División en Cristo, una entrevista con Christena Cleveland

Christena Cleveland es una psicóloga social con una pasión esperanzadora por superar las divisiones culturales en los grupos. Ella bloguea regularmente sobre reconciliación, raza y privilegio. A partir de un vasto cuerpo de investigación, descubre los procesos subyacentes que afectan las relaciones dentro y entre los grupos, y ayuda a los líderes a comprender cómo promover una apreciación de la diversidad y construir colaboraciones efectivas con diversos grupos. Christena obtuvo una licenciatura en Letras de Dartmouth College y un doctorado en Filosofia de la universidad de California. Ha publicado numerosos artículos académicos y ha tenido nombramientos académicos en la Universidad de California, Westmont College, la Universidad de St. Catherine y el Seminario Bethel. Ella capacita a pastores y líderes organizacionales en temas multiculturales y habla regularmente en organizaciones, iglesias, conferencias y universidades. Además de hablar, entrenar y escribir, ella sirve en el equipo de predicación pastoral en su iglesia y es una líder voluntaria de Young Life en la zona urbana de Minneapolis. Recientemente completó su primer libro, División en Cristo: descubriendo las fuerzas ocultas que nos mantienen separados.

Tuve el privilegio de escribir unas palabras para la contratapa del libro de Christena, el cual me encantó como socióloga. Aquí están:

“En División en Cristo, Christena Cleveland proporciona un análisis perspicaz de por qué todos decimos que queremos la unidad, pero nos resulta tan difícil obtenerla. Al combinar un tono cristiano humilde, la familiaridad con muchos tipos de iglesias y el uso hábil de las ciencias sociales, División en Cristo nos revela esas tendencias muy humanas que nos mantienen divididos. En el camino, Cleveland nos ayuda a ver, reírnos y repensarnos a nosotros mismos. Este libro ayudará efectivamente a cualquier cristiano o iglesia que desee una experiencia más profunda de la reconciliación que tenemos en el cuerpo de Cristo. Como pastor que sirve a una iglesia de una treintena de nacionalidades, me pareció un análisis extremadamente útil de lo que duele y ayuda la unidad”.

Christena tuvo la amabilidad de responder algunas preguntas para Pure Church.

¿Cuándo y cómo te interesaste por primera vez en temas de diversidad? ¿Cuál ha sido la mayor influencia en tu pensamiento?

¡Mi mamá dice que nací interesada en la diversidad y la justicia! Ella puede contarte algunas locas historias sobre mí cuando tenía seis años, boicoteando el recreo porque los niños que corrían en el patio de la escuela excluían a la niña ciega de la clase. Supongo que siempre he notado y valorado la diferencia y he deseado incluir a todos en círculo a pesar de esas diferencias.

Mi vecindario fue mi primer laboratorio de diversidad, por así decirlo. Crecí en Fremont, California, la segunda ciudad más diversa de los Estados Unidos. Con más de 9 nacionalidades representadas por los niños de mi calle, encontraba diferencias culturales —desde días festivos, observancias religiosas, preferencias de comida a percepciones del tiempo— todas las tardes cuando nos reuníamos para jugar kickball en la calle.

Cuando tenía 8 años, mi padre plantó una iglesia en nuestra ciudad —una iglesia que se volvió casi precisamente 25% negra, 25% blanca, 25% asiática y 25% hispana—. Para mi mente joven, tenía perfecto sentido asistir a una iglesia multiétnica en una ciudad multiétnica. Fue en esta iglesia donde comencé a tener una visión de cómo Dios desea que nos relacionemos unos con otros, a pesar de los conflictos culturales, las diferencias teológicas y las cosmovisiones muy diversas.

La mayor influencia en mi pensamiento ha sido los evangelios. Cuando examino el corazón y las acciones de Jesús, veo un tema intercultural consistente. Pareciera que todo lo que hizo Jesús fue intercultural: la Encarnación, sus relaciones significativas con un grupo diverso de personas, su capacidad para hablar con las personas de una manera que afirmaba su cultura específica, la Cruz. Al examinar los Evangelios, he descubierto que una parte importante de seguir a Jesús consiste en preocuparse por las personas cuyas experiencias, antecedentes culturales y problemas no se parecen en nada a los míos.

Comienzas el libro con una deliciosa discusión de lo que llamas “cristiano correcto, cristiano incorrecto”. ¿Qué quieres decir con esa frase y cómo afecta a la unidad en la iglesia local?

¡De hecho, estuve en duda sobre si incluir esa discusión en el libro! En esa sección, muestro mis cartas, por así decirlo. Por lo tanto, me preocupaba que los lectores sin discernimiento que se identificaran con mi descripción de “cristiano incorrecto” lanzaran mi libro a través de la habitación y nunca lo volvieran a leer.

“Cristiano correcto, cristiano incorrecto” se trata de nombrar nuestros prejuicios y reconocer que muchos de nosotros hemos sucumbido de tal manera al tribalismo en la iglesia que hemos comenzado a etiquetar a las personas que son como nosotros como “correctas” y a las personas que son diferentes a nosotros como “incorrectas”. El problema es que muchos de nosotros tenemos poca interacción continua y significativa con las personas que hemos calificado de “malos cristianos”. Como resultado, nuestra percepción de “mal cristiano” se parece más a una caricatura que a un preciso y fiel retrato.

Mientras tanto, nuestras actitudes negativas hacia el “cristiano incorrecto” nos ciegan al hecho de que tal vez nosotros no seamos los “cristianos correctos” que creemos que somos. Veo este patrón de etiquetar de manera instintiva, inequívoca y crítica a otros seguidores de Cristo como incorrectos o correctos a gran escala (por ejemplo, en la blogosfera, donde el compromiso entre tribus solo ocurre cuando una persona/grupo protesta contra otra persona/grupo) y a menor escala (por ejemplo, en la iglesia local, donde los individuos dentro de los cuerpos eclesiásticos locales se unen a personas que son/piensan como ellos y evitan interacciones significativas con aquellos que son diferentes o desafían su cosmovisión).

Muchas personas sienten que el cristianismo evangélico se ha vuelto cada vez más “tribal” en los últimos años. Pareciera que nos hemos vuelto expertos en colocar a las personas en categorías. Esta tendencia a categorizar ¿es útil o inútil?

Ambos. A medida que los grupos más diversos dentro del evangelicalismo ganan voz e identidad característica, ¡es útil usar categorías para mantener un registro de todos los grupos! De esa manera, las categorías y las etiquetas son útiles. Pero el efecto secundario siniestro es que, al usar esas categorías, erigimos divisiones aparentemente insuperables entre nosotros y ellos. Al poco tiempo, ya no pensamos en ellos como una parte diferente pero invaluable del mismo cuerpo de Cristo. En cambio, pensamos de ellos como total y categóricamente diferentes a nosotros —tan diferentes que ahora son tanto erróneos como invaluables—. Lo que comienza como una mera etiqueta para ayudarnos a distinguir entre la gran variedad de grupos en el cuerpo de Cristo puede transformarse fácilmente en una división monstruosa que nos hace perder de vista el hecho de que la etiqueta más importante es nuestra identidad común como cristianos.

Tu escribes en el libro: “El cuerpo de Cristo es como un mal matrimonio”. Guau. ¿Qué quieres decir con eso?

En mi clase de psicología social, los estudiantes y yo examinamos muchas investigaciones sobre parejas satisfechas e insatisfechas. Algunos de los hallazgos más interesantes muestran que las parejas insatisfechas asumen lo peor de cada una, tienden a subestimar el comportamiento positivo y a atribuir el comportamiento negativo a causas globales y estables como la personalidad.

Por ejemplo, si una esposa en un matrimonio angustiado se levanta temprano el sábado para sorprender a su esposo con el desayuno en la cama, es probable que interprete su comportamiento positivo diciendo: “Ella debe querer algo de mí”. O, “Probablemente no podía dormir, me hizo el desayuno porque estaba aburrida y le dieron ganas de hacer algo”.

Sin embargo, si la esposa en un matrimonio en crisis comete un comportamiento negativo, digamos que se olvida de decirle que llegará tarde a casa y que se perderá la cena, es probable que él interprete su comportamiento negativo diciendo: “Es porque es una persona egoísta”. Es poco probable que piense que es una persona que se preocupa pero que simplemente olvidó llamar esta vez.

Por lo tanto, el esposo ignora el comportamiento positivo de la esposa y asume que su comportamiento negativo se debe a carencias inherentes a su personalidad. Como podemos ver, el esposo y la esposa nunca se sientan a tener una conversación significativa. En cambio, las percepciones del marido sobre la esposa se basan totalmente en sus suposiciones. En un matrimonio en crisis como este, no importa lo que haga la esposa, ¡ella pierde!

Me entristece decir que veo este patrón disfuncional de relación en el cuerpo de Cristo. Las personas de diferentes tribus a menudo actúan como el marido descontento en un matrimonio en crisis. Tendemos a concentrarnos en los comportamientos “negativos” que otros grupos cristianos realizan y tendemos a atribuir esos comportamientos a las carencias de personalidad (por ejemplo, “No valoran las Escrituras” o “Se han vuelto demasiado mundanos”). Mientras tanto, apenas notamos las cosas positivas que están haciendo otros grupos en el cuerpo de Cristo. Y si las notamos, a menudo asumimos que sus motivos son impuros, que tienen un “interés oculto” o que no vale la pena escucharlos porque están fuera de nuestra tribu.

¿Qué sugerencias tendrías para los líderes que desean dirigir a sus iglesias para convertirse en comunidades más diversas y unificadas?

Creo que una de las cosas más poderosas que los líderes de la iglesia pueden hacer para guiar a sus iglesias a la unidad es modelar la unidad en sus propias relaciones personales. Una iglesia nunca será diversa si los líderes no viven vidas diversas. ¡Participar en un contacto intercultural significativo es aterrador! Pero la gente sigue a sus líderes. Si ven que sus líderes lo hacen, es probable que sigan su ejemplo. De hecho, la investigación muestra que cuando un líder de grupo modela una relación con un miembro que no pertenece al grupo, ¡los miembros del grupo automáticamente comienzan a percibir al miembro que no pertenece al grupo de una manera más positiva!

Los líderes de la iglesia deben comenzar por establecer amistades significativas con personas fuera de sus grupos étnicos, políticos, teológicos, de género, de clase, de edad y de estado civil. Cuando hagan esto, comenzarán a darse cuenta de que las personas a las que previamente habían calificado como “cristianos incorrectos” ahora son algunos de sus amigos más confiables. Como parte de este proceso, sus percepciones erróneas de ellos comenzarán a aclararse.

El trabajo de reconciliación es un trabajo duro, lento y a veces costoso. A menudo has alentado a las personas a perseverar en el trabajo y a asumir los riesgos. ¿Por qué crees que vale la pena?

El trabajo de reconciliación es el trabajo de la cruz. Me encanta hacerlo —a pesar de los altos costos— porque me mantiene de rodillas en la cruz, pidiéndole a nuestro Salvador que me infunda con su amor reconciliatorio para poder compartirlo con otros y participar como coheredera empoderada en su gran trabajo de hacer todas las cosas nuevas. ¡Realmente no hay mejor lugar en el mundo para estar!

 

*Entrevista realizada por Thabiti Anyabwile

Fuente original:

https://www.thegospelcoalition.org/blogs/thabiti-anyabwile/disunity-in-christ-an-interview-with-christena-cleveland/

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