Le temo a las abejas (alerta de spoiler: son abejas metafóricas)

Por lo general, no soy muy bueno para desacelerar.

Interesantemente, sin embargo, al momento de escribir esa frase la sentí… rara, de alguna manera.

Porque no necesariamente me veo como un “chico hiperactivo”. No soy muy activo, tampoco opero en lo que podría describirse como un ritmo frenético. Así que cuando pienso en los tipos de personas que dicen cosas como: “necesito desacelerar”, mi mente imagina un tipo de persona que realmente no se parece a mí. Y, sin embargo, en cierto modo sigue siendo verdad que no soy bueno para desacelerar. Creo, sin embargo, que esto es más cierto para mí en relación a mi mente, contrariamente a mi cuerpo o energía. En otras palabras, mi mente siempre está corriendo, incluso si mi cuerpo no ha corrido en meses. Lo cual ha no hecho.

Prácticas como la meditación y la oración (por más tiempo que, digamos, un minuto) me eluden. Sé que están ahí afuera, y sé que serían buenas para mí, pero no puedo entenderlas. No puedo acallar mi mente. Siempre hay movimiento allí.

 

Mis amigos Larry y Cory poseen una preciosa villa en una colina con un viñedo en las afueras de San Diego. Fui allí todos los lunes durante seis meses para trabajar en mi libro, UnClobber. Es una casa tranquila y relajante, sin la banda sonora de Starbucks o frenos de autobús para confundir mi concentración.

Una tarde di un paseo (porque en un lugar como el suyo no se camina, se “pasea”) por un sendero y noté que una gran parte de la colina estaba majestuosamente cubierta por una planta verde brillante y suculenta, ostentando pequeñas flores rosadas perfectamente redondeadas. Al principio, eso fue todo lo que noté. Un mar verde con manchas de color rosa.

Pero entonces, me detuve por un momento en medio del camino, y mis ojos se centraron en una localización singular del manto de la suculenta colina. Después de un par de segundos de contemplación de repente me di cuenta de una realidad a mi alrededor que momentos antes no había notado.

Había pequeñas abejas de miel negras y amarillas precipitándose desde un círculo rosado a otro. En todos lados.

Cientos de abejas. Haciendo un enjambre en las suculentas expansiones.

Mi movimiento no me había permitido notar su presencia, pero en cuanto me detuve me fueron reveladas de manera abrumadora.

 

Estoy bastante seguro de que hay cientos de abejas haciendo enjambre alrededor de mí en cualquier momento. Pero mi incapacidad (¿rechazo?) para desacelerar mi mente me mantiene ciego a ellas. De alguna manera, esto me ha servido: siempre estoy pensando en nuestra iglesia y en cómo pastorear a nuestro pueblo lo mejor que puedo, en sermones que estoy escribiendo o quiero escribir, en canciones o ritmos de batería, en lo que no tengo o deseo tener, en un blog o libro para escribir, simplemente siempre estoy pensando

De otra manera, sin embargo, siento que es una gran desventaja. Envidio a aquellos que practican tranquilizando su mente. Desacelerando. Tomando consciencia de lo que gira a su alrededor en lugar de bloquear esas cosas.

Me pregunto si parte de mi incapacidad para desacelerar lo suficiente como para como para notar el enjambre tiene que ver con mi lucha por sentir sentimientos. ¿O tal vez mi lucha por sentir sentimientos haya contribuido a mi mente hiperactiva? Probablemente estemos ante algo del tipo del huevo y la gallina.

(Nota al margen: También imagino que mi tradición religiosa -que sobrevaloró la mente al priorizar la “creencia” y promovió una desconfianza general de las emociones- ha jugado un papel en todo esto, pero eso es una discusión para otro día).

Al crecer, para mí, los “sentimientos” no me han servido mucho. Si algo. Mientras que los “pensamientos” me han guiado más o menos hacia todos mis éxitos en la vida. Así que considerar desacelerar mi mente (es decir, tratar de “pensar” menos) y abrirme a las abejas alrededor (es decir, intentar “sentir” más) no sólo es contraintuitivo, sino que también me parece contraproducente.

Considerándolo todo, creo que se resume a esto: le temo a las abejas. Temo desacelerar lo suficiente como para notar lo que me rodea, prestar atención a mis sentimientos, porque eso me parece más difícil de controlar. De navegar. De comprender. Tal vez, en lugar de decir “no soy bueno desacelerando”, sea más preciso decir…

desacelerar me asusta.

 

Fuente original:

https://www.colbymartinonline.com/blog/2016/03/08/i-fear-the-bees-spoiler-alert-they-are-metaphorical-bees?rq=bees

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Colby Martin

Acerca de Colby Martin

Autor, Pastor de Sojourn Grace Collective.

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