Brian McLaren: Cambiando la fe, permaneciendo fiel (entrevista para Reform Magazine)

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RM: ¿Me puedes contar acerca de la fe en la que te criaste?

BM: Nací en una familia de hermanos de Plymouth, que probablemente sería considerada fundamentalista. Muy apasionada; con un profundo amor por la Biblia. Mi padre creció en África ―su padre era un misionero ―, así que muy comprometido.

RM: Mirando hacia atrás ¿Eso se siente limitante u opresivo para ti ahora?

BM: Estoy muy agradecido por lo mucho que recibí de ello, pero si mi única opción hubiese sido quedarme o irme, habría tenido que irme. Cuando tenía 13 años mi maestro de escuela dominical me dijo: “Usted puede creer en Dios o en la evolución”, y recuerdo que pensé: “La evolución tiene mucho sentido para mí”. Cuando empecé a tocar rock ‘n’ roll eso no fue muy adecuado ―nuestra iglesia ni siquiera tenía instrumentos musicales―. Había restricciones muy estrictas sobre lo que las mujeres podían hacer. Había un montón de cosas por las que nunca me habría quedado.

RM: ¿Y qué cambió?

BM: Tuve un montón de altibajos con la fe en mis años de adolescencia; tenía preguntas y sentí que no encajaba. Pero tuve una poderosa experiencia de conversión, así que estaba profundamente comprometido con Cristo, por lo que solo era cuestión de adónde iba a vivir eso.

RM: ¿Puedes contarme acerca de tu conversión?

BM: Ya era lo suficientemente mayor como para seguir mi propio camino, y me pasé seis meses caminando a ambos lados de la valla. Fui invitado a un retiro, y con algunos amigos míos, supongo que estábamos rompiendo las reglas, pero fuimos y nos sentamos bajo las estrellas y tuve una experiencia profunda del amor de Dios, y desde esa noche tuve ambos pies en el camino.

RM: Pero tu fe continuó desarrollándose

BM: Fui parte del movimiento de Jesús en la década de 1970, en una pequeña iglesia experimental que tuvo un trágico colapso y pensé: “Nunca voy a ser parte de algo así de nuevo”. Pero unos años más tarde, mi esposa y yo iniciamos un grupo en nuestra casa y pronto 30 personas se unieron, y luego 50, y terminó por convertirse en una congregación.

Yo era un profesor de inglés, por lo que empecé a enseñar un poco y llegué al ministerio por la puerta de atrás. Me había mudado de un estricto fundamentalismo a una corriente más evangélica, pero todavía tenía un montón de preguntas, entonces la gente vino a la iglesia y me hizo preguntas que provenían de fuera de cualquier marco sobre el que pudiera responder, así que fui un pastor con una gran cantidad de preguntas profundas para mí mismo.

RM: Ahora eres conocido como un líder evangélico estadounidense con una actitud más positiva que otros hacia otras religiones y temas sociales. ¿Te sientes parte de un movimiento, o eres una voz que clama en el desierto?

BM: La gente habla de un movimiento. Espero formar parte de un movimiento, pero no creo que esté sucediendo todavía.

RM: Una crítica de A New Kind of Christianity (Una Nueva Clase de Cristianismo) en Christianity Today dijo que estabas cansado del evangelicalismo.

BM: Sentí que la crítica estaba proyectando en mí el sentimiento del crítico ―¡que estaba un poco cansado de mí!―.

RM: ¿Pero hay una crítica del evangelicalismo?

BM: La fe es siempre un viaje, no es sólo decir las mismas cosas de la misma manera. El evangelicalismo tiene que seguir adelante.

RM: La revista Time te ha citado diciendo, sobre una cuestión de relaciones homosexuales: “Lo que me rompe el corazón es que no hay manera de que pueda responder a ello sin herir a alguien en cualquier lado”. ¿Hay una manera de lidiar con eso, además de mantenerlo en silencio?

BM: ¡No me acuerdo haber dicho eso! Pero sí, si desafías las suposiciones convencionales realmente molestaras a algunas personas, sin embargo, si nos atenemos a las suposiciones convencionales causaremos daño a otras personas que ya han sido dañadas demasiado. Creo que podemos hacer lo que creemos que es correcto de forma más cuidadosa. Pero cualquier cosa que digamos va a tener consecuencias.

RM: He leído que en 2006 sugeriste una moratoria de cinco años para hablar sobre actitudes cristianas hacia las relaciones homosexuales. ¿Cómo fue?

BM: ¡Eso también fue interesante! Lo que dije fue “una moratoria para hacer declaraciones”. Si nos apresuramos a etiquetar a la gente como “homofóbico” o “liberal”, dejamos de escuchar a los demás. Hacer declaraciones a menudo es una manera de cerrar a la gente a una relación.

Yo estaba conversando sobre la homosexualidad (en Premier Christian Radio) con un compañero con un punto de vista evangélico convencional. Me di cuenta de que su posición era muy diferente a la de antes. Hace 15 o 20 años era: “Si eres gay, es una opción, es un pecado, debes arrepentirte y cambiar”. Hace 5 o 10 años era: “Si eres gay, tienes un problema psicológico y puedes ser curado”. Cada vez menos y menos evangélicos están diciendo eso; ahora dicen: “Si eres gay, es tu señal de que debes ser célibe”. Todavía no creo que esa sea la única respuesta válida, pero es interesante ver cómo estas respuestas fueron cambiando.

RM: Tú escribes acerca de un nuevo enfoque del desarrollo espiritual. ¿Hay algo que falta en la espiritualidad cristiana moderna?

BM: Donde yo crecí, la manera de crecer espiritualmente era: ir a la iglesia, leer la Biblia, testificar, orar. Era una lista de control, y estaba claro que mucha gente había hecho esas cosas por años y no se había vuelto menos miserable. Recientemente, más y más personas, tanto protestantes como católicos, se han estado preguntando cómo llegar a ser más como Cristo, y se están

dando cuenta de que una lista de control no es lo que trae el cambio.

RM: ¿Y que lo hace?

BM: El término que Jesús utiliza es “hambre y sed”. El cultivo del deseo es realmente importante. Algo que está ayudando a muchas personas es un redescubrimiento de las prácticas monásticas y contemplativas. El ejercicio de nuestras almas es análogo al ejercicio de nuestros cuerpos ―si corres todos los días serás capaz de correr distancias que no puedes físicamente hoy―.

RM: ¿Ha cambiado tu relación con la Biblia?

BM: Tal vez haya cambiado en la forma en que mi relación con mi esposa ha cambiado, todavía estamos casados, pero hemos cambiado y crecido y nuestra comprensión del otro se ha profundizado. Espero que mi relación con la Biblia sea más madura, no forzarla a lo que yo quiero que sea.

RM: Se ha vuelto más complicada también, ¿no? Hablas en Why Did Jesus, Moses, the Buddha and Mohammed Cross the Road? (¿Por qué Jesús, Moisés, Buda y Mahoma cruzaron el camino?) sobre el Nuevo Testamento viendo “la aversión hacia los demás” como el pecado más grande, mientras que partes del Antiguo Testamento son culpables de ello.

BM: El gran cambio llegó a través del hecho de que yo estaba predicando de ello constantemente, así que tenía que prestar atención a partes que no lo haría normalmente; y luego de la lectura de un artículo de Walter Breuggemann, donde hizo una declaración muy obvia: “Si te preguntas qué punto de vista bíblico sobre la monarquía aparece en el Antiguo Testamento, hay dos puntos de vista diferentes; ellos están en conflicto, y algunos pasajes defienden uno y otros otro”. Nunca antes había sido capaz de verbalizar eso. Tan pronto como me dieron permiso para ver los argumentos en marcha, la Biblia se me hizo mucho más interesante.

Tenemos que tomar en serio la forma de la Biblia, el hecho de que tiene diferentes voces durante cientos de años, muchos

géneros literarios diferentes y agendas políticas. La gente dice que esas son contradicciones, pero sólo puede haber contradicciones donde hay una sola voz; lo que la Biblia nos trae son muchas voces, y el reconocer eso nos permite participar de ella con más madurez.

RM: ¿Para ti hay algo en el corazón de la Biblia?

BM: Un teólogo estadounidense define a “una cultura” como un pueblo unido por sus argumentos. Ellos dicen: “Este tema es tan importante que seguiremos luchando con él”. Los derechos de la mayoría frente a los derechos de unos pocos, algo importante en la civilización occidental; en algunas culturas orientales: los derechos de los vivos contra los derechos de los muertos; en la cultura nativa americana: los derechos de los vivos contra los derechos de los que no viven todavía. Creo que eso es lo que pasa en la Biblia: “¿Qué es una buena vida? ¿Qué exige Dios? ¿Cómo es Dios?”. Ellos argumentan porque están de acuerdo en que estas preguntas son importantes.

RM: ¿Puede una comprensión de estas conversaciones en la Biblia ayudarnos a vivir juntos como cristianos que están en desacuerdo?

BM: A largo plazo. En el corto plazo, puede asustarnos, porque asumimos que la única manera que podemos llevarnos bien es si todos vemos las cosas de la misma manera. Esto es parte del drama del Nuevo Testamento: la gente puede ser parte de una comunidad de fe que tienen diferentes usos y costumbres. Todo ese extraño asunto acerca de comer carne sacrificada a los ídolos, nunca existe ninguna presión para elegir la posición correcta sobre eso, hay un entendimiento de que la gente mantiene sus posiciones por diferentes razones. Irónicamente es por eso que 1 Corintios 13, el capítulo del amor, fue escrito. No fue escrito para las bodas, fue escrito para estas áreas de desacuerdo. Es difícil experimentar amor fuerte sin experimentar diferencias.

RM: ¿Qué significa la ortodoxia para ti?

BM: GK Chesterton utiliza esta gran imagen de un carro tirado por caballos bajando por un camino rocoso y lo difícil que es mantener el equilibrio. No es una imagen estática: la ortodoxia se mueve, porque los tiempos cambian. No es una cuestión de decir siempre lo mismo de la misma manera, sino de responder fielmente a nuestro cambiante escenario como lo hicieron nuestros antepasados al de ellos.

Tengo que reconocer que en la historia estadounidense podías ser “ortodoxo”, creer los credos y ser un racista. Lo que sea que la ortodoxia signifique, no debería permitirte ser un racista. Tenemos que cambiar nuestro énfasis de seleccionar una lista de declaraciones a una forma de vida, y una que haga frente a las realidades de nuestro mundo actual: el cambio climático; la creciente brecha entre ricos y pobres; la guerra y la posibilidad de volarnos a nosotros mismos. Cualquiera que sea la palabra que deseemos utilizar ―”ortodoxia”, “fidelidad”― no podemos pensar que estamos bien siempre y cuando digamos lo que siempre se ha dicho.

RM: ¿Enfrentas hostilidad por parte de personas que se sienten defraudados por tu cambio de opinión?

BM: Sí. Es más fácil de lo que era hace 10 años, estoy muy contento de que no tengo que lidiar con esto estando en mis 20 o 30 años. Algunas cosas duelen. Es complicado cuando llegas a algún lugar y te das cuenta de que algunas personas desearían que no estuvieses allí. Aunque he estado leyendo recientemente cómo San Juan de la Cruz y Teresa de Ávila fueron arrojados en la cárcel. Las personas se mataban entre sí por diferencias religiosas, así que no tengo de que quejarme.

RM: En Why Did Jesus…? (¿Por qué Jesús…?) tú dices que el remedio para el cristianismo fuerte y hostil no es el cristianismo débil y benigno. ¿Qué hay de malo con la debilidad?

BM: Es tal vez mejor, si queremos reducir la hostilidad en el mundo. El problema es que si cada vez que la gente pierde la hostilidad también pierde la religión, entonces las únicas personas que irán quedando en el mundo religioso serán las personas con una identidad hostil. Y ser benigno con las personas que son diferentes a nosotros no es suficiente. Necesitamos algo mucho más robusto que la tolerancia, tenemos que aprender el amor y el respeto, y la voluntad de aguantar allí a través de la profunda incomprensión, a veces estando dispuestos a sufrir. Eso no es fácil de conseguir y requiere un profundo compromiso espiritual. Es por eso que necesitamos una fuerte identidad espiritual que también sea fuerte en benevolencia.

RM: ¿Qué significa la evangelización para ti en estos días?

BM: Es presentar las Buenas Noticias del Reino de Dios, como lo hizo Jesús. El evangelismo tradicional llama a la gente a un compromiso, y creo que eso es algo en lo que tenemos que mejorar mucho. Lamentablemente el viejo evangelismo llama a la gente, ya sea a un plan de evacuación infernal o a una conversión tribal de un grupo de personas a otro. Necesitamos un sentido más profundo de llamar a la gente a una vida de discipulado, el cual comienza con un compromiso, pero continúa con un proceso permanente de crecimiento; pero si tengo a un musulmán con el que soy capaz de compartir algunos de mis regalos, quiero que él sea capaz de recibir los regalos sin tener que cambiar de club y unirse a una religión diferente.

 

El artículo fue publicado en la edición de diciembre 2014/enero 2015 de Reform.

 

Fuente original:

http://www.reform-magazine.co.uk/2014/12/brian-mclaren-interview-changing-faith-staying-faithful/

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