Música y teología (Parte 5)

Al trabajar a través de los temas de esta serie sobre música y teología, he escuchado un montón de canciones de Switchfoot, y he notado un persistente tema que me sorprende: Una y otra vez -en el contexto de las canciones de adoración, canciones de amor para Dios- he encontrado el recurrente tema del anhelo, el dolor y la lucha de ver injusticia en el mundo.

La gran palabra para esto es teodicea, la cual viene de las palabras griegas theos (Dios) + diké (juicio). Por lo tanto, teodicea literalmente significa justificando a Dios. La mayoría del tiempo cuando los teólogos hacen teodicea, ellos hacen exactamente eso, intentan justificar la maldad, explicando por qué es necesario que exista el mal, por qué cosas malas le suceden a gente buena.

Algunos intentos de hacer esto son mejores que otros, pero a lo que quiero apuntar aquí es que, si escuchas una canción de Switchfoot, ellos no intentan explicar el problema de la maldad en lo absoluto. Quizás aún más sorprendente sea que estos lamentos casi siempre se den en el contexto de una canción de amor. Hay una línea en una canción que captura esta paradoja: Cada lamento en una canción de amor.

Imagina cantar esta canción el próximo domingo:

 

Soy la espina clavada en tu costado,

Soy el que dejaste atrás,

Soy los secos ojos dubitativos

buscando el pozo que no se seca

 

Corriendo fuerte por el otro lado

El mundo que siempre he estado negando

Corriendo fuerte por el infinito

Con las lágrimas de los santos y los hipócritas

 

Puedo oírte respirando

Puedo oírte guiando

Más que solo un sentimiento

Más que solo un sentimiento

Puedo sentirte alcanzando

Pasando a través del techo

hasta el final de la sanación

Te estoy buscando

 

Soy el inquieto, soy el inquieto

soy el inquieto, buscándote

Soy el inquieto,

Corro como el océano

para encontrar tu orilla

Te estoy buscando

 

Es al mismo tiempo impactante en su familiaridad, y sin embargo tan familiar. Suena como los Salmos. No un piadoso pero vacío intento de copiar a los Salmos, sino una cruda y honesta expresión del mismo dolor y amor que brota de los Salmos. La canción que da título al álbum Vice Verses aborda el tema del sufrimiento y la injusticia más directamente:

 

¿Dónde está Dios en la vida de la ciudad?

¿Dónde está Dios en la noche de la ciudad?

¿Dónde está Dios en el terremoto?

¿Dónde está Dios en el genocidio?

 

¿Dónde estás tú en mi corazón roto?

Todo parece derrumbarse

Todo se siente oxidado

Dime que estás ahí

 

¿Dónde está Dios en el genocidio? Dime que estás ahí. No hay intento de explicar el sufrimiento en esta canción, solo un lamento hacia Dios en voz alta. También, tan intencionados como los intentos en manos de los teólogos de explicar el sufrimiento puedan ser, el foco de explicar el sufrimiento y la maldad, justificado a Dios, comunica que todo lo que necesitamos es encontrar la explicación correcta, y nuestras luchas se resolverán.

Pero considera como todos lidiamos con la pérdida de un ser amado. Todos entendemos la explicación. Entendemos que la muerte es natural, que todos morimos. Sin embargo, eso no significa que no lamentemos la muerte de alguien que amamos. Sabemos la explicación, y aun nos duele, aun experimentamos perdida.

Necesitamos entristecernos. Es por eso que no podemos explicar definitivamente la cuestión de la teodicea. Porque cuando hacemos eso, cuando dejamos de luchar, de afligirnos, de dolernos, de dañarnos, de cuestionarnos protestando frente al sufrimiento, dejamos de ser plenamente humanos.

La buena teología no significa que somos inmunes a la aflicción, al dolor. Lo que puede llegar a hacer es ayudar a darnos una reflexiva y profunda voz en esa aflicción y dolor. La gente a menudo dice que quiere “superar” o “pasar” algo doloroso. Incluso suena noble, como si estuviera conectado con el perdón. Pero no superamos la pérdida o el dolor, los atravesamos. El foco en encontrar una explicación al sufrimiento y la maldad implica que esto nos proveerá una manera de atravesar la lucha y la aflicción. En su lugar, lo que necesitamos son los medios que nos ayuden a atravesar lo que el Salmo 23 llama “el valle de sombras de muerte”. La teología que no consigue eso, enfocándose en su lugar en las explicaciones, no capta la condición humana y lo que necesitamos para vivir bien en la realidad de nuestro mundo quebrado.

Cada lamento es una canción de amor. Este contexto de amor y adoración corriendo a través de todas estas canciones es vital. Ellas no están simplemente preguntando “¿¡por qué!?” en un vacío teórico, sino preguntando la dolorosa pregunta de “¿¡por qué!?” dirigida a la persona que amamos, a aquel que adoramos. Ese es el contexto en el que la teología debe brotar. Si vamos a hacer teodicea como teólogos, no debe tomar la forma de un discurso intelectual aislado, necesita expresarse como adoración, adoración que nace de nuestras almas.

 

Se siente como que estamos solo esperando, esperando

Mientras nuestros corazones solo están rompiéndose, rompiéndose

Se siente como que hemos estado luchando contra la corriente

 

Hasta que muera cantare estas canciones

En las orillas de Babilonia

Aun buscando un hogar

En un mundo adonde pertenecer

 

En el día final cuando muera

Quiero mantener mi cabeza en alto

Quiero decirte que he intentado

Vivirla como una canción

 

La razón por la que los teólogos intentan explicar el sufrimiento es porque quieren darnos una razón para aferrarnos, para creer, para mantener la fe frente al sufrimiento y la injusticia. Pero la fe no se sustenta por nuestra razón, la fe se sustenta por Dios. Cuando podemos aprender a ser vulnerables y honestos, pero hacemos ese lamento en el contexto de una canción de amor, podemos encontrar una manera para aferrarnos. Sentimos el dolor, la duda, pero aun creemos, aun nos aferramos en amor, a aquel que es amor.

 

Deja que la guerra comience, deja que mi fuerza se agote

Deja que mis dedos se rompan, deja que mi mundo se desmorone

Entrena a los monos en mi espalda para pelear

Deja que comience esta noche, cuando mi mundo explota

Cuando mis estrellas tocan el suelo

Cayendo como satélites rotos

Deja que tu amor sea fuerte

No me importa lo que baje

Deja que tu amor sea fuerte

Suficiente para aguantar a través de la nube de trueno

Furia y truenos

Como robar el fuego de los cielos

De todo eso me aferro

Todo mi mundo descansa sobre tu amor

 

 

Fuente original:

http://www.therebelgod.com/2016/02/music-and-theology-part-5.html

Música y teología (Parte 4)
Derek Flood

Acerca de Derek Flood

Autor.

Ver todas las entradas de Derek Flood →

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *