¿Por qué necesitamos creer en el infierno? (Parte 1)

Las discusiones sobre el infierno en la Biblia pueden volverse emocionalmente odiosas rápidamente. Si tu sientes la fuerte necesidad de defender la doctrina o de argumentar contra ella, el concepto del infierno no es sólo una discusión teórica.

Irónicamente, los debates sobre el tema típicamente se centran en las afirmaciones informativas de lo que la Biblia dice, como si las emociones no jugaran ningún papel. Las motivaciones de por qué buscamos ya sea defender o cuestionar el infierno se consideran una desventaja, una debilidad en nuestro argumento.

En consecuencia, las personas a favor se centran en las evidencias de las Escrituras para el infierno, y aquellos que argumentan en su contra se enfocan en los hechos informativos de las Escrituras también, por ejemplo, argumentando que la palabra griega traducida como “infierno” no significa lo que piensas que significa.

Resumiendo, un lado dice: “la Biblia dice que hay un infierno, y eso lo resuelve”, mientras que el otro lado dice: “no dice eso, es una mala traducción”. Ambos se centran en la “información” de lo que la Biblia dice, ignorando lo que hace a cada uno centrarse en lo que lo hacen.

Pero cavemos un poco más profundo. ¿Que motiva a las personas, ya sea a abrazar o rechazar la doctrina del infierno? ¿Que lleva a una persona a armar un arsenal de versos defendiendo la doctrina del infierno?  Y a la inversa, ¿que motiva a una persona a cavar en el griego para intentar encontrar una base para cuestionar la doctrina del infierno? Si somos irreflexivos e inconscientes acerca de estas motivaciones que impulsan nuestra interpretación de la Escritura, ellas aun seguirán impulsando lo que vemos y lo que no. Por lo tanto, si queremos tener algo que se parezca a una honesta y objetiva lectura, necesitamos enfrentarlas.

Para aquellos de nosotros que se oponen, es bastante claro.  Nos oponemos porque nos parece horrible e inmoral. Hablando por mí mismo, a medida que mi amor por Dios y por mi vecino se incrementaban, el horror ante el pensamiento de aquellos que amo sufriendo castigo eterno se incrementaba con ello, llevándome a preguntar ¿cómo puede un amoroso Dios enviar a la gente al infierno? En otras palabras, la razón por la que me turbaba por el infierno era porque estaba creciendo más cerca de Jesús. Era a medida que crecía más cerca de Jesús que veía más y más los problemas morales con la doctrina del infierno. Mucha gente se siente así, y eso nos lleva a luchar realmente con la doctrina del infierno.

Sin embargo, la forma en que vemos esto es que mientras luchamos debido a razones morales o emocionales, aquellos que lo defienden sólo enfocan en la información de lo que la Biblia dice. Quiero proponer que eso simplemente no es verdad. Aquellos que lo defienden son motivados a hacerlo por preocupaciones morales o emocionales. No hay un lado que solo mire racionalmente y no emocionalmente lo que la Escritura “dice”. Todos son motivados a defender lo que defienden debido a cosas profundamente arraigadas bajo la superficie.

Por lo tanto, ¿qué es lo que hace que algunas personas sientan la necesidad de defender el infierno? Estaba impresionado acerca de con que naturalidad mis compañeros cristianos aceptaban que la mayoría del mundo se iba a ir al infierno. ¿Cómo podían creer esto y no estar profundamente quebrantados y apenados acerca de ello? La razón es porque hay algo sucediendo que causa que la gente necesite creer en el infierno, querer que haya un infierno. Esto puede enmascararse en un flemático tono emocional debido a que funciona bien como estrategia de debate para pretender ser objetivo y centrado sólo en los “hechos”, pero hasta que podamos reconocer las cosas que están realmente detrás de esto, motivándonos a “ver” lo que vemos, solo tendremos una comprensión superficial.

Yo propondría que hay 2 razones básicas subyacentes por las que la gente cree en el infierno. Abordaré una de esas aquí, y discutiré la segunda la próxima vez.

Una razón por la que la gente cree en el infierno se basa en una urgencia de ver a las personas arrepentirse, y la correspondiente creencia de que pueden ser motivados mediante el miedo. Es decir, temen por las personas, y por lo tanto intentan comunicar esa urgencia a través de la amenaza y el miedo. Podemos ver esto en las “advertencias” proféticas de la Escritura, incluyendo el NT, donde se les dice a las personas que a menos que ellos se arrepientan de sus caminos, les espera dolor y sufrimiento. Mientras que el AT hace esto enfocándose primariamente en el sufrimiento terrenal (amenazando a las personas con escasez, hambruna, guerra, destrucción, etc.), el NT cambia el enfoque al sufrimiento en el más allá. En cualquier caso, la intención es causar que el oyente se arrepienta de su camino para evitar el sufrimiento. Sea cariñoso o de otro modo. Esto es motivado por el miedo.

Podemos ver esto continuamente en los clásicos predicadores fundamentalistas del infierno, quizás mejor ejemplificado por Johnoatan Edwards: “Pecadores en las manos de un Dios enojado”. Aquí una muestra:

El Dios que te sostiene sobre el fondo del infierno, muy parecido a como uno sostiene una araña o algún insecto repugnante sobre el fuego, te aborrece y está terriblemente enfadado: su ira hacia ti arde como fuego, él te mira como digno de nada más sino ser echado al fuego, él es muy puro de ojos para tenerte delante de su vista, eres diez mil veces más abominable en sus ojos que lo que es la más odiosa serpiente venenosa ante los nuestros.

Así es como se predican las “buenas nuevas”, con una introducción obligatoria centrada en el infierno. Sermones tales como “fuego y azufre” aún pueden escucharse hoy en día, domingo tras domingo a través de todo el cinturón bíblico (bible belt). Esto no se trata de hacer sobrias afirmaciones factuales, de la forma en que un médico podría decirte que si no cambias tus hábitos alimenticios podría haber riesgos adversos en tu salud. Más bien, está destinado a evocar miedo y alarma. La idea es (literalmente) dar un susto infernal a alguien. Eso es lo que Hell House (La Casa Infernal) se supone que haga. Sin embargo, muchos pueden dar fe de que este enfoque en el infierno en realidad ha resultado ser dañino para ellos, jalándolos lejos de Dios y del amor. Así que incluso si hubiera sido pensado para hacer bien, necesitamos mirar si motivar a la gente mediante el miedo puede empeorar las cosas de hecho, y también necesitamos mirar si hay medios más efectivos para alcanzar nuestra meta (ver a las personas arrepentirse de su comportamiento dañino y destructivo).

Los psicólogos han observado que la amenaza y el dolor solo funcionan como motivadores temporalmente. Para mantener la efectividad, la amenaza o el castigo debe escalar en el tiempo. El contexto del NT, nos dicen los eruditos, es que ellos se veían a sí mismos en un punto donde creían que el fin del mundo estaba cerca. Cuando el mundo no terminó, para que la amenaza permaneciera efectiva, necesitó convertirse en más y más extrema hasta llegar a la gráfica versión del infierno de Dante, y la idea del consciente tormento eterno. Es un poco difícil superar eso, así que no hay lugar adonde ir desde allí. Todo lo que puedes hacer es gritar más fuerte acerca de ello.

El miedo y la amenaza solo funcionan en el corto plazo porque son motivadores externos, en lugar de internos. O sea, cuando una persona hace algo motivada por el miedo, no lo hace porque esté bien o porque le importe, sino simplemente porque quiere evitar el castigo. En realidad, no son buenos, simplemente cumplen con ello para evitar dolor. No son motivados por amor, el cual se interesa por el otro, sino por miedo, el cual solo se ve a sí mismo.

Esta es la razón por la que muchos cristianos, cuando pierden el temor al infierno, se alejan de Dios. Hacen esto debido a que en realidad nunca amaron a Dios, solo le tenían miedo. Como mínimo, es difícil mantener un constante estado de miedo en cualquier relación sin dañarte. Así que el que las personas salgan de una relación basada en el miedo -incluyendo una relación con Dios- probablemente sea algo bueno. Juan nos dice que el miedo y el amor no pueden coexistir. “No hay temor en el amor” dice. Muchos cristianos luchan con esa declaración con uñas y dientes porque creen que el miedo va de la mano con el amor. El miedo se encuentra tan internalizado en ellos que no pueden imaginar una relación sin él. Así que mientras algunos cristianos cuestionan el infierno y el miedo, otros cuestionan el amor y el perdón. El hecho es, que todos cuestionamos cosas basados en lo que realmente creemos.

La estrategia de motivación mediante miedo al castigo puede funcionar con las multas de estacionamiento, pero simplemente no funciona cuando la meta es producir personas que amen, que velen por los demás como lo hacen por sí mismos. Si realmente queremos ver a las personas arrepentirse de ser hostiles y egoístas, necesitamos mostrarles cómo desarrollar empatía y madurez social. El miedo no puede hacer eso. El amor puede. El miedo puede funcionar en el corto plazo, pero necesitamos profundizar más que eso y mover a las personas al largo plazo, hacia la madurez moral realmente interiorizada y al desarrollo social.

Podríamos preguntar aquí: “si eso es cierto, ¿por qué el NT usa el miedo como un motivador?”. Este es un lugar donde el NT se ha quedado atascado en las suposiciones moralmente equivocadas de la cultura de la época. En el momento en que era asumido por todos que el castigo físico (y para ser claros, no hablamos de palmaditas, sino castigo físico que hoy consideraríamos como abuso criminal) era “por nuestro propio bien”. Comparado con eso, simplemente amenazar gente con sufrimiento, en lugar de infringirte a ti mismo con un látigo, parece relativamente suave. Pero aun es dañino, y quizás más importante sea que no es el medio más efectivo para alcanzar la meta en mente, la cual es motivar a la gente a ser amorosa y buena. Necesitamos ser capaces de ver el objetivo final del NT -motivar a las personas a abrazar el camino radical de la gracia y el perdón de Jesús- mientras reconocemos que hay mejores, más amorosas y efectivas maneras de llegar allí. El miedo o el infierno no es un prerrequisito para aceptar las buenas nuevas del evangelio.

La próxima vez discutiremos la otra gran motivación detrás de la necesidad del infierno de las personas, un deseo de retribución profundamente arraigado que moldea la compresión de la justicia de la mayoría de la gente.

 

Fuente original:

http://www.therebelgod.com/2015/11/why-do-we-need-to-believe-in-hell-part.html

Por qué rechazo la infalibilidad bíblica
¿Por qué necesitamos creer en el infierno? (Parte 2)
Derek Flood

Acerca de Derek Flood

Autor.

Ver todas las entradas de Derek Flood →

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *