Música y teología (Parte 1)

La música siempre ha sido una ventana hacia la teología para mí. Cuando las palabras son puestas en música, pueden hacerte bailar, saltar de arriba abajo, balancearte de adelante hacia atrás, alzar tus manos hacia el techo… resumiendo, la música nos mueve, tanto figurativamente como literalmente. La música habla al corazón, nos jala hacia la canción de una manera que las simples palabras no pueden.

Esto tiene que ver con cómo una canción combina las palabras (las cuales hablan a la cabeza, a nuestro razonamiento cognitivo) con música (la cual habla al corazón, a nuestras emociones). Conectar cabeza y corazón es vital. Por supuesto, los sentimientos sin contenido son bastante superficiales, pero, por otro lado, la teología que solo es cabeza es seca y estéril. Hay muchos beneficios en el estudio académico, pero cuando solo es académico, cuando no conecta con el corazón, pierde bastante el punto, como un árbol desarraigado del suelo. Esa es la razón por la cual es vergonzoso que el seminario tenga tan poca conexión con cosas del corazón como la música, y esté tan enfocado en la cabeza.

Si la teología es el estudio del significado, la música (junto con otras formas de arte) actúa como un médium para conectarnos con ese significado. La música nos permite vivir en el espacio de una canción, entrar en ella. Todos tenemos canciones que pueden remontarnos a un importante tiempo de nuestras vidas, canciones que aferran un particular significado para nosotros. Las parejas a menudo dicen que una canción en particular era “su canción” (para mi esposa y yo, esa canción es “Sometime in the way” de Nirvana, especialmente la línea “está bien comer pescado”. Pero esa es una historia para otro día).

Por lo tanto, una canción puede asumir un significado que es especial para nuestras vidas, significados que el escritor de la canción nunca imaginó. Una canción que hizo esto para mí fue “Aprendiendo a respirar” de Switchfoot. Mi hijo había nacido prematuro. Había pesado apenas 1,100 Kg., y sus pulmones no estaban desarrollados. Así que en la Unidad de Cuidados Intensivos a menudo el dejaría de respirar, y una enfermera se precipitaría para tocarlo suavemente para que él pudiera comenzar a respirar nuevamente. Esto, por supuesto, fue enervante para nosotros y sus familiares, las alarmas en sus monitores chillando, y nuestros corazones chillando aún más alto. Las palabras de la canción asumieron un significado para nosotros que estoy seguro que Switchfoot nunca imaginó cuando escribieron la canción.

 

Estoy aprendiendo a respirar

Estoy aprendiendo a gatear

He descubierto que Tú y solo Tú puedes quebrar mi caída

Estoy viviendo de nuevo, despierto y vivo

Me muero por respirar en estos abundantes cielos

Así que, esta es la manera en la que digo que te necesito

Esta es la manera en la que digo que te amo

Esta es la manera en la que digo que soy tuyo

Esta es la manera, esta es la manera

 

Esa era la parte que imaginaba a mi pequeño hijo cantar, tanto a nosotros como a Dios. Entonces venia mi parte de la canción para cantar:

 

Hola, buen día, ¿Cómo has estado?

Ayer dejé mi cabeza derribada

Nunca, nunca pensé que caería así

Nunca supe que dañaría esto tan mal

 

Así que, como para no estar tristes, déjame decirte que ahora mi hijo es un saludable niño de 10 años, feliz de jugar Minecraft con 2 de sus amigos en la habitación de al lado. Sin embargo, esa canción aún me remonta a aquel tiempo, y me deshace cada vez que la oigo. Voy a dejar que tengas una probada también:

Esa canción significa algo para mí que, seguramente, su autor nunca imaginó. Las canciones son como los niños, en cierta manera. Las creas, pero luego ellas crecen de maneras en las que nunca imaginaste, y tú como artista solo ves y observas en lo que se han convertido, como un padre orgulloso.

Leemos la Biblia de la misma manera. Leemos una epístola como Gálatas como si estuviera hablándonos a nosotros, como si Dios estuviera hablándonos a través del texto, hablando a nuestras vidas, incluso aunque somos perfectamente conscientes de que fue escrita a personas en una ciudad en la que probablemente nunca hemos estado, en un tiempo mucho anterior al nuestro.

Es perfectamente legítimo leer la Biblia así, dejándola hablar a nuestras vidas. Esa no es una malinterpretación. Es leer el texto en la misma manera en la que oímos una canción. Se la lee de manera que nos conecte con el significado. Algo así es el punto.

 

Fuente original:

http://www.therebelgod.com/2016/01/music-and-theology-part-1.html

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Derek Flood

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