Armagedón

Tel Meguido

El segundo domingo luego del ataque terrorista del 11 de septiembre del 2001, di un sermón titulado “Camino al Armagedón”. Durante esos días de ira y dolor en los cuales debería haber predicado el evangelio de paz y perdón, en lugar de ello recurrí a la trillada imagen del dispensacionalismo que proclama que una megaguerra en Medio Oriente debe ocurrir antes de que Jesús regrese.

Me he arrepentido y he compensado ese error pastoral, pero el hecho me recuerda que mi equivocación fue posible por la terrible escatología que había heredado. Las series The Late Great Planet Earth [La agonía del gran planeta Tierra] y Left Behind [Dejados atrás] son solo los más conocidos dentro de la incontable cantidad de libros que han popularizado la peor lectura posible del Apocalipsis.

El fenómeno del dispensacionalismo moderno con la promoción de su supuesta e inevitable hiperviolencia divina es una escatología tan fea y perversa que no es apta de llamarse cristiana. Una escatología cristiana de paz y esperanza ha sido suplantada por una espantosa escatología de violencia y destrucción. Una escatología que insiste en que debe haber más guerras, más hambrunas, más terremotos y más epidemias antes de que Jesús regrese no es cristiana. El apóstol Pablo llama a la gloriosa aparición de Cristo la “esperanza bienaventurada” pero no hay nada de bienaventurado en otra guerra o catástrofe global.

Sin embargo, la esperanza de “guerras y rumores de guerras” es la prédica en la cual los adherentes al dispensacionalismo escatológico se encuentran.  De acuerdo con ese sistema (basado en una lectura completamente equivocada del Sermón del Monte y el libro de Apocalipsis), Jesús no puede regresar hasta que se den una serie de catástrofes globales culminando en una Tercera Guerra Mundial. Esto lleva al deplorable fenómeno de que los cristianos secretamente (o no secretamente) esperen otra guerra y encuentren en la catástrofe más reciente un motivo para regocijarse. Un terremoto mata a 100000 personas en China y en algún lugar de EE. UU. un cristiano sonríe y dice “¡Alaben al Señor! Es una señal del fin de los tiempos. ¡Jesús viene pronto!”. Una escatología que se regocija en terremotos y que provoca que las personas quieran otra guerra en Medio Oriente, ¡no es una escatología cristiana! La esperanza cristiana es la paz de la Nueva Jerusalén. No los horrores del Armagedón.

Contrariamente a las ficciones de The Late Great Planet Earth, Left Behind, Four Bloods Moons, y sus hermanas menos conocidas, el camino al Armagedón no lleva a la Nueva Jerusalén. Cuando damos la dirección de la Nueva Jerusalén no decimos: “Baja por la calle del Armagedón donde 200 millones de personas serán asesinadas en una megaguerra en Medio Oriente, luego continúa hasta que finalmente llegues a la Nueva Jerusalén”. ¡No! No llegamos a la paz de la Nueva Jerusalén atravesando primero el Armagedón; encontramos la Nueva Jerusalén al seguir al Cordero.

El Armagedón es la antítesis de la Nueva Jerusalén. Las dos siempre fueron dos posibilidades distintas, con destinos diferentes. La Nueva Jerusalén es la esperanza siempre presente y la posibilidad de que las naciones puedan renunciar a la Bestia con sus interminables armagedones y seguir al Cordero a una ciudad celestial cuyas puertas nunca se cierran. El Armagedón y el lago de fuego son símbolos que Juan de Patmos emplea para advertirnos en contra del imperio de la Bestia. Así que echemos una mirada más profunda al Armagedón.

“Entonces los espíritus de los demonios reunieron a los reyes en el lugar que en hebreo se llama Armagedón”

–Apocalipsis 16:16

Pocas palabras han cautivado más nuestra imaginación religiosa colectiva como el Armagedón. Por el grado de circulación de esta palabra tal vez llegues a pensar que esto ocurre frecuentemente en la Biblia, pero de hecho sucede solo una vez. En Apocalipsis 16:16 Juan visualiza espíritus demoníacos reuniendo sus ejércitos del mundo en un lugar llamado Armagedón –una palabra que en hebreo significa “valle de Meguido”–.

Hoy, Tel-Meguido, Patrimonio Cultural de la Humanidad, es uno de los sitios arqueológicos más visitados en Israel. A doscientos pies de altura del valle de Jezreel, esta colina artificial es el resultado de la ciudad que fue destruida y reconstruida 26 veces. El fértil valle de Jezreel hizo de Meguido un lugar conveniente para una antigua ciudad, pero desafortunadamente este valle también estaba ubicado en un punto geográfico de guerra. Situado entre el gran imperio asirio y babilónico al norte y el gran imperio egipcio al sur, Meguido a menudo se encontraba en el medio de un campo de batalla. La lamentable historia de las 26 destrucciones de Meguido la convirtió en un verdadero símbolo de la guerra infinita.

Para los lectores originales de Juan, la referencia al Armagedón evocaría la imagen de un campo de batalla. Si hago referencia a la playa Omaha, probablemente no imagines un pícnic al lado del mar, sino un sangriento campo de batalla. Eso es el Armagedón, es un ícono de la guerra.

Antes de evocar el Armagedón, Juan el Revelador pinta una imagen de tres espíritus demoníacos como ranas saliendo de las bocas del dragón, la bestia y el falso profeta. En Apocalipsis el dragón, la bestia y el falso profeta son como la profana Trinidad que simboliza a Satanás, Roma y la propaganda imperial. Las ranas que se escurren de las bocas de la profana Trinidad son los demonios de la acusación, el imperio y la propaganda. Estas ranas demoníacas ejercen una influencia poderosa sobre los líderes políticos del mundo. Bajo el encanto de las ranas croando acusaciones, imperio y propaganda, los políticos son seducidos y llevados al mundo del Armagedón… o Waterloo, o Gettysburg o Flanders Field, Pearl Harbor, Hiroshima… y así sucesivamente.

Mientras practiquemos la acusación, el imperialismo y la propaganda, el Armagedón se avecina. Nuestros inminentes armagedones siempre son una posibilidad, pero nunca son inevitables. La seducción demoníaca de la acusación, el imperio y la propaganda siempre lleva a la humanidad a otro sangriento campo de batalla.

Armagedón no es el final de la guerra, Armagedón es una guerra infinita. No podemos guerrear nuestro camino a la paz. No hay camino a la paz, la paz es el camino… y Jesús es el Príncipe de Paz. Si tratamos de terminar con la guerra, a través de la guerra, siempre volveremos a tener un nuevo conflicto. La Primera Guerra Mundial fue denominada “la guerra para acabar con todas las guerras”. Así que 17 millones de personas fueron sacrificadas en el altar de la guerra con el fin de terminar con ella. ¿Y qué obtuvimos?  ¡60 millones de personas asesinadas en la Segunda Guerra Mundial! ¿Qué causó la Segunda Guerra Mundial? La Primera Guerra. ¿Y cuáles fueron las causas de la Primera Guerra Mundial? Los líderes mundiales seducidos por la acusación, el imperio y la propaganda.

Esta es la importancia del libro de Apocalipsis. La visión apocalíptica de Juan no predice una guerra inevitable donde 200 millones de personas serán asesinadas en Medio Oriente, más bien, Juan nos presenta cuáles son nuestras opciones. O seguimos al Cordero hacia la paz de la Nueva Jerusalén o seguimos el camino de La Bestia hacia los horrores del Armagedón. Escuchamos al Cordero o escuchamos a las ranas. Las ranas saben el camino hacia un nuevo Armagedón.  El Cordero guía el camino hacia la ciudad celestial de la paz.

Así es como entendemos la ira y la voluntad de Dios en Apocalipsis. Si seguimos a la Bestia, terminaremos en el Armagedón –esta es la ira de Dios, o como es llamada en Apocalipsis 6:16, “la ira del Cordero”–. La ira de Dios es un consentimiento divino a nuestra propia trayectoria de muerte. Pero si seguimos al Cordero terminaremos en la Nueva Jerusalén –esta es la voluntad de Dios–. La voluntad de Dios nunca es el Armagedón; la voluntad de Dios siempre es la Nueva Jerusalén.

Pero de acuerdo con la tontería de Dejados atrás y ese tipo de malinterpretaciones indignantes, el Armagedón es una guerra final e inevitable en el Medio Oriente que debe ocurrir antes de que Jesús pueda regresar. Este tipo de escatología temeraria presiona a sus adherentes a ser incitadores de la guerra más que hacedores de la paz. Si tú crees que debe haber una megaguerra en Medio Oriente antes de que Jesús pueda volver, ¡serás un terrible hacedor de paz! Una escatología fatalista que requiere un final hiperviolento que implica la matanza de cientos de millones, ¡es más conveniente para el ISIS que para los hacedores de la paz!

Así que permíteme decir lo que creo de la manera más enfática posible: ¡No tiene que haber otra guerra para que Jesús regrese! Dios no ha escrito un guion inalterable que requiera la guerra. Si rechazamos el camino del Cordero, obtenemos un Armagedón. Si abrazamos el camino del Cordero, obtenemos una Nueva Jerusalén. Pero no hay un determinismo divino que todavía requiera un nuevo Armagedón.

Si has pensado que la esperanza venidera no puede ser realidad sin que la guerra más sangrienta de la historia ocurra primero, ahora puedes abandonar esa espantosa distorsión del evangelio. ¡Por favor, hazlo!

 

Fuente original:

Armageddon

 

 

Cuando la Biblia es mala para ti
¿Deconstrucción o reconstrucción?
Brian Zahnd

Acerca de Brian Zahnd

Fundador y Pastor de Word of Life Church

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