La venida de Dios (Parte 5) Guerra y paz

Pero inmediatamente después de la tribulación de esos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará su luz, las estrellas caerán del cielo y las potencias de los cielos serán sacudidas. Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre; y entonces todas las tribus de la tierra harán duelo, y verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria.

(Mateo 24:29-30)

Nota que Jesús está citando a Isaías aquí. Jesús está hablando de una venida de Dios que trae consigo cambios de pactos y realidades. No dice que el planeta será sacudido; dice que los poderes del Antiguo Pacto, Israel, y la forma de ser el pueblo de Dios a través de la Ley de Moisés serán conmovidos. Ellos darán paso a una nueva forma de ser el pueblo de Dios a través de Cristo.

Y miré, y he aquí una nube blanca, y sentado en la nube estaba uno semejante a hijo de hombre, que tenía en la cabeza una corona de oro, y en la mano una hoz afilada… Y el lagar fue pisado fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre que subió hasta los frenos de los caballos por una distancia como de trescientos veinte kilómetros.

(Apocalipsis 14:14, 20)

La venida de Jesús para juzgar aconteció en Jerusalén, en el 70 d. C. Jesús enseñó su manera de crear paz y reconciliación; mucha “gente común” se regocijó, pero aquellos en el poder -judíos y romanos- se sintieron amenazados; Jesús lloró porque Jerusalén no aceptaría el “camino estrecho” de escapar de la inevitable violencia de sus propios impulsos cíclicos. Y así, la paradójica presencia de Jesús se dio a conocer mientras Jerusalén se entregaba a sus propias estrategias violentas a través de Roma en el año 70 d. C., habiendo hecho caso omiso al camino de paz de Jesús (Véase Lucas 13:34-35).

De entre los escombros de esta tragedia llegaron los primeros frutos de una autentica buena noticia para la humanidad: Como el Templo cayó, “el fin” de la era del Antiguo Pacto de un particular pueblo relacionado con Dios a través de la Ley y el sacrificio, sorprendente y visualmente falleció para aquellos que buscaban algo más.

¡El Reino de Dios está aquí! Y ahora entra en el mundo cada vez más a través de nosotros. La venida de Jesús, por lo tanto, no es algo que vaya a pasarnos “a nosotros” en el futuro. Más bien, la vida, la luz, el amor y la presencia de Dios vienen al mundo a través de nosotros, en este momento.

El gran misterio para nosotros los físicamente mentalizados terrícolas es llegar a comprender cómo Jesús está más verdaderamente presente aquí con nosotros ahora de lo que alguna vez mientras estuvo en la tierra. Espiritualmente, Dios vive en nosotros, en un número incalculable de nosotros a la vez. Y lo vemos sin cesar visitando a los despertados a esta realidad, bendiciendo y sanando el mundo.

Así que no hay justificación para que los cristianos prediquen un mensaje basado en el miedo de “¡Arrepentíos ahora porque Jesús puede venir muy pronto para acabar con el mundo y no quieres quedarte atrás!”. Sin embargo, por bien intencionado que esto pueda ser, es poco más que infundir temor. En cambio, cuando finalmente ves que Jesús hizo lo que dijo que iba a hacer, y vino cuando dijo que iba a venir, puedes compartir la historia de la gran fidelidad de Dios en Jesús, de su fiabilidad y honradez, de cómo habló con precisión y autenticidad de Dios.

Jesús no falló en cumplir su promesa de venir a sus discípulos en su generación y resucitarlos a una nueva vida en el cuerpo de Cristo, a pesar de que hayamos perdido masivamente el punto en la comprensión de cómo sería su venida para consumar el Reino de Dios en la tierra. Espero que esta reflexión sobre el simbólico y revelador poder del lenguaje profético te de una lente fresca a través de la cual considerar el contenido, el tiempo, y la trayectoria de las promesas proféticas de Dios.

El empoderamiento en este mensaje es que podemos ser parte de la historia de Dios sobre la renovación y el renacimiento del mundo. Dios ha elegido trabajar a través de nosotros en el mundo, como co-creadores de un Gran Reino.

Lo que me gustaría que consideres de esta exploración de las venidas de Dios en la historia:

  • No estamos aquí solos, a la espera de un rescate de un mundo “caído”.
  • El Dios que redimió al mundo está aquí -ahora- trabajando a través de nosotros.
  • La invitación de Jesús a una vida de activa pacificación y reconciliación sigue estando abierta. Lo que la religión y el imperio de la época de Jesús rechazaron, nosotros podemos abrazarlo, co-creando un futuro de abundancia con el Dios que mantiene las promesas divinas.
  • Como recipientes del despertar de Dios, podemos participar en la canalización del amor, bendiciendo y sanando al mundo.
  • La venida de Jesús, por lo tanto, no es algo que vaya sucedernos “a nosotros” en el futuro. Más bien, la vida, la luz, el amor y la presencia de Jesús -revelando a Dios como nuestro todo, nuestra Fuente- viene al mundo a través de nosotros, en nosotros y como nosotros.

 

Fuente original:

http://www.presence.tv/the-coming-of-god-war-and-peace-riley-obrien-powell/

La venida de Dios (Parte 4) Venidas de Dios en el exilio
Riley O’Brien Powell

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