Lidiando con la violencia de Dios en el Evangelio de Mateo (Parte 2)

La última vez hablamos del problema de la violencia de Dios en el Evangelio de Mateo. En resumen, nos encontramos en el Evangelio de Mateo una clara y hermosa articulación de cómo hemos de caminar el camino del perdón radical y el amor al enemigo de Jesús. Sin embargo, cuanto más aprendemos a caminar de esta manera, más vemos cómo es incongruente con la imagen violenta de Dios que también encontramos en el Evangelio de Mateo. En lugar de parecerse a Jesús, Dios se parece a un rey humano enojado.

En particular, nos fijamos en la parábola del banquete de bodas en Mateo 22, donde leemos que el rey (presumiblemente una representación de Dios en la parábola) está “furioso” y ordena a sus siervos que “destruyan a esos asesinos y hagan arder la ciudad” (v7). También escuchamos acerca de un hombre sin traje de boda que indignó al rey. ¡El rey ordena de nuevo a sus siervos: “Atadle las manos y los pies, y echadlo a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes”! (v14).

La típica forma de leer esta parábola es viendo que la figura de autoridad hace un “ejemplo” de este hombre sin traje de bodas. En otras palabras, cosas como palizas y ejecuciones públicas, tienen la intención de demostrar la justicia de las autoridades y el envío de un mensaje de “eso es lo que obtienes” a la población.

Esto lo vemos en el capítulo anterior, en la parábola de los labradores, donde encontramos un tema relacionado con inquilinos que han maltratado a los siervos del amo y al hijo. Jesús pregunta: “Cuando el dueño de la viña venga, ¿qué hará con aquellos labradores?” y el pueblo responde: “Él llevará a esos miserables a un fin lamentable” (Mt 21: 40-41). Así que cuando la autoridad viene y ve que el pueblo ha sido malo, ¿qué es lo “correcto” de hacer para la autoridad? Las personas dicen que la respuesta correcta es violencia. Esa es su expectativa. Es por eso que las ejecuciones en el pasado no se hacían en secreto, sino en la plaza pública, donde todo el mundo se reunía para ver el ahorcamiento o la quema en la hoguera. Jesús fue crucificado en la cima de una colina por las autoridades romanas, colgado desnudo para que todos lo vean.

Esto se invierte un poco en las historias donde los “rebeldes” son aquellos con los que nos relacionamos. Los judíos siempre habían sido oprimidos por las potencias extranjeras -primero por Asiria, luego Babilonia, luego Persia, luego Grecia y finalmente, siglos más tarde en el tiempo de Jesús, por los romanos-. Israel era pasado sucesivamente como botín de guerra a la siguiente potencia ocupante. Así que sus esperanzas mesiánicas giraban en torno a la llegada de un mesías rey/guerrero inspirado en David, el rey guerrero. Aquí la expectativa era que en lugar del rey romano gentil castigando violentamente a las personas, las cosas serían puestas en su lugar por el mesías castigando violentamente a los gentiles, y estableciendo su lugar sobre ellos como el legítimo rey.

Así que el rey cambia, pero la forma en que el rey actúa con violencia es la misma. Es un cambio de poder, pero los métodos del poder no cambian. El “buen” rey es tan violento como el malo. Simplemente es cuestión de en cuál equipo te encuentras.

Esta no sólo es la forma en que era visto en la época de Jesús, es igual a la forma en que vemos las cosas hoy en día. Considera la trama de historias como Star Wars o El Señor de los Anillos. Se trata de un pequeño individuo (un joven granjero llamado Luke o un pequeño Hobbit) que debe cargar con el mal puro, y los medios para hacer esto terminan siendo la violencia. Por ejemplo, en Star Wars, la película termina con el granjero Luke volando la Estrella de la Muerte. ¡Boom! Esto es seguido por escenas de personas vitoreando. Pero esa “Estrella de la Muerte” estaba llena de seres humanos. Así que, ¿por qué todos vitoreamos eso? Una de las razones es porque todas las “tropas de asalto” (que representan a los nazis) llevan máscaras que cubren sus rostros. Así que esta es una historia que está enmascarada. Las máscaras los deshumanizan, por lo que está bien verlos ser asesinados en masa. Con frecuencia en la película los héroes sonríen o se alegran cuando matan a uno, como si fuera un juego divertido. La violencia es vista como justa y buena por nosotros.

Así que esto no es sólo una historia de un pasado de gente primitiva, es una historia que aun contamos. Es una historia que ha caracterizado la forma en que vemos las cosas desde hace siglos y siglos, y todavía lo hace. Matar “chicos malos” es a lo que se asemeja la justicia. Esa es la historia que creemos. Esa es la historia de nuestro mundo, de nuestra cultura, aprobada y legitimada por nuestra religión.

Hasta que es desenmascarada por la cruz.

Aquí tenemos la historia de un rey (César) que tiene a un hombre (Jesús) ejecutado públicamente. Esto se supone que les mostrará a todos la autoridad de Roma, avergonzando al crucificado, mostrando su pecado, debilidad e ilegitimidad. Como dice Pablo, Cristo se convirtió en “una maldición” cuando estaba en la cruz (Gálatas 3:13).

Pero los Evangelios no nos cuentan esta historia. Ellos no relatan la crucifixión como la historia del justo castigo del culpable, sino del injusto castigo del inocente. Dios no es visualizado en la autoridad castigadora del rey, sino en la débil y humillada víctima, Jesús. “Dios estaba en Cristo” nos dice Pablo (2 Corintios 5:19).

La cruz desenmascara la ilusión de que la demostración violenta en manos de la autoridad del poder representa justicia. El chivo expiatorio es inocente. Las autoridades están mal. Esto se revela, no al Jesús conquistar a las autoridades mediante el uso de violencia, sino al sufrir violencia. Una vez más, Pablo escribe: “despojando a los principados y potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:15). En lugar de las autoridades hacer un espectáculo público del chivo expiatorio, el chivo expiatorio hace un espectáculo público de las autoridades.

Vemos esto con Gandhi, Martin Luther King, y en la actualidad en lugares como Ferguson, donde la violencia de la autoridad revela su injusticia al mundo. Vemos que el que habíamos visto anteriormente como malo (el negro) es, de hecho, la víctima inocente del violento poder abusivo.

Una vez que nuestros ojos se abren a esto, vemos todo de manera diferente. Historias que antes celebraban la violencia ahora son molestas para nosotros porque ya no nos parecen justas y buenas. Una vez que nos hemos parado al pie de la cruz, la historia en Mateo sobre un rey castigando a un hombre sin traje de bodas no puede ser nunca la misma. Comenzamos a preguntarnos si Dios en Cristo no se identificaría con el hombre, en vez de con el rey. El hombre fue sin traje de boda, pero Jesús “no tenía aspecto hermoso ni majestad para que le miremos, ni apariencia para que le deseemos” (Isaías 53: 2). En los Evangelios escuchamos la historia de un rey que ha arrestado a sus siervos, golpeado y crucificado a un hombre. Entonces cuando leemos la historia de un rey que ha atado y arrojado a un hombre a las tinieblas, es difícil no ver a Jesús en ese hombre.

Ahora, ¿Mateo ve a Jesús en el hombre de la parábola de Jesús de su relato? ¿Era la intención de la parábola de Jesús retratar al rey como injusto, en vez de como una representación de Dios? Quizás. Pero no es necesario que así sea. A menudo el caso es que las parábolas de Jesús comienzan con las suposiciones comunes de la cultura. Jesús comienza ahí, y luego nos jala hacia una nueva forma de ver. Hemos visto que la gente asumía que era bueno que un rey actuara con retribución violenta, exclamando: “¡Lleven a esos miserables a un fin lamentable!”. También hemos visto que nuestra historia actual todavía a menudo está caracterizada por esa misma suposición, donde nos alegramos cuando los malos son asesinados. Es muy probable que esta parábola comience con esa suposición pre-cruz acerca de que es bueno que los reyes castiguen a los desobedientes. Pero para una lectura post-cruz tenemos que cuestionar la bondad de la violencia de los poderes y autoridades, y, de hecho, tenemos que cuestionar si Dios es como un rey en lo absoluto. En el Evangelio de Mateo, Jesús dice,

Sabéis que los gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que los grandes ejercen autoridad sobre ellos. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor, y el que quiera entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo; así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos. (Mt 20: 25-28)

Así que, si Dios es como Jesús, entonces Dios es como un siervo, y no como un rey. Cuando leemos a través del lente de la cruz, esto deshace todas nuestras historias. Deshace y desenmascara las historias que nos definen, incluyendo las que encontramos en nuestros textos sagrados. Tropezamos con esta parábola en Mateo porque esa historia ha sido desenmascarada por este mismo Evangelio. La cruz nos ha enseñado a tropezar. Nosotros predicamos al Cristo crucificado: una piedra de tropiezo (1 Corintios 1:23). Como está escrito:

He aquí, pongo en Sion una piedra de tropiezo y roca de escándalo;

y el que crea en Él no será avergonzado.

(Romanos 9:33)

Que nuestro tropiezo a los pies de la cruz nos deje caer en los brazos de Jesús.

 

Fuente original:

http://www.therebelgod.com/2015/10/wrestling-with-gods-violence-in_31.html

Lidiando con la violencia de Dios en el Evangelio de Mateo (Parte 1)
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Derek Flood

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