengo cuidado de evitar cualquier cosa parecida a la formulación “El Antiguo Testamento está mal/El Nuevo Testamento está bien” que ha sido tan común entre los cristianos. Creo que es más justo y más preciso decir que ambos, el Antiguo y el Nuevo Testamento, reflejan el rango de la experiencia humana, a veces para mal, a veces para bien. El reto de una sabia interpretación implica el proceso ético de diferenciar lo bueno de lo malo.

Se ha dicho que los conservadores son gente con algo que preservar, generalmente poder, privilegio y riqueza. Puesto que yo creo que la trayectoria narrativa tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento se dirige hacia la liberación y el bien común, tengo sospechas de aquellos que están dispuestos a conservar sus propios beneficios a expensas de los otros. Eso, para mí, revela una de las más profundas éticas del progresismo: no acumular privilegios, sino ser generosos y ver que estos se extiendan por todas partes.

 

AD: Para mí, la religión pareciera magnificar el cómo son las personas; por lo general si son buenas, la religión pareciera hacerlas mejores, y si son malas, la religión pareciera hacerlas peores. El mayor problema que surge de esto es que la religión rara vez prepara a la gente para discernir entre lo realmente bueno y lo manifiestamente malo que pretende ser bueno. Desafortunadamente el evangelicalismo, sobre todo recientemente, pareciera estar asentado fuertemente en el extremo negativo de la ecuación.

 

Por lo tanto, una pregunta de tres partes:

 

1) ¿Piensas que la religión mejora lo bueno y empeora lo malo? Si es así, ¿Por qué? Y si no, ¿Por qué no?

 

BM: Creo que generalmente ese es el caso. Pero a veces ¡empeora lo bueno y mejora lo malo también!

 

2) ¿La religión tiene el desafortunado efecto de permitirle a los malos camuflarse y esconderse entre los buenos, por ejemplo, la Madre Teresa y Donald Trump?

 

BM: Sí. Este es el problema con cualquier cosa buena: los malos van a querer disfrazarse de ella.

 

3) ¿Por qué el evangelicalismo es (o tal vez, más correctamente, el fundamentalismo) tan polarizador en este aspecto?

 

BM: Creo que es un poco diferente en Inglaterra y otros lugares. Pero aquí, en los Estados Unidos, los protestantes hicieron un trato a principios del siglo XX. Los conservadores se enfocaron en una moralidad privada y personal, mientras que los progresistas se centraron en la moral pública y social. Fue un acuerdo desafortunado destinado a la autodestrucción en mi opinión, pues la moralidad no puede ser dividida de esa manera. Necesitamos atender tanto la integridad personal como la social, pues una subyace a la otra. Al enfatizar la moral personal, los evangélicos fueron tentados a sentirse moralmente superiores diciendo: “¡Yo no cometo adulterio! ¡Yo no me emborracho!” y cosas en ese sentido. Terminaron sonando como el Fariseo de la famosa parábola de Jesús. Para empeorar las cosas, bajo la superficie no eran tan morales como pretendían serlo.

Sus demandas de moralidad personal sonaron huecas (a los forasteros) en los años 60 cuando en gran parte guardaron silencio ante los derechos civiles, la segregación y el privilegio blanco, pero se pronunciaron abiertamente en contra de “la revolución sexual”. Su silencio, por supuesto, significaba complicidad con la injusticia del statu quo. Pero después, en la década del 70, volvieron a reclamar (en sus propias mentes) la autoridad moral luchando contra el aborto. Tristemente, con frecuencia se convirtieron en votantes de un solo tema, lo que significa que fueron cómplices y testigos en la destrucción del medio ambiente, la continua lucha por la igualdad en términos de raza, género, etc. Eso explica en parte por qué pueden apoyar a Donald Trump: él es un negociador, y ha hecho un nuevo trato con ellos: “Yo me opondré al aborto y ustedes disculparán mi misoginia, machismo, racismo y todo lo demás”.

 

AD: Estoy en contacto con una ex evangélica que, al igual que yo, recientemente obtuvo un título de psicología siendo estudiante adulta. Ella pregunta (espero que me disculpe por la interpretación que hago de su pregunta): ¿Cómo se conserva la creencia en Dios (o en Jesús) mientras a la vez se eliminan las asociaciones con el evangelicalismo que están inextricablemente ligadas a él? En pocas palabras, ¿cómo uno permanece “en Dios/en Jesús” pero no “evangélico” si así fue como fuimos criados?

 

BM: Bueno, ¡esa es más o menos la historia de mi vida! Recuerdo cuando comencé a notar la brecha entre lo que Jesús representaba y lo que los evangélicos representaban. Cuando empecé a centrarme más en Jesús y menos en el consenso evangélico, me volví más apasionadamente comprometido con el primero y menos con los últimos. Más tarde, me di cuenta que tanto en el evangelicalismo, como en el catolicismo, existía un estado minoritario, por así decirlo, una “ortodoxia alternativa” que era refrescante, revitalizante y profundamente progresista, en el sentido de estar comprometida con la integración de la justicia social y la integridad personal.

 

AD: En el mismo sentido, y para concluir, ¿son aquellos que siendo progresistas y que permanecen como evangélicos, o aquellos que han salido del evangelicalismo y lo ven desde el exterior, habiendo formado parte (por ejemplo, Valerie Tarico), los mejor posicionados para llevar al evangelicalismo en una dirección positiva? ¿O el evangelicalismo está (y por asociación el Partido Republicano) convirtiéndose rápidamente en una causa perdida?

 

BM: Aquí en los Estados Unidos, después de Trump, no sé lo que le sucederá al evangelicalismo y al Partido Republicano, individuamente o como “matrimonio”. Ellos cosecharán lo que han sembrado, supongo. Mi enfoque está en construir una nueva alianza creativa entre progresistas o posevangélicos, protestantes tradicionales, iglesias negras e hispanas con raíces en los movimientos de derechos civiles y la teología de la liberación, y católicos progresistas y contemplativos. Creo que este tipo de convergencia tiene un enorme potencial creativo, y puede ser un movimiento espiritual dinámico que podría proveer una alternativa para las generaciones más jóvenes que sienten una profunda inquietud espiritual y una insatisfacción con el cristianismo convencional en sus diversas formas. Este movimiento cristiano progresista podría articular una forma de cristianismo justa y generosa que podría contribuir grandemente a los desafíos que enfrentaremos en las próximas décadas.

 

¡Fantástico, Brian! Muchas gracias.

 

Buenas preguntas, Alan. Espero que esto sea de ayuda.

 

Fuente original:

http://www.patheos.com/blogs/tippling/2016/10/30/interview-with-progressive-christian-brian-mclaren/

Traducción: A.J. Mendoza / Corrección y edición: RSV

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