La venida de Dios (Parte 4) Venidas de Dios en el exilio

En esta serie, hemos estado explorando el rico, obsesionante, y a veces confuso lenguaje de trompetas, nubes, oscurecimiento de constelaciones, incendio de los cielos y temblores de los cimientos de la tierra

Lo que sugiero es que, así como Jesús “viniendo en las nubes” era una manera simbólica de hablar sobre el significado espiritual de eventos temporales del siglo primero, hay otros registros de “venidas en las nubes» de Dios en la historia que siguen un patrón similar. Estos pueden arrojar valiosa luz sobre un aspecto de la palabra bíblica profética a menudo pasado por alto.

La semana pasada vimos varios de estos sucesos cósmicos -predichos y cumplidos- en la historia antigua de Israel. Esta semana examinaremos varios ejemplos más que tienen lugar durante la época del exilio de Israel.

 

Dios viene a juzgar a Egipto en la época de Nabucodonosor – 500 a. C.

Porque cerca está el día,
sí, está cerca el día del Señor;
día de nubarrones,
la hora de las naciones.
La espada vendrá sobre Egipto
y habrá angustia en Etiopía,
cuando caigan traspasados en Egipto…

Y sabrán que yo soy el Señor,
cuando ponga fuego a Egipto…

Acabaré con la multitud de Egipto
por mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia.
Él, y su pueblo con él,
la más cruel de las naciones,
será traída para destruir la tierra;
sacarán sus espadas contra Egipto
y llenarán de traspasados la tierra.

(Ezequiel 30: 3-4, 8, 10-11)

 

Observa que el “Día del Señor” que se menciona aquí es un juicio local -o la guerra- sobre Egipto. De acuerdo con el autor de Ezequiel, Dios dice que los actos de Nabucodonosor son realmente de él, y Dios tiene la intención de hacer conocida su presencia en esa guerra. El ejército se utiliza como instrumento de juicio en la mano de Dios para juzgar a Egipto, al igual que el ejército romano se utilizó para juzgar Jerusalén.

 

Dios viene a juzgar Edom en los tiempos de Nabucodonosor – 500 a. C.

Porque el enojo del Señor es contra todas las naciones,
y su furor contra todos sus ejércitos;
las ha destruido por completo…

Sus muertos serán arrojados,
y de sus cadáveres subirá el hedor,
y las montañas serán empapadas con su sangre.
Todo el ejército de los cielos se consumirá,
y los cielos se enrollarán como un pergamino;
también todos sus ejércitos se marchitarán
como se marchita la hoja de la vid,
o como se marchita la de la higuera.
Porque mi espada está embriagada en el cielo,
he aquí, descenderá para hacer juicio sobre Edom
y sobre el pueblo que yo he dedicado a la destrucción.
La espada del Señor está llena de sangre…

una gran matanza en la tierra de Edom…

Porque es día de venganza del Señor…

De generación en generación permanecerá desolada,
nunca jamás pasará nadie por ella.

(Isaías 34: 2-6, 8-10)

 

Nota que Jesús cita este pasaje de Isaías cuando profetiza la destrucción de Jerusalén a sus discípulos en el Sermón del Monte (Mateo 24, Marcos 13, Lucas 21). Isaías dice que todo el ejército de los cielos será destruido, el cielo se enrollará como un pergamino y la espada de Dios será bañada con sangre y en el cielo. Esto es lenguaje cósmico y universal describiendo eventos locales con implicaciones espirituales.

 

Dios viene a juzgar a Israel en el tiempo del exilio babilónico – 500 a. C.

“Y os llevaré al desierto de los pueblos y allí entraré en juicio con vosotros cara a cara… Y toda carne verá que yo, el Señor, lo he encendido…  Así dice el Señor: He aquí, estoy contra ti; sacaré mi espada de la vaina y cortaré de ti al justo y al impío… Así sabrá toda carne que yo, el Señor, he sacado mi espada de la vaina.”

(Ezequiel 20:33-35, 47-48, 21:3-5 énfasis mío)

 

He aquí que él sube como las nubes,
y como un torbellino sus carros;
sus caballos son más ligeros que las águilas.
¡Ay de nosotros, porque estamos perdidos!

Lava de maldad tu corazón, Jerusalén,
para que seas salva…

Miré a la tierra, y he aquí que estaba sin orden y vacía;
y a los cielos, y no tenían luz.
Miré a los montes, y he aquí que temblaban,
y todas las colinas se estremecían.
Miré, y he aquí que no había hombre alguno,
y todas las aves del cielo habían huido.
Miré, y he aquí que la tierra fértil era un desierto,
y todas sus ciudades estaban arrasadas
delante del Señor, delante del ardor de su ira.

Porque así dice el Señor:

Una desolación será toda la tierra,
pero no causaré una destrucción total.
Por eso se enlutará la tierra,
y se oscurecerán los cielos arriba,
porque he hablado, lo he decidido,
y no me arrepentiré, ni me retractaré de ello.
Al ruido de jinetes y arqueros huye toda la ciudad;
entran en las espesuras y trepan por los peñascos.
Toda ciudad está abandonada,
y no queda en ellas morador alguno.
Y tú, desolada, ¿qué harás?
(Jeremías 4: 13-14, 23-30)

 

Nota las referencias volviendo a la creación. ¿El profeta está diciendo que Dios va a terraformar el planeta? No. Este es el lenguaje poético y apocalíptico para describir una guerra, el fin del mundo tal como lo conocían.

 

Dios viene a juzgar a la Antigua Babilonia utilizando a los medos – 500 a. C.

Gemid, porque cerca está el día del Señor;
vendrá como destrucción del Todopoderoso.
Por tanto todas las manos se debilitarán,
el corazón de todo hombre desfallecerá,
y se aterrarán;
dolores y angustias se apoderarán de ellos,
como mujer de parto se retorcerán;
se mirarán el uno al otro con asombro,
rostros en llamas serán sus rostros.
He aquí, el día del Señor viene,
cruel, con furia y ardiente ira,
para convertir en desolación la tierra
y exterminar de ella a sus pecadores.

Pues las estrellas del cielo y sus constelaciones
no destellarán su luz;
se oscurecerá el sol al salir,
y la luna no irradiará su luz.
Castigaré al mundo por su maldad
y a los impíos por su iniquidad…

Por tanto, haré estremecer los cielos,
y la tierra será removida de su lugar
ante la furia del Señor de los ejércitos,
en el día de su ardiente ira.
Y será como gacela perseguida,
o como ovejas que nadie reúne;
cada uno volverá a su pueblo,
y cada uno huirá a su tierra.
Cualquiera que sea hallado será traspasado,
y cualquiera que sea capturado caerá a espada.
También sus pequeños serán estrellados
delante de sus ojos;
serán saqueadas sus casas
y violadas sus mujeres.

He aquí, incitaré contra ellos a los medos,
que no estiman la plata ni se deleitan en el oro;
con arcos barrerán a los jóvenes,
no tendrán compasión del fruto del vientre,
ni de los niños tendrán piedad sus ojos.
Y Babilonia, hermosura de los reinos, gloria del orgullo de los caldeos,
será como cuando Dios destruyó a Sodoma y a Gomorra.

(Isaías 13:6-11, 13, 15-19, énfasis mío)

 

¿Este versículo está diciendo que la tierra fue atacada con asteroides y estrellas fugaces? ¿El sol, la luna y las estrellas fueron destruidos y por lo tanto no brillarían más? ¿Acaso la tierra se salió de su órbita habitual y se sacudió?

No.

Esto es lenguaje apocalíptico y simbólico describiendo el temblor de los poderes políticos de una nación, específicamente, las ramificaciones de los medos en el orden social, político y religioso de Babilonia. El lenguaje “cielo y la tierra” o “sol, la luna y las estrellas” aquí se refiere al sacudimiento del orden político de la nación misma, al igual que los símbolos que hoy en día ves en la bandera de una nación, un sol rojo para Japón, un planeta para Brasil, la luna creciente y la estrella para el islam, las 50 estrellas de los Estados de América. Todos símbolos nacionales, políticos y religiosos reconocidos universalmente. Este mismo uso de símbolos en el lenguaje está presente en los tiempos bíblicos.

 

Dios viene durante el período de los macabeos

“Porque entesaré a Judá como mi arco,
y cargaré el arco con Efraín.
Incitaré a tus hijos, oh Sion,
contra tus hijos, oh Grecia,
y te haré como espada de guerrero.
Entonces el Señor aparecerá sobre ellos,
y saldrá como un rayo su flecha;
el Señor Dios tocará la trompeta,
y caminará en los torbellinos del sur.
El Señor de los ejércitos los defenderá;
ellos devorarán y pisotearán las piedras de la honda,
beberán y alborotarán como embriagados de vino,
se llenarán como tazón de sacrificio,
empapados como las esquinas del altar.
Los salvará el Señor su Dios aquel día”

(Zacarías 9: 13-16)

 

Arcos y flechas, espadas y eslingas, vino, tazones y altares. La batalla se encuentra con el ritual en esta pintura profética de la guerra.

Espero que el paradigma del lenguaje bíblico sobre la utilización de un lenguaje simbólico para descubrir el significado espiritual de estas simbólicas mundanas apariciones divinas sea claro ahora. Los eventos temporales eran interpretados de acuerdo a su significado interno para el alma de una nación, de una manera que sus oyentes originales comprendían. Esto está en marcado contraste con las inexpresivamente literales, infinitamente postergadas, fantásticas interpretaciones que -mediante piadosas repeticiones- han inundado nuestras vías respiratorias, librerías y pantallas de cine con cuentos de un altamente abstracto futuro de desgracia.

 

Fuente original:

http://www.presence.tv/comings-of-god-in-exile-riley-obrien-powell/

La venida de Dios (Parte 3) Venidas de Dios en la historia
La venida de Dios (Parte 5) Guerra y paz
Riley O’Brien Powell

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